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Pensamos como el Papa sobre la pobreza, el clima y la migración
Entrevista con el Secretario de Estado estadounidense John Kerry, acerca de los temas de la visita a Estados Unidos de Papa Francisco


Por: Paolo Mastrolilli | Fuente: vaticaninsider.lastampa.it



La ayuda militar que Rusia está enviando al régimen de Assad podría provocar «una confrontación con la coalición anti-EI que opera en Siria». Es la advertencia que lanza el Secretario de Estado estadounidense John Kerry, en esta entrevista concedida a «La Stampa», en la que afronta los temas de la visita a Estados Unidos de Papa Francisco.


Estados Unidos y la Santa Sede trabajan juntos con éxito en diferentes frentes de común interés, desde Cuba hasta el Medio Oriente. ¿Por qué es importante la visita del Pontífice? ¿Cree que se podría cancelar el embargo contra La Habana? ¿Cuáles son las próximas iniciativas de paz en las que podrían colaborar?

Estoy profundamente satisfecho porque las prioridades de política exterior de Estados Unidos y los buenos oficios de la Santa Sede coinciden en muchos temas. Agradezco el papel de Su Santidad en la normalización de las relaciones con Cuba. Fue fundamental para animar los coloquios que llevaron al reencuentro, y seguiremos buscando su apoyo mientras vayamos desarrollando la relación bilateral. Proseguiremos la colaboración con la Santa Sede para afrontar la crisis actual de los refugiados y las crisis futuras, y la inestabilidad provocada por el cambio climático. Trabajaremos en áreas como el diálogo interreligioso, favorecer el desarrollo, promover los derechos humanos, prevenir el tráfico de seres humanos.

 


En el Mediterráneo hay una grave crisis por las migraciones. ¿Cree que Europa y Estados Unidos deben hacer más esfuerzos para acoger a los refugiados?

Nosotros estamos profundamente dolidos por la trágica pérdida de vidas humanas en el Mediterráneo. La práctica de los traficantes de cargamentos de personas vulnerables dentro embarcaciones peligrosas es deplorable. Esta es una de las áreas de cooperación y de diálogo entre Estados Unidos, la Santa Sede y otros en la región. Las migraciones y la inmigración están entre nuestras prioridades comunes por los derechos humanos y el bienestar de las poblaciones más vulnerables y marginadas del mundo. La crisis en Europa exigirá la cooperación con todos los países del Continente, y con el resto de la comunidad internacional, para garantizar que las personas estén al seguro, que sean tratadas con humanidad compartida, y que afrontemos la fuente del problema, es decir la crisis en Siria. Comprendemos los enormes desafíos que los Estados europeos afrontan, y apreciamos los constantes esfuerzos para crear una respuesta coordinada. Cualquier enfoque sobre la crisis debe apostar por salvar y proteger las vidas, asegurar que los derechos humanos de todos los migrantes y refugiados sean respetados, y promover políticas de migración ordenadas y humanas. Estados Unidos ha ofrecido más de 4 mil millones de dólares en asistencia humanitaria desde que inició la crisi siria (más que cualquier otro donador individual) para afrontar las terribles condiciones en las que se encuentran 7,6 millones de desplazados internos en Siria, además de los 4 millones de refugiados en la región, principalmente en el Líbano, Turquía, Jordania, Irak y Egipto. También creamos un grupo de trabajo para coordinar las respuestas del Departamento de Estado a la crisis europea de las migraciones y los refugiados, y para garantizar que estaremos listos para cualquier crisis semejante en otras partes del mundo.

Al aumentar el apoyo y la asistencia humanitaria y a la protección en Siria y en los países vecinos, menos refugiados decidirán desplazarse, y serán capaces de volver a casa con mayor facilidad cuando el conflicto acabe. Estados Unidos ha decidido aumentar significativamente el número de los refugiados sirios que será aceptado el próximo año. Esperamos acoger por lo menos 10.000 en 2016. Admitir más refugiados sirios en Estados Unidos es solo una parte de la solución, pero creo que esta decisión política es coherente con nuestra responsabilidad moral de hacer mayores esfuerzos.


