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Reflexiones tras el terremoto en Ecuador
Dios es Padre y Padre bueno, un padre jamás mataría a la mitad de sus hijos


Por: P. Juan Cavanna Merchán S.J. | Fuente: facebook (fb.me/4DLv3Zcli)



NOTA: la presente es una reflexión nacida en Ecuador y para Ecuador en estos momentos tan duros, el lector puede -claro está- sacarle provecho según su propia realidad.


Se ha empezado a escuchar, obviamente de grupos fundamentalistas, dentro y fuera de nuestra fe cristiana voces que dicen que este terremoto es castigo de Dios. Si ustedes escuchan algo similar estoy seguro que sentirán tal afirmación como repugnante, blasfema y totalmente lejana al verdadero Dios, el Dios que nos enseñó Jesús.

No es momento de discutir con nadie pero si pueden amablemente recordemos a esas personas que Dios es Padre y Padre bueno... que un padre jamás mataría a la mitad de sus hijos "para que se porten bien los demás" o para "que aprendan la lección" Ese sería un Dios enfermo, despiadado y sádico que no merecería ser amado, respetado y obedecido como Dios. Al menos un Dios así no es nuestro Dios, el Dios de los cristianos.

Otros pueden decir... y si él no envió esta tragedia.... porqué la permitió. Y tenemos que recordar que Dios hizo la naturaleza y la naturaleza es autónoma funciona según sus leyes y Dios no es el titiritero ni el mago que suspende las leyes que el creó para que el mundo y el universo funcionen como debe. Sí, estemos seguros que el primero en dolerse de tantas muertes y tanto dolor es él. Y sufre por la muerte de japoneses que no son cristianos, y por la muertes de chilenos, ecuatorianos y haitianos que si lo somos. Y sufre por los musulmanes que luchan por llegar a Europa y mueren en el camino.

Entonces la última pregunta sería: ¿y porqué Dios no hace algo?

La respuesta es que sí lo está haciendo. La solidaridad impresionante que se ha despertado en todo el país es consecuencia del espíritu de Jesús resucitado que mueve los corazones de los creyentes y todos los seres humanos de buena voluntad, desde dentro, para que se sientan impulsados a realizar estos gestos solidarios. Él nos inspira y nos pone en movimiento. Él nos hace desear ser generosos y desprendidos y nos impulsa a darnos hasta más allá del límite de nuestras humanas fuerzas, que es lo que estamos viendo cada día con centenares de voluntarios que reciben, distribuyen, clasifican y envían las ayudas generosas de los ecuatorianos en favor de sus hermanos damnificados. Y lo mismo dígase de los rescatistas que cada día se imponen el reto de encontrar una nueva persona con vida, o acelerar el desenterramiento de los que infelizmente fallecieron, para que reciban cristiana sepultura y no se desate una emergencia sanitaria. No me cabe duda que en todo esto está el espíritu de Jesús resucitado, y esto se está viviendo en este tiempo pascual, como para recordarnos que la vida y el amor, la compasión y la solidaridad se imponen sobre el egoísmo y la muerte.



Pienso que lo que tanta gente está haciendo estos días de manera extraordinaria no haría ni la mitad en circunstancias ordinarias. Eso es consecuencia del espíritu de Jesús Resucitado. Porque él está vivo, es poderoso y actúa en nuestro corazón. Por eso debemos orar y entrar en contacto con el origen de esta inmensa fuerza y cantera de energía y amor.... que vive en nuestro corazón para reponer nuestro cansancio y sentir el premio de su paz. Este es el sello de estar haciendo lo correcto. En medio del cansancio una gran paz.

Estamos llamados a ser las manos de Dios, la sabiduría de Dios, el corazón de Dios. Que quiere seguir ayudando con nuestras manos, pensando creativamente soluciones con nuestras mentes y amando con nuestro corazón.

Sagrado Corazón de Jesús en ti confío.

 









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