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Jason Day y el aborto disfrazado de oveja
Queriéndolo o no, Jason Day se convirtió en el facilitador de una campaña que bajo una bandera benigna y necesