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Movimientos y Asociaciones

Entrevista a Taís Gea, autora del libro La Misa: Misterio de Comunión. Vivir la Misa desde el corazón
Como vives tu Misa, vives tu día. La vida es una continuación de la Misa y así nos hacemos Eucaristía y reflejamos la luz de Dios que está dentro de nosotros. Las actitudes profundas del alma son la transformación que Dios va realizando del corazón


Por: Luis Javier Moxó Soto | Fuente: Catholic.net



Como vives tu Misa, vives tu día. La vida es una continuación de la Misa y así nos hacemos Eucaristía y reflejamos la luz de Dios que está dentro de nosotros. Las actitudes profundas del alma son la transformación que Dios va realizando del corazón
 

Taís Gea Guinovart es consagrada del Regnum Christi. Desde los 19 años ha dedicado su vida al servicio de Dios en la Iglesia católica. Escribió el libro: “La Misa: Misterio de Comunión”, con el deseo de compartir su experiencia espiritual de la Misa.

Hizo sus estudios en Madrid de Ciencias Religiosas por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum y la licenciatura en Educación y Desarrollo por la Universidad Anáhuca. Ha trabajado en la pastoral de adolescentes en Roma y Madrid, tanto en colegios como en parroquias. Actualmente estudia Teología en la Universidad Pontificia de México.

Taís, “ir a Misa”, “oír Misa”,… lo decimos con cierta frecuencia, pero celebrar y vivir la Misa, el Misterio y Realidad del Sacramento, parece que no se dice mucho. ¿Por qué ese desapego, inconsciencia, o indiferencia hoy en día entre los que asisten, asistimos, a Misa?

En realidad yo pienso que no hay una mala intención o una indiferencia por lo religioso. De hecho veo a la gente con sed de algo más trascendente que llene de sentido su vida cotidiana. Quizá lo que no logra mostrar la catequesis es cómo todas las necesidades existenciales de los hombres son colmadas por Dios. La Misa puede llegar a convertirse en un ritual si solo se asiste y se escucha. Es tal vez la aportación del libro que yo escribí sobre la Misa. La perspectiva es de encuentro. Invita a que la Misa, desde el inicio hasta el fin, sea un diálogo y una relación con Dios que viene a llenar de sentido mis situaciones existenciales y a saciar mi sed de trascendencia. Pienso que la catequesis tiene que ser más existencial que moral. La religión tiene que dar respuesta a la búsqueda de todo ser humano y saciar. No a nivel intelectual sino real, vivencial, existencial. Quizá eso ayude a que la gente asista a Misa no a escuchar sino a celebrar o vivir el misterio de la Eucaristía.



 

¿Cómo podemos experimentar, una vez acabada la Santa Misa, una verdadera espiritualidad eucarística, en la que podamos vivir más íntimamente en Él y hagamos memoria de Su Presencia en nosotros? Es decir, ¿cuáles serían, a su juicio, las notas de una verdadera espiritualidad a diferencia de un pietismo o piedad inmadura, por ejemplo?

La conclusión que yo hago en mi libro habla precisamente de esto. La frase que yo utilizo es la siguiente: como vives tu Misa, vives tu día. Durante todo el libro se van nombrando ciertas actitudes para vivir cada parte de la Misa. Esas actitudes son modos de actuar y de relacionarse con Dios y con los demás, en la Misa y después de ella. Van configurando a la persona. Por ejemplo: en el acto penitencial una actitud que se propone es aprender a postrarse ante Dios reconociendo la pequeñez y abriéndose a la misericordia de Dios. Si esa actitud se ejercita en el acto penitencial, en la Misa, entonces en el día a día esa virtud se va a manifestar. Por lo que la vida es una continuación de la Misa y así nos hacemos Eucaristía y reflejamos la luz de Dios que está dentro de nosotros. Así nos alejamos de una piedad inmadura ya que las actitudes profundas del alma no son pietismo sino que es la transformación que Dios va realizando del corazón.

 

Los textos autorizados del Misal Romano que se siguen actualmente en la celebración eucarística, ¿son del todo vinculantes y han de ser pronunciados tal cual fueron escritos, o hay determinadas partes que pueden ser alteradas a gusto o criterio del celebrante?



Los sacerdotes deben seguir el Misal Romano. Sin embargo, he tenido la ocasión de escuchar varios sacerdotes haciendo adaptaciones o alteraciones. Pienso que en el fondo los sacerdotes desean hacer asequible y más cercana la liturgia a los fieles. Mi punto de vista es el de conservar los textos como están ya que los ministros están al servicio de la liturgia y por lo tanto están llamados a transmitirla como la han recibido. Al mismo tiempo, estoy de acuerdo que el pueblo no siempre entiende lo que la liturgia está expresando. Me parece que más que adaptar la liturgia habría que llevar a cabo una catequesis en la que los fieles descubran la belleza y la grandeza de la liturgia por si misma. Y la vean como expresión de su propia religiosidad y búsqueda del trascendente. Teniendo esa base catequética, dejar que la liturgia hable a los fieles. De hecho la experiencia que yo comparto en mi libro sobre la Misa tiene como punto de partida el contacto frecuente y directo con la liturgia. Esa fuente siempre nueva y viva me ha nutrido a tal grado que actualmente es mi único alimento.

 

Por último le pedimos Taís que nos recomiende algunos gestos, oraciones y actitudes propias de quien reconoce, percibe, siente o quiere ser adorador en Espíritu y Verdad ante Su Presencia Eucarística, durante o fuera de la Misa. Dos ejemplos: ¿Cómo puede un sacerdote recomendar arrodillarse a los fieles en la Consagración, “a  no ser que lo impida la enfermedad o estrechez del lugar o cualquier otra causa razonable” (OGMR 43)? y ¿cómo puede fomentarse o favorecerse la Adoración Eucarística Perpetua en una parroquia?

La adoración en Espíritu y en verdad me parece que tiene una expresión en los gestos de deferencia y respeto como lo es la genuflexión. Sin embargo, creo que la adoración es algo mucho más profundo y quien lo vive evidentemente lo expresa con toda su persona, incluido su cuerpo. Desde mi perspectiva la actitud más importante en la alabanza es la humildad. Reconocer que nosotros, por nuestras propias fuerzas, no podemos alabar a Dios. Pienso que es necesario suplicar al Espíritu Santo que posea nuestra alma para que sea Él el que alabe a Dios. Entonces sí nuestra alabanza será en Espíritu y en Verdad. Porque el Espíritu de la Verdad es el que alaba a Dios en nosotros. El primer paso me parece que es ese, dejar que el Espíritu nos eleve en alabanza. También creo que los salmos son un medio muy accesible y eficaz para fomentar la alabanza. Por último, en el libro que escribí, comento que un modo de alabar a Dios es estando adheridos a su voluntad. Jesús fue aquél que más alabó a Dios. Si nosotros estamos unidos a su voluntad y por lo tanto en comunión con Él, configurados con Él, seremos una alabanza para el Padre como lo fue Jesucristo. Quien vive con estas actitudes la alabanza, por supuesto que se arrodillará ante el Señor, levantará sus manos en señal de alabanza, cantará con fuerza el Gloria. Sin embargo, son expresiones externas de una realidad interna mucho más esencial y profunda.

La adoración eucarística creo que simplemente hay que proponerla y crear el espacio adecuado para el encuentro íntimo y personal con Cristo Eucaristía. Me parece que la gente responde con interés. De hecho veo que lo necesitan. Simplemente hay que favorecer los tiempos y los espacios y creo que la gente contenta asiste a la adoración.

 

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