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Lo más hermoso del mundo es sentirte cerca de Dios

Mi experiencia religiosa.
Talentos Trabajando


Por: Jimena Alcocer Barrios | Fuente: Catholic.net



Talentos Trabajando es el nuevo proyecto de Catholic.net, donde invitamos a todos los talentos jóvenes a compartir con nosotros, a través de las letras, su experiencia de Dios. Cada miércoles estaremos publicando en esta sección un artículo nuevo.

Hace unos días, saliendo de misa me encontré a una de las editoras de esta plataforma y me dio la oportunidad de escribir acerca de algo que jamás había hablado con alguien, hasta hace relativamente poco tiempo; mi mejor amiga. Una tarde,  antes de hora eucarística, estábamos en su casa y por una cosa u otra, sin quererlo terminamos hablando de el porqué teníamos una fe tan fuerte y el porqué no dejábamos que se apagara y fue ahí cuando me di cuenta que mi experiencia tal vez, podría ayudar a alguien más y por ello hoy decido compartirla al mundo a través de este medio.

Toda mi familia siempre fue católica practicante. Mi mamá era muy devota y trataba de mantener la “llama” del Cristo viva, tratando de llevar una vida católica congruente; sin embargo esto cambió cuando mi abuelo (su papá) murió. De repente dejamos de ir a misa diario y eventualmente los Domingos. Mi mamá dejó de hablarme de Dios y la única educación que recibía acerca de Él era la que me ofrecía el colegio (siempre estuve en colegios católicos: Colegio Simón Bolívar, Instituto Miguel Ángel e Instituto Cumbres). Después de un tiempo mis papás se divorciaron y después de una serie de sucesos inoportunos, mi mamá, hermana y yo nos mudamos a otra ciudad en dónde comencé una vida nueva. Estaba muy emocionada por vivir en otro lugar y empezar desde cero, sin embargo aunque comencé desde el inicio, las cosas no fueron del completo mejores que antes.

Antes de llegar a la nueva ciudad, viví un tiempo con mi papá. En ese periodo me había descuidado y subí varios kilos. Cuando regresé a la nueva ciudad, ninguno de mis jeans me quedaban y en la escuela comenzaron a molestarme diciendo cosas como “es bonita pero gorda.” Un día,  decidí que quería terminar con las críticas y comencé a hacer más ejercicio de lo que acostumbraba; sin embargo después de un tiempo mi figura se volvió mi nueva obsesión. Sin darme cuenta caí en un juego de nunca terminar (al parecer), en donde siempre buscaba estar más y más delgada, sin ver que ya estaba en buen peso y saludable. Lo anterior llevó a que un día comenzara a vomitar con la idea de que era la mejor manera de controlarme si estaba satisfecha.  

No me voy a enfocar en lo que vino después, porqué es largo, tedioso y sin un gramo de Dios presente; pero sí les contaré lo que sucedió cuando comenzaba a salir del “tratamiento” para mi bulimia. Una de mis mejores amigas (quién siempre estuvo conmigo y jamás me abandonó durante el proceso) comenzó a invitarme a retiros. Sin embargo hubo uno que me dejó marcada de por vida. Fuimos a la ex hacienda de Montefalco (lugar precioso) a un retiro de silencio (durante 4 días) y el primer día que me llevaron a la capilla algo sucedió cuando vi el altar, que jamás creo poder volver a sentir tan fácilmente. Para mi interpretar a Dios siempre ha sido muy difícil, así que siempre lo he imaginado en la forma de triángulo, lleno de muchos rayos. Pues ese día, en el altar no había solo un cristo colgado, sino que en cima de él había un triángulo, que despedía muchísima luz dorada. Juro que en el momento en el que lo vi, sentí que cada parte de mi cuerpo se llenaba con brillantina. Comencé a sentir calor desde afuera hacia dentro de mi cuerpo y de repente sentía que estaba “en llamas.” Ahora, sé que esto que platico no les hará mucho sentido, pues cada quién ha tenido encuentros con Dios de manera personal y distinta. Sin embargo después de ese día supe que jamás me quería alejar de él.



Regresamos del retiro y yo estaba convencida que quería dedicar mi vida entera a él. En ese momento salía con el niño que fue casi 4 años mi novio y aún cuando lo quería muchísimo, estaba convencida de que mi amor por Dios era mayor. Mi mamá se apanicó un poco al ver que yo estaba decidida a dejarlo todo por mi fe y no sé en que momento fue en el que me permití el volverme alejar de aquella experiencia que me hizo enamorarme hasta los huesos de Dios. Sin embargo, cuando entré  la universidad uno de mis amigos sin quererlo, me volvió a empujar a Él. Un jueves, saliendo de clase me dijo “deberías entrar aunque sea por unos minutos a hora eucarística, te va gustar.” Yo me reí, pues pensaba que iba a entrar a un lugar a arrullarme; pero mi curiosidad pudo más (y hoy agradezco a Dios que haya sido así). Desde ese día no dejé de ir cada jueves. Luego encontrarme con Dios solo una hora no fue suficiente y comencé a ir diario (si el horario de clases me lo permite) a misa y luego comencé a buscar otras actividades que me permitieran saber más y más de él (clases de biblia, amigos que querían discutir del tema, retiros, apostolados, etc.) También volví a rezar y a orar en la noche con Él.

Hoy estoy tratando de formar mi equipo de Reino junto con mis mejores amigas (que agradezco infinitamente, tienen la misma fe ó hasta más que yo) y sigo buscando diario la manera de encontrarme con Él, de cierta forma impulsada por ese sentimiento que viví en aquel retiro, que ahora parece distante, pues espero algún día volver a sentir brillantina sobre mi cuerpo. Todo esto lo platiqué con mi mejor amiga y me hizo entender que mi fe no era heredada; sino que era MÍA por completo. Cuando comprendí la magnitud de ese hecho, me di cuenta que no quiero perderla jamás, pues fue algo que con ayuda de Dios fui construyendo/re-encontrando y es el tesoro más preciado que tengo.

Así que hoy te digo a ti, querido lector, que si alguna vez has tenido una experiencia similar a brillantina sobre el cuerpo (o como le quieras decir), no dejes de usar ese sentimiento para seguir buscando más y más a Dios. Él siempre ha estado y siempre estará; solo es cuestión de confiar en sus tiempos y en su forma de actuar. Y si crees tener una fe muy grande, déjate abandonar en ella, que lo más hermoso del mundo es sentirte cerca de Dios.







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