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Se entierra un cuerpo corruptible y resucita incorruptible.



Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net | Fuente: Homilia 22 de Septiembre



I Corintios 15, 35 -37. 42-49: “Se entierra un cuerpo corruptible y resucita incorruptible”

Salmo 55: “Caminaré en la presencia del Señor”

San Lucas 8, 4-15: “Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y dispuesto, y dan fruto por su constancia”

Normalmente de esta parábola, me impactan  las diferentes clases de tierra, tan fácil de aplicar a todas las actitudes que nosotros presentamos ante la palabra: la impaciencia, la indiferencia, la oposición, el descuido… pero ahora me han sacudido dos señalamientos que me parecen vitales. Primeramente la generosidad inquebrantable del Sembrador. No se ha desanimado porque encuentra caminos duros y huidizos que se esconden de la palabra y la desperdician; no abandona su labor porque los rayos del sol han secado la pobre plantita que despuntaba del corazón empedernido; tampoco se pone a llorar ni se desalienta porque aquellos que parecían fuertes y firmes, descubren un corazón lleno de arrogancias, de afanes por la riqueza, de placeres que los sacian, y acaban abandonando la Palabra. Ahí está el Sembrador: siempre con esperanza lanzando su semilla a todos los rincones, con su sonrisa que abre a la ilusión; con su terca insistencia para pronunciar su Palabra. Pero también me ha llamado hoy mucho la atención esa tierra buena. De esa tierra buena en otras ocasiones casi no he tenido oportunidad de hablar. Me entretengo demasiado en mirar las tierras estériles que no han dado fruto. Pero hoy me dejo llevar por la alabanza que Jesús pronuncia, que al mismo tiempo es el camino de salvación: “los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia”. Y miro con tristeza que me habían llamado más la atención aquellos que no daban nada, cuando Jesús resalta la actitud positiva de quien ha dado fruto y nos muestra el camino que han seguido. Nos hablan ahora de la Lectio Divina como un camino para hacer oración con la Sagrada Escritura y descubro que Jesús desde entonces nos lo estaba diciendo: escuchar atentamente la palabra, no sólo con los oídos, sino con un corazón bueno y bien dispuesto; meditarla, hacerla oración y perseverar hasta dar fruto. La Palabra no queda estéril cuando encuentra un corazón dispuesto y creo que hoy hay muchos corazones que están dispuestos a recibir la Palabra y a hacerla fructificar.







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