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¿Donde esta la voluntad de Dios?
Ten coraje de escuchar la respuesta


Por: Dijanira Silva | Fuente: Cançao nova



A menudo, lo que más deseamos en la vida es saber cual es la voluntad de Dios para nosotros. Rezamos, escuchamos opiniones, leemos la Biblia, pero parece que todavía falta alguna cosa que nos dé la certeza de lo que el Señor quiere para nosotros. En estos días tuve un sueño que me ayudovoluntad en este sentido, por eso que comparto contigo: Yo soñaba con un barco en el alto mar, había dos hombres, uno remando con gran dificultad y el otro contemplando, con calma, sentado a su lado. Era un hermoso paisaje, el mar azul, iluminando por los primeros rayos de sol en aquella mañana de primavera, inspiraba por la serenidad y paz. Sin embargo, me incomodo ver un hombre haciendo tanto esfuerzo remando sólo, y el otro continuaba descansado a su lado. Fue cuando Dios me hizo dar cuenta que lo mismo nos ocurre a veces.

El mar es la libertad que el Señor nos concede por amor; el barco es nuestra vida; el hombre intentando remar solo somos nosotros que queremos manejar nuestra historia con las propias manos y el otro hombre sentado junto contemplando el esfuerzo del compañero, es el Señor que está con nosotros, sin embargo, respeta nuestra libertad y espera el momento en que pedimos ayuda para intervenir. Aún en el sueño, en un dado momento aquel hombre ya cansado, entregó los remos a la pareja y él, con mucho cuidado, condujo la embarcación en el rumo correcto. Fue como escuchar Dios hablar: “Dijanira, Es esto lo que tienes que hacer hoy: entrega el barco de tu vida en mis manos, porque yo sé remar. Estoy aquí a tu lado dispuesto a ayudar. Si sigues insistiendo en remar sola, te vas a cansar y no llegaras donde quieres. Deja que conduzca tu barco, deja que yo reme por ti. ¡Confía en mí!

Me di cuenta que en la búsqueda de discernir la voluntad de Dios, Él nos propone la docilidad, confianza y actitud. Debido que no podemos decir que tenemos fe si no confiamos, y confiar exige la actitud de dejar que Dios “reme” por nosotros.

Tal vez me digas: “Ya fui tan decepcionado(a). ¿Como puedo confiar de nuevo?” Eso es posible con la gracia de Dios! Las personas nos decepcionan, y es natural que sea así. Nadie es perfecto en este mundo y, un día u otro, incluso aquellos que amamos acaban actuando de una manera que no esperábamos, o sea, nos decepcionan. Pero es la actitud de confiar en la gracia divina, que puede actuar en esa persona, que nos impulsa a seguir creyendo. Y con Dios no es distinto, Él es perfecto, pero, a menudo, esperamos que Él, por amor a nosotros, actúe de una determinada manera y cuando no lo hace nos decepciona. En este caso, necesitamos creer en el amor del Señor y comenzar un relación de confianza total en Él para alcanzar la meta, que es siempre la felicidad.

Ciertamente, esta no es una tarea fácil, principalmente porque vivimos en una época como la nuestra, que se habla mucho de seguridad y se busca todos los medios para planear un futuro seguro, la propuesta de confiar en Dios y dejar que Él nos conduzca, parece contradictoria. Sin embargo, me atrevo a testimoniar que mi vida es mucho más feliz desde que empecé a vivir esa experiencia. Por supuesto, es un desafío, a veces me siento débil en la fe e impaciente, pero recomienzo con la gracia de Dios y quiero dar un paso a la vez, todos los días y en cada situación.



Recuerdo un período difícil, en el que yo quería que mi voluntad prevalezca en una relación, pero aun así, rezaba: “Señor, que se haga tu voluntad”. Y realmente Dios Padre hizo su voluntad porque nada fue como yo quería. Sufrí con la decepción y con la perdida, pero nunca dude de la intervención divina. Hoy, cuando recuerdo el hecho, estoy aún mas segura de que el Señor obró y sigo pidiendo con confianza: “Señor, que Voluntaden todo se haga tu voluntad. Toma el remo y conduce mi barco en el inmenso mar de tu amor. Tú sabes lo que es mejor para mí.”

Tal vez, hoy, Dios te esta pidiendo la misma actitud, si es estas en esta situación, no tengas miedo de dar esos pasos. Creo que el primero es hacer una revisión de vida y tener el coraje de preguntar: “Eso que tanto busco, insisto y sueño es voluntad de Dios o soló es mi voluntad?” Uno de las señales para discernir la respuesta es darse cuenta de los frutos de la espera. Lo que es de Dios trae paz y edifica, incluso si pasa por la cruz. Lo que es apego humano no produce buenos frutos, convierte a la persona en amarga, sin brillo, sin vida y sin alegría, y además de volverla ansiosa.

La Madre Teresa de Calcuta, cuando veía a alguien triste, pensaba: “¿Que será aquello que esta persona le esta negando a Dios?” Porque la tristeza del alma estaba muy ligada al apego de la propia voluntad, ya que, si estamos de acuerdo con Dios, no habrá razón para que estemos contrariados, preocupados o angustiados, y en todo que vaya a suceder con nosotros sabremos que todo hay permisión divina, por lo tanto lo recibiremos con alegría, aunque sea difícil.

Las personas que nos conocen y nos aman son grandes instrumentos del Señor para ayudarnos a discernir donde esta su voluntad. Experimenta pedir la opinión de quien confías y sabes que ella(o él) te ama y entonces ten el coraje de escuchar la respuesta. Si es necesario entregar el “barco de tu vida” en las manos del “Gran Navegante”, hazlo hoy y prepárate para enfrentar el alto mar de la vida nueva que Dios tiene para ti.

Traducido por: Thaís Rufino de Azevedo



 

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