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Los 10 Mandamientos... Siguen de moda
Noveno Mandamiento: Aparta a los cónyuges del adulterio y consolida la unidad y la fidelidad del matrimonio


Por: Sr. Dr. Don Rafael Gallardo García / R.P. Pedro Herrasti | Fuente: LaVerdadCatolica.org



NOVENO MANDAMIENTO

"No desearás la mujer de tu projimo".

Con tan solo dos palabras el Sexto mandamiento regula la sexualidad humana en su globalidad, pero siendo el Matrimonio la institución básica de la sociedad, de la cual depende su existencia misma, Dios lo protege de manera especial con un nuevo Mandamiento y además Jesucristo lo eleva a nivel Sacramental. ¡Es importantísimo!

Como en otros Mandamientos que regulan la conducta y las relaciones del hombre con sus semejantes, está enunciado en forma prohibitiva y tajante: "No desearás la mujer de tu prójimo" (Dt..6,21). Al mismo tiempo que aparta a los cónyuges del adulterio, pretende consolidar la unidad y la fidelidad del matrimonio.

1. La Unidad indisoluble.

Ya desde el libro del Génesis Dios nos dice: "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer y se hacen una sola carne" (Gén.2,22-23).

Nuestro Señor Jesucristo recalca esta frase: "El Creador, desde el principio, los hizo hombre y hembra... Y los dos serán una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre" (Mt.19,4-6).



El Catecismo Católico en el número 2364, profundiza el tema Bíblico y nos enseña: "El matrimonio constituye una íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias. Esta comunidad se establece con la alianza del matrimonio, es decir, con un consentimiento personal e irrevocable (GS 48,1) Los dos se dan definitiva y totalmente el uno al otro. Ya no son dos, ahora forman una sola carne. La alianza contraída libremente por los esposos les impone la obligación de mantenerla una e indisoluble".

2. La Fidelidad Conyugal.

El Apóstol San Pablo, en un texto clásico de su carta a los Efesios, invita a los casados a perfeccionar su amor con la consideración de que el matrimonio cristiano es nada menos que figura del amor de Cristo por la Iglesia: "Los maridos deben amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne; antes bien la alimenta y la cuida con cariño, como Cristo a la Iglesia... ¡Gran misterio es este!"

La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra dada. Dios es fiel. El Sacramento del Matrimonio hace entrar al hombre y a la mujer en el misterio de la fidelidad de Cristo para con su Iglesia. Por la castidad conyugal dan testimonio de este misterio ante el mundo. (2365)

Ante las múltiples ideas de los no creyentes y lamentablemente difundidas por la gran fuerza persuasiva de "artistas" y "personas públicas", a través de los medios masivos de comunicación, la Iglesia de Dios, que tutela el cumplimiento de sus preceptos, sostiene y seguirá sosteniendo con toda firmeza y seguridad, que el amor legítimo y verdadero, no está sujeto tan solo al antojo humano, tan inestable, ni tampoco determinado por leyes civiles. Es Dios el autor del Matrimonio y por lo tanto es sagrado, indisoluble, intocable. El amor es de Dios, viene de Dios, necesita a Dios y lleva a Dios. Lo vive la pareja humana, pero no debe separarlo de la Ley Divina. ¡Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre!



3. La Fecundidad Conyugal.

Ya hemos dicho al tratar el Sexto Mandamiento, que la unión sexual es naturalmente procreativa y que no es lícito recurrir al uso de los medios artificiales anticonceptivos. Quede bien claro que usarlos es pecado.

"La fecundidad es un don, un fin del matrimonio, pues el amor conyugal tiende naturalmente a ser fecundo. El niño no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto y cumplimiento. Por eso la iglesia, que está a favor de la vida, enseña que todo acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida. Esta doctrina muchas veces expuesta por el Magisterio, está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por su propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el procreador". (2366)

En contra de las terribles presiones difundidas por los medios de comunicación, parte de un colonialismo sociopolítico, que han impactado fuertemente las conciencias, la Iglesia defiende la moralidad conyugal y al tratar de la regulación de la natalidad, tiene una doctrina bien definida que es preciso estudiar con cuidado para poder espaciar los nacimientos con razones justificadas y sin ofender a Dios ni estropear la dignidad del Matrimonio.

