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Deformaciones de la conciencia
Hay muchos factores en juego cuando hablamos de una conciencia deformada


Por: Caesar Atuire | Fuente: Toma la vida en tus manos



Hay muchos factores en juego cuando hablamos de una conciencia deformada.
Aquí trataremos solamente algunos:

a. Las máscaras de la conciencia


Se da cuando se tira la toalla en la lucha por vivir en la verdad. Cuando el hombre consiente en una divergencia entre lo que es y lo que aparenta, entre la fachada social y la vida real, entonces le pone un antifaz a su conciencia. Aquí el problema es la falta de identidad.

b. Conciencia indelicada


Esta es la conciencia que admite pequeñas transgresiones al deber cotidiano y por falta de es-fuerzo cumple sus deberes a medias. Vive una vida incompleta.
Es necesario hacer ver a la conciencia la realidad de su situación. Tanto el bien que puede resultar de un mayor esfuerzo como el mal que se sigue de su negligencia.

c. Conciencia adormecida


Esta deformación se produce cuando la conciencia ya no responde a estímulos y no emite juicios acerca de la maldad o la bondad de los propios actos. Puede ser por tibieza espiritual, por irreflexión o por insinceridad. Se apaga toda vibración espiritual o anhelo de superación moral. Los que viven así excusan fácilmente su conducta con frases como: "Hay que tomar las cosas con calma", "no hay que ser exagerado o quisquilloso". En este estado, la conciencia no reacciona cuando percibe que se obra mal.

d. Conciencia domesticada


Es la conciencia recortada a una medida cómoda. Suaviza todo, sabe encontrar justificaciones para todas sus faltas. "Estoy muy cansado", "todos lo hacen", "es de sentido común".

e. Conciencia falsa




Es la conciencia que emite juicios falsos, es decir, juicios que no concuerdan con la norma objetiva de la ley. Esta conciencia llama bueno a lo que es malo. Puede o no ser culpable. En el segundo caso, la persona puede hacer un juicio moral equivocado y obrar de buena fe creyendo que obra bien. En ese caso no peca. No obstante, hay que afirmar que todo hombre tiene el derecho y la obligación moral de bus-car la verdad, de adherirse a ella y de ordenar su vida según sus exigencias (cf. Dignitatis humanae, 2). Si la falta de conocimiento de la ley es querida en sí, entonces la persona es culpable. Como ejemplo, pueden servir los conductores que por una razón u otra nunca han aprendido bien las reglas de tráfico.

Hay otros tipos de deformaciones de conciencia de las que se puede hablar como la conciencia escrupulosa que exagera el papel de la ley hasta hacerla opresiva y angustiante o la conciencia laxa que deja pasar todo con excusas.







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