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Tratados como personas hasta el último momento
Para un católico no hay duda: la eutanasia no es aceptable, tratándose de matar a un inocente


Por: Luis de Moya | Fuente: muertedigna.org



Es necesario manejar con precisión y correctamente unas pocas expresiones, que definen situaciones muy concretas y acciones bien determinadas, de las que depende una buena práctica médica, social y humana, con quienes viven sus últimos momentos.

Experiencias de personas muy discapacitadas e incurables, entre las que me incluyo. A veces no nos referimos expresamente a la eutanasia, aunque sí al valor de la vida de una persona deficiente.

La eutanasia se plantea con frecuencia como una cuestión médica. Se recogen criterios médicos clásicos y actuales sobre este modo de acabar con la vida humana y varias reflexiones de especialistas en bioética.

Los que entre las dificultades de la vida quieren ser buenas personas, valoran el heroísmo, la abnegación y la generosidad del amor; y ven el «abismo» al que conduce la eutanasia y las falacias más frecuentes cuando se defiende.

Para un católico no hay duda: la eutanasia no es aceptable, tratándose de matar a un inocente. Un cristiano coherente se sabe hijo de Dios y en El confía también para la hora de la muerte.



El concepto de dignidad humana, el sentido de la vida, de la libertad, y qué entendemos por persona afectan al sentido de la muerte. Aceptar o no la eutanasia presupone un peculiar concepto del hombre y de su destino.

La eutanasia supone suprimir intencionadamente la vida y es calificada de crimen por el derecho. La lamentable experiencia que vamos teniendo donde se tolera aconseja no permitir más el asesinato por compasión.







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