Muchos refugiados provienen de Siria. ¿La estrategia de los ataques aéreos y del entrenamiento de los opositores puede alcanzar el objetivo de derrotar al EI y dar a Damasco un gobierno mejor, evitando el riesgo de un conflicto militar con Rusia, que está mandando ayuda bélica a Assad?

La guerra en Siria es una crisis de seguridad y humanitaria. Nosotros trabajamos estrechamente con una coalición de más de 60 socios para alcanzar nuestro objetivo común de degradar y, finalmente, derrotar al EI, y poner fin al conflicto mediante una transición política en Siria que la aleje del presidente Assad. La brutalidad del régimen (que Rusia apoya) ha alimentado el crecimiento del extremismo. Esto es lo opuesto al mismo objetivo declarado por Moscú para una mayor acción internacional contra el EI. Yo he expresado al Ministro del Exterior ruso, Sergey Lavrov, las preocupaciones de Estados Unidos sobre el apoyo militar de Moscú al régimen de Assad. Estas acciones podrían provocar un recrudecimiento del conflicto, y provocar una mayor pérdida de vidas inocentes, haciendo aumentar al mismo tiempo el flujo de los refugiados, y crear una confrontación con la coalición anti-EI que opera en Siria. Pero es también importante que nosotros hablemos con los rusos, para tratar de evitar malos entendidos y desconflictualizar las acciones de nuestras fuerzas.


La pobreza y la desigualdad económica son un problema que aumenta en todo el mundo. ¿De qué manera Estados Unidos y la Santa Sede pueden trabajar juntos para «poner la economía al servicio de los pueblos», como ha dicho Papa Francisco?

Muchos en el mundo han sido inspirados por la atención de Su Santidad hacia los marginados y los necesitados. Estados Unidos y la Santa Sede comparten la convicción de que todas las personas tienen la misma dignidad y valor, y debemos esforzarnos para ayudar a cada ser humano a realizar plenamente las propias potencialidades en la vida. Como parte de la Policy Directive on Global Development del presidente Obama, estamos desarrollando y reforzando diferentes acuerdos existentes, incluido el que hay entre las organizaciones y las instituciones de afiliación religiosa, y pensamos innovativamente sobre la mejor manera para afrontar el común interés de obtener un crecimiento económico incluyente, y resolver desafíos como la amenaza a la seguridad global, la prosperidad y la sustentabilidad medio-ambiental. Nos animan los resultados de los «Millennium Development Goals», como la significativa disminución de la población mundial que vive en pobreza extrema. También nos anima la conclusión positiva de las negociaciones sobre una ambiciosa e incluyente Post-2015 Development Agenda, que representa un momento clave en el consenso internacional sobre una visión común para un mundo mejor, que ofrezca una oportunidad a los más vulnerables y que lleve al planeta hacia un camino sostenible. Estamos felices de participar, la próxima semana, en el encuentro de la ONU para la adopción de la Post-2015 Development Agenda, y abrir el camino para el desarrollo de los pueblos en el globo durante las próximas décadas.


En su encíclica «Laudato si’», el Santo Padre afrontó el tema del cuidado de nuestra casa común. A finales del año se llevará a cabo en París la United Nations Climate Change Conference. ¿Qué cosas faltan para llegar a un acuerdo global sobre el clima?

Alcanzar un acuerdo ambicioso y duradero sería un paso hacia adelante e histórico en la lucha contra el cambio climático. Un acuerdo justo, que se aplique a todos los países, que se concentre en la reducción de las emisiones de gas y en la construcción de la resiliencia, que incluya fuertes medidas de responsabilidad y verificación, y que garantice el la actual asistencia financiera y técnica a quien lo necesite, está al alcance de la mano. Si se concluyera, sería una señal clara y necesaria para los mercados  para la sociedad civil sobre el esfuerzo que las naciones del mundo hacen para afrontar el cambio climático. Y no habría marcha atrás. La comunidad internacional debe aprovechar esta oportunidad.







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