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Viernes 25 de noviembre

Sal de Tu Cielo: Dia 4
Quiero que tu Amor se revele en plenitud dentro de mi corazón en esta Navidad


Por: P. Guillermo Serra | Fuente: Catholic.net



Sal de tu tierra

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Breve silencio para ponerse en presencia de Dios, rogando a María Santísima sea nuestra compañera y guía en este camino hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.

ORACIÓN CAMINO A BELÉN

Querido niño Jesús: Te quiero hacer presente aquí, en este rato de oración.  Muchas veces pienso en ti, me acuerdo de ti, pero no te pienso. Pensarte es quererte y quererte es buscarte. Sí, quiero buscarte, caminar hacia ti, pero sabiendo que Tú me buscas siempre primero. Quiero recorrer este camino de la mano de María, tu madre, sostenido por  el auxilio del Espíritu Santo,  para que tu Amor se revele en plenitud dentro de mi corazón en esta Navidad.



 

CITA

Yahveh dijo a Abraham: “Sal de tu tierra, y de tu patria y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. (Génesis 12,1)

REFLEXIÓN

Un día en su ancianidad, Abraham, nuestro padre en la fe, recibió el llamado: “Sal de tu tierra”. Dios lo invitaba a una aventura única. Ir al encuentro de una tierra que le mostraría. Salir de la propia para entrar en la de Dios.



¿No es así también nuestra vida? ¿No sentimos la necesidad de salir de lo temporal para entrar en lo eterno? Salir de lo nuestro para entrar en lo suyo.

¿Qué es lo mío, lo propio, mis posesiones, mis lazos históricos, afectivos a los que Dios me pide renunciar? O más bien, ¿qué aspectos de mi vida, personalidad, posesiones, afectos tengo que renovar convirtiéndome en peregrino?

Este camino te enseñará muchas cosas, te ayudará a darte cuenta de lo que es pasajero para abrazar lo que es eterno. Descubrirás una nueva seguridad que se fundamenta en tu inseguridad. Tu identidad necesitará el roce del tiempo, el desgaste del desierto para ser renovada, profundizada y abrazada desde Dios.

¿Te atreves? Es un exponerse continuo pero con la meta fija ante los ojos. Es llegar a la noche cansado, con miedo,  pero arropado por miles de estrellas

Desde mi debilidad, debo experimentar la más alta expresión del amor de Dios, su misericordia. (Sal de tu Cielo. Cap 1)

Mi casa está en Belén, esa es la tierra prometida. Sí, saldré hoy de mi tierra, me haré peregrino, confiando en la promesa de Dios que ya ha salido de su Cielo.

Saldré una y otra vez al encuentro de un Dios que me ama, me perdona y quiere que regrese a casa; Porque en realidad, llegar a Belén, es regresar a casa, aquella en la que nací, donde habita el corazón de Dios, hecho hombre por mí.

ORACIÓN

SAL DE TU TIERRA

Nuestra vocación como cristianos es igual que la de Abraham

Hagámonos peregrinos. ¿Pero qué implica?

Abandonar las raíces más profundas

Renovar la identidad en la inseguridad

Caminar incierto hacia la certeza

Contar estrellas con frío y humildad

Avanzar lentamente, con la misma fe

Confiar en el escudo del silencio de Dios

Encontrar la plenitud en su amistad

Contar estrellas con fuego y verdad

Sacrificar lo más tierno y querido

Recibirlo nuevamente en fidelidad

Escuchar el eco de ese “Sal de tu tierra”

Contar estrellas con lágrimas y generosidad

Sal de tu tierra, hazte peregrino del Amor

Sigue a tu padre Abraham

Sus huellas te guiarán hacia las estrellas

Cuéntalas si puedes, y al final ya llegarás

a la tierra prometida de Jesús

Tu cielo hecho promesa de fidelidad

Del Libro Jesús a mi alma, P. Guillermo Serra L.C.

 

PROPÓSITO

Haré un análisis sobre las actitudes de mi corazón que me puedan alejar de Dios; las cosas a las que dedico mi tiempo y me roban espacio para la oración; los pecados que me privan de mi estado de gracia o los sentimientos negativos que debilitan mi fe y me roban la esperanza. Y decidiré “salir de mi tierra”, para hacer a todas estas actitudes “peregrinas”, y ponerlas en camino hacia Belén.

Puede ayudar rezar lentamente el poema apenas leído: “Sal de tu tierra”. Para asimilarlo mejor.

En mi carta a Jesús, anotar las actitudes de mi corazón, a las que debo invitar a salir de mi tierra.

 

Autor: Padre Guillermo Serra, L.C.

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