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El que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él
Meditación al Evangelio de Marcos 10, 13-16 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hemos vivido unos días de intensa reflexión y cuestionamientos por la pasada cumbre en Roma del Papa con los obispos para buscar la protección y cuidado de víctimas de pederastia. Las palabras de Jesús suenan fuertes y actuales en sus dos proposiciones: dejar que los niños se acerquen a Jesús sin impedimentos, y hacerse como niños para recibir el Reino de los Cielos. Los padres de familia se esfuerzan por dar una educación digna e integral a sus niños, pero con frecuencia se encuentran rebasados por las circunstancias.

El trabajo, las ocupaciones, las distancias, los diferentes horarios, son obstáculos que les impiden estar cerca de sus hijos. Pronto constatan que la mayor parte del día sus niños deben estar en la escuela una parte de su tiempo y la otra parte con frecuencia en la televisión, celulares, tabletas, en los juegos, en la calle, pero lejos del cuidado de ellos.

¿Cómo acercarlos a Dios? Cuando hay momentos estar juntos, ya se encuentran demasiado cansados para atenderlos debidamente y para dialogar con ellos sobre Dios y con Dios, sobre la vida y sobre los criterios importantes para enfrentarla. Muchos padres han claudicado en su obligación de educar a sus hijos y ya no es un ambiente ordinario la oración, la enseñanza de catecismo, ni un acercamiento de familia a Dios.

Entonces se torna difícil el encuentro de familia con Dios y en lugar de acercarlos a Jesús, los niños encuentran obstáculos. La familia sigue siendo el principal lugar de encuentro con Dios y tenemos que buscar la forma de hacer sentir su presencia y su amor en el hogar. Graves son los escándalos de quienes abusan de los niños con el pretexto de cercanía, de religión o de enseñanza. Debemos cuidar de una forma especial y proteger a quienes ama Jesús hasta el punto de ponerlos como modelo para aspirar al Reino de los cielos.

El niño abre su corazón limpio y sincero a la amistad y al amor. El niño es capaz de recibir con admiración cada muestra de cariño que sus padres le ofrecen. El niño entiende que todo es gratuidad en los dones que obtiene. Es capaz de romper barreras de discriminación y de diferencias. Pero sobre todo, en la cultura hebrea, el niño era el pequeño, el que no tendría valor, el inocente… y de ellos es el Reino de los Cielos. Los que nos hacemos “sabios, poderosos y entendidos”, llenos de nosotros mismos, ¡qué difícil que podamos abrir las puertas del Reino de los Cielos!



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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