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¿Qué supone para el clero el Año Jubilar de la Misericordia?
Entrevista a monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, secretario para los seminarios de la Congregación para el Clero. 9 diciembre 2015


Por: Redacción Zenit | Fuente: Zenit.org



La Congregación para el Clero, con ocasión del 50º aniversario de los Decretos Conciliares “Optatam totius” y “Presbyterorum ordinis”, organizó recientemente un Congreso en Roma para profundizar en el valor de estos documentos en la vida de los sacerdotes. Con dicha ocasión ZENIT ha entrevistado a monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, secretario para los seminarios de dicha Congregación. De este modo, explica la importancia de la formación previa de los seminaristas y permanente para los sacerdotes. Asimismo subraya lo fundamental de la experiencia familiar en la vocación sacerdotal, impulsada especialmente en este tiempo de post sínodo en el que la Iglesia está reflexionando sobre la familia. Por último, asegura que este Año Jubilar de la Misericordia será también un año de gran importancia para las vocaciones.

¿Qué valoración hace a unos días de la conclusión del Congreso?
-- Monseñor Patrón: Partiendo del discurso que nos dio el Papa cuando nos recibió a los participantes, nos damos cuenta de la unidad entre el nacimiento de la vocación sacerdotal, desde la familia, los candidatos, la formación inicial en el seminario, toda la formación permanente, y después el servicio hasta del obispo.

Esto que el Papa expresó de una manera magistral se vivió durante el Congreso. Toda la vida, el ministerio y la formación, la misión del sacerdote, desde su nacimiento hasta la misión, nos permite releer y sobre todo vivir los dos documentos del Vaticano II sobre la vida y ministerio de los sacerdotes, de una manera muy concreta, muy existencial y muy de acuerdo a la formación y misión del sacerdote.

Pudimos escuchar y compartir durante el Congreso, 420 participantes de todo el mundo, el crecimiento, desarrollo y novedad de cómo estos documentos no son una pieza de museo, sino que tienen una actualidad y una continua actualización en la vida de la Iglesia, partiendo de que un elemento muy importante central en la renovación de la Iglesia es la formación inicial y permanente en los sacerdotes. Y se coloca al sacerdote como un servidor de la comunidad que nace de la propia comunidad, se forma en la comunidad y sirve a la comunidad. El título del congreso fue ‘Una vocación, una formación, una misión’. Por eso hay relación directa entre el llamado de Dios, la respuesta de la persona y la formación del discípulo y después del pastor desde una comunidad formativa que es el seminario y después la misión que recibe siempre en el pueblo de Dios.

El Papa dijo ‘ojo a la hora de elegir en los seminarios’. ¿Cómo se puede llevar bien esto a cabo?
-- Monseñor Patrón: Fue una llamada de atención para que el trabajo que se debe hacer previo al seminario, sea realizado con mayor cuidado, entusiasmo y profundidad. El trabajo previo que es en las familias, las parroquias, los grupos, catequesis, pastoral juvenil y lo que realiza después la pastoral vocacional. De tal manera que los candidatos que lleguen al seminario sean jóvenes que tengan todas las capacidades humanas, espirituales, apostólicas e intelectuales para iniciar un camino de formación. Este trabajo se hace previamente porque la vocación no inicia en el seminario, inicia en el nacimiento. Y es aquí donde la vida de los presbíteros, la presencia de los seminaristas, debe impulsar siempre a las familias y a las comunidades cristianas a crear culturas vocacionales en las cuales las potencialidades de los jóvenes se vayan desarrollando de tal manera que cuando llegan a la edad de descubrir el llamado de Dios y entrar en el seminario sean muchachos preparados, idóneos. Es importante la selección pero antes de eso, toda la preparación.



Lo que pide el Papa es que los candidatos que entran al seminario sean jóvenes que vivan una vida cristiana. Ese trabajo se tiene que hacer antes del seminario. De tal manera que en el seminario sean jóvenes cristianos que vivan de una manera más cercana su vocación de ser discípulos apóstoles de Cristo, un compromiso más consciente, más generoso, más decisivo. Y esos primeros años en el seminario hacen que el joven discierna el llamado de Dios ya en una comunidad vocacional. Porque el discernimiento tiene que ser en la vida cotidiana, en la respuesta de todos los días, el crecimiento integral de la persona. Cuando se dan esos elementos de crecimiento integral podemos formar un buen pastor.

¿Cómo se va a trabajar el tema de la familia, en este tiempo de post sínodo, en los seminarios?
-- Monseñor Patrón: Ya en muchos seminarios se está trabajando con el itinerario formativo que incluye a la propia familia dentro del camino de crecimiento vocacional cristiano. Ya hay actividades concretas humanas, espirituales, apostólicas, inclusive de contenido catequético e intelectual para que la familia haga un camino vocacional junto al seminarista. Al mismo tiempo los seminarios de hoy se abren a la participación de los laicos, y por tanto de las familias, en todas las dimensiones de formación. Hoy los laicos pueden colaborar en la formación de los sacerdotes. Y las familias tienen una influencia directa en la formación de los sacerdotes, además de la propia familia.

Precisamente el Papa insistió en su discurso, en que los sacerdotes no se olviden de sus raíces.
-- Monseñor Patrón: Efectivamente. La intención es que el seminario sea una experiencia de familia más amplia. Y que todos los seminaristas lleven a la gran familia del seminario todas las realidades positivas aprendidas en la familia. Se alarga la familia, se enriquece la familia original con una familia más grande que es la del seminario para que después este segundo tipo de familia, se alargue aún más con el presbiterio y después con toda la comunidad cristiana. Entonces vemos la base de la familia. Las experiencias de fe, de amor, de enseñanza, de confianza en Dios, no deben olvidarse. Lo que aprendemos rezando, amando a Dios, viviendo la vida cotidiana con fe, con esperanza. No solo los valores aprendidos y vividos en la familia, sino la misma experiencia de familia tiene que ser transportada y enriquecida en el seminario como familia, en el presbiterio como familia presbiteral, y en la Iglesia como familia, pueblo de Dios. Hay una relación bella, hermosa porque las familias están en la vida y ministerio de los sacerdotes. Y al mismo tiempo en las familias está presente el sacerdote.

Es interesante porque en todos los niveles aprendemos a ser hijos, a ser hermanos y a ser papás. Y el sacerdote siempre debe ser hijo, padre espiritual y un hermano para los demás.

No se puede entender ningún sacerdote sin familia, sin seminario, sin presbiterio y sin pueblo de Dios. El sacerdote es parte de la vida de la familia y viceversa. Esto tenemos que aprenderlo y potencializarlo de una manera más consciente.



¿Qué supone en concreto para el clero el Año Jubilar de la Misericordia?
-- Monseñor Patrón: Todas las llamadas vocacionales parten de la experiencia del amor misericordiosos de Dios. Nadie es digno de ser llamado por Jesús. Todos los apóstoles sentimos el llamado de amor, pero un amor de misericordia. Y esa experiencia de ser liberados, salvados, abrazados por la misericordia de Dios es el elemento catalizador de la formación y del servicio sacerdotal. Nos formamos como sacerdotes y servimos como sacerdotes siempre en relación a experimentar y transmitir de una manera más genuina y auténtica la misericordia de Dios. Este Año Jubilar va a ser un Año desde la misericordia plenamente vocacional porque va a renovar la vocación de los sacerdotes. Esto va a renovar el ministerio, el servicio sacerdotal, para experimentar que todo lo que hace un sacerdote lo hace desde la misericordia, todos los servicios de un sacerdote haciendo el bien son signos concretos de la misericordia de Dios. El sacerdote debe ser visto, pero sobre todo experimentado por la sociedad, como un hombre que, como Jesús, pasó haciendo el bien. Es como un donador, transmisor de la misericordia de Dios. El Año de la Misericordia se convierte de este modo en un año vocacional. Desde la misericordia de Dios sabemos que esto no solo va a renovar a los sacerdotes, sino que va a generar de una manera más consciente una respuesta de los jóvenes, porque al amor se responde con amor. Y si los jóvenes durante este año experimentan, viven la misericordia de Dios, automáticamente, de una manera natural, se van a sentir impulsados a responder con amor. Y la llamada del amor, siempre genera vocaciones al sacerdocio.


 







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