La fecundidad de los Matrimonios, por otra parte, no puede medirse tan solo en términos temporales o terrenos. Sabemos perfectamente que cada niño concebido tiene un alma inmortal y en Cristo está destinado a la vida eterna en la Gloria. Cada hijo del matrimonio es también hijo de Dios por el Bautismo. La santa fecundidad de los cónyuges, hace ciudadanos del Cielo. El documento Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II lo expresa muy bellamente:

"Sea claro a todos que la vida de los hombres y la tarea de transmitirla, no se limita sólo a este mundo y no se puede medir ni entender sólo por él, sino que mira siempre al destino eterno de los hombres" GS 51,4. (2371)

Al dar vida a un niño no se trata de darle en esta vida todo lo necesario para que sea lo más feliz que se pueda, cosa siempre incierta y discutible, sino que hay que hacerlos participar ya desde ahora, por los Sacramentos, de la Vida Divina que Dios nos comunica por la Gracia, para que al término de su vida mortal, llenos de méritos sobrenaturales, lleguen a la presencia y gozo de Dios por toda la eternidad. Engendrar hijos sin educación cristiana, sería echar carne al Infierno... ¡Valiente fecundidad!

EL MATRIMONIO ES UN SACRAMENTO.

Las Leyes de la Iglesia están basadas totalmente en la Sagrada Escritura y consignadas en el Código de Derecho Canónico, constituyendo una portentosa legislación válida y obligatoria para todos los fieles seguidores de Cristo.

En su número 1055 define al Matrimonio Católico de la siguiente manera: "La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de Sacramento entre bautizados".

Con una precisión asombrosa, palabra por palabra, nos ubica en la realidad maravillosa del amor y de la Gracia. La Iglesia y todas las sociedades cultas han descubierto el Matrimonio como el eje, el baluarte, la justificación y dignificación de las relaciones sexuales del hombre y de la mujer.

Sólo en el Matrimonio - y no antes ni fuera de él se cohonestan estas relaciones. Son tan importantes las relaciones conyugales, unen tanto a la pareja, generan hijos para Dios, dan tanta felicidad, que Cristo las santifica y diviniza.

Al amor humano, que puede ser tan banal, tan frágil (somos pecadores), lo convierte en canal de Vida Divina al instituirlo como Sacramento. Dios entra en la relación de la pareja, uniéndola El mismo: el mutuo consentimiento de los esposos, es precisamente la fórmula que Dios emplea para unirlos "hasta que la muerte los separe". "Lo que DIOS ha unido (no tan solo las palabras humanas) no lo separe el hombre". ¡Maravillosa realidad!

El DIVORCIO.

Ante la luz de este principio inconmovible, regulador del Matrimonio, ¿qué se debe pensar y se debe decir del divorcio?

No podemos negar la realidad de que la vida conyugal en muchos casos es sumamente difícil. Todas las ilusiones, todas las palabras y los actos del noviazgo, parecen esfumarse ante las dificultades concretas de la vida matrimonial. Puede llegar el momento en que la vida unidos sea insoportable. Cuando los discípulos le preguntaron a Jesucristo acerca de este asunto (Mt. 19,3-11) y recibieron la tajante respuesta condenando las segundas nupcias de los divorciados, con gran realismo algunos de ellos comentaron "Si esa es la condición del hombre con la mujer, más vale no casarse..."

La Iglesia no puede pasar por encima de la Ley Divina. Nunca aceptará el divorcio entendido como la liberación del compromiso y vínculo matrimonio¡. La fidelidad de la Iglesia a esta doctrina impidió al Papa liberar al rey de Inglaterra, Enrique VIII de su legítima esposa, Catalina de Aragón, para que pudiera unirse a Ana Bolena, aún bajo la amenaza de separar a toda Inglaterra de la Iglesia de Roma. ¡Es la triste historia del inicio de la iglesia Anglicana!

Sin embargo nuestras leyes, el Derecho Canónico, en su número 1151, contempla la necesidad de la SEPARACION FISICA, manteniendo el vínculo matrimonial, cosa muy distinta de lo que se entiende por divorcio.

"El Divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrató, aceptado libremente por los esposos, de vivir unidos hasta la muerte. El divorcio atenta contra la alianza de Salvación de la cual el matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque sea reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente". (2384)

¿Cómo puede justificarse la separación de los esposos? ¿En algún caso pueden casarse de nuevo?

La respuesta más objetiva debe tomar en cuenta tres casos distintos:

1. ¿Se trata de esposos legítimos?

Puede suceder que habiéndose celebrado la ceremonia nupcial, por algún motivo nunca llegó a consumarse el matrimonio o bien que hayan faltado elementos esenciales en el proceso canónico para que el matrimonio haya tenido validez.

El Derecho Canónico contempla varios casos que hacen automáticamente inválido el matrimonio, por ejemplo, que uno de los contrayentes, se haya casado eclesiásticamente con anterioridad, cosa que se da a menudo a pesar de las investigaciones prudentes de cada caso. El primer matrimonio es el verdadero y el segundo no pasó de ser una ceremonia sacrílega e inválida, aunque los dos "contrayentes" hubieren estado de acuerdo en el engaño.

2. ¿Se trata de esposos legítimos pero la separación no lleva al adulterio a ninguna de las partes?

Si no tienen hijos, o estos ya son independientes, pueden obtener la autorización de la Iglesia para separarse. Históricamente se ha dado el caso, por ejemplo, de que en ambos, habiendo cumplido ya sus deberes familiares, optan por la Vida Religiosa y se retiran cada quien a su convento. Si se tienen hijos pequeños, aún por educar, su responsabilidad por ellos les impide la separación.

3. ¿Se trata de esposos legítimos y la separación lleva a otra unión, o sea al adulterio?

El Evangelio de San Mateo nos ilustra tajantemente acerca de lo ilícito y pecaminoso de "segundas nupcias". Si el cónyuge inocente, abandonado de la otra parte, permanece en castidad, no incurre en ninguna sanción eclesiástica.

"Divorcios Eclesiásticos"

Tomando en cuenta los casos antes citados, ¿cómo entender los casos matrimoniales que se dicen "arreglados" por la Iglesia?

Todo depende de una muy importante y esencial distinción: Si el Matrimonio fue desde el principio válido o si por algún motivo fue inválido y no hubo realmente Sacramento del Matrimonio a pesar de la ceremonia.

En sus tribunales eclesiásticos, la Iglesia estudia muy seriamente los casos que se presentan, tomando declaraciones juramentadas de los "esposos" y de testigos fehacientes. El Derecho Canónico contempla varios casos en los cuales no pudo haber sacramento a pesar de la ceremonia y se limita tan solo a declarar la nulidad de esa unión. La Iglesia no tiene poder para divorciar a nadie y tampoco para anular un Sacramento, como vimos en el caso de Enrique VIII.

Si no hubo Sacramento, si la ceremonia fue nula, los demandantes son libres para casarse nuevamente. En caso contrario, permanecen unidos hasta que la muerte los separe.

Atractivo Atávico de las Bodas Religiosas

Muchos casos se dan continuamente de personas casadas pero divorciadas civilmente, que intentan casarse otra vez "por la Iglesia". Desean revestir su adulterio con ropajes religiosos y recurren a toda clase de mentiras y artimañas para lograrlo. Intentan hasta el soborno de los sacerdotes para salirse con la suya.

Aveces todos los involucrados saben del fraude sacrílego: novios, padres, parientes, etc... No se resignan a prescindir de una ceremonia religiosa, aunque saben perfectamente que todo es falso. ¿A quién quieren engañar? El autor del Matrimonio es Dios y al El nadie lo engaña. Podrán salirse con la suya, pero ciertamente los espera el juicio divino al final de sus días.

Sacerdotes "Comprensivos y Modernos"

Tampoco faltan los sacerdotes que ante ciertos casos de adulterio se atreven a "bendecir" la unión adulterina, en contra de todas las leyes de la Iglesia. ¡Dios los perdone! No fueron capaces de oponerse al pecado y se dejaron doblegar por una falsa compasión.

Evidentemente hay casos dolorosísimos, pero no se pueden conculcar los Mandamientos de Dios. Juan el Bautista dio la vida heroicamente denunciando el incesto de Herodes ¡y eso que no estaba unido sacramentalmente!

 

CONCLUSIÓN

Si en algún momento de la humanidad ha habido una urgencia extrema de obedecer los Mandamientos Sexto y Noveno de la Ley de Dios, estos son los tiempos. Totalmente en contra de la corriente mundana, debemos proclamar su tremenda actualidad y educar a los niños y jóvenes en a pureza. No basta, como estamos comprobando, la mera instrucción sexual: es necesaria toda una formación en la castidad, en el amor y temor de Dios, para que puedan sobrevivir en la ola de lujuria que invade todo.

No podemos jugar con la sexualidad humana. La misma existencia de la especie humana depende de ella. Ahora que nos preocupamos tan seriamente por la ecología de nuestro planeta, pensemos que estos dos Mandamientos Divinos, son los más ecológicos que pueda haber. Si debemos salvar delfines, ballenas, lobos y pájaros, ¡con cuanta más razón debemos salvarnos a nosotros mismos!

 







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