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La conciencia
La conciencia contribuye a formar el mosaico armonizado que es el hombre maduro


Por: Caesar Atuire | Fuente: Toma la vida en tus manos



Si la madurez humana se manifiesta en la capacidad para tomar decisiones prudentes, en la rectitud en el modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres, en la estabilidad de espíritu y en la autenticidad de vida, la luz sobre la cual todos estos actos se proyectan es una conciencia bien formada, pues es ella la que ilumina al hombre sobre lo bueno y lo malo.

Hay muchas expresiones que se han empleado para describir la conciencia que nos pueden ayudar a entender mejor lo que es: «El núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla» (Gaudium et spes, 16); el patio interior en el cual el hombre capta aquello que es bueno y aquello que es malo, la sede de las relaciones del hombre con Dios. Para hacerlo todavía más accesible, algunos han comparado la conciencia con los detectores de metal en los aeropuertos. Es aquella facultad que revisa nuestros actos conscientes y libres para dar luz verde si son buenos o encender la roja si son malos. Ciertamente, esto no es del todo correcto pero nos puede servir como ilustración.

Analizando un poco la época en la que vivimos, constatamos que son tiempos en los que es muy fácil la desorientación de los criterios morales. Estamos asistiendo a una desorientación gigantesca de la conciencia individual y social, hasta el punto de que a muchos les resulta difícil distinguir los límites de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo permitido y lo prohibido, lo honesto y lo deshonesto en la esfera individual, familiar, social, política y religiosa.

Por ejemplo, nunca como hoy el hombre ha sido tan sensible al valor de la libertad y nunca ha hecho peor uso de ella; así, por un lado, escribe una Carta de los Derechos Humanos y por otro, los suprime de raíz con el aborto, la eutanasia, el terrorismo, la dictadura, la manipulación de la opinión pública y las diversas formas de violencia. Por una parte, proclama a los cuatro vientos la propia madurez y por otra, adopta como pautas de comportamiento normas tan volubles como la opinión pública, el voto de la mayoría, los eslóganes de moda y los modelos culturales y sociales del momento. A veces la norma viene a ser: "Todos lo hacen, luego debe ser bueno", "lo dicen los medios de comunicación, así opina la mayoría o el partido o así piensa Fulano de tal, luego lo acepto incondicionalmente", "está admitido en las Constituciones de muchas naciones, luego es algo respetable", etc.

De hecho, algunos entienden la libertad como ausencia total de cualquier tipo de normas. Ser libre significa para muchos hombres "hago lo que me da la gana", es decir, un simple libertinaje. En una palabra, nunca como hoy el hombre ha sido más bárbara-mente manipulado en el campo comercial, ideológico, político, ético y religioso.

De ahí que hoy se haga absolutamente necesario formar una conciencia recta y tener un cuerpo doctrinal ético sólido. Así se podrá orientar acertadamente en medio de la confusión actual de valores y podrá ayudar a los demás a hacer lo mismo. Para lograr eso tenemos que conocer la naturaleza de la conciencia, sus deformaciones y los medios para formar y mantener una conciencia recta.
 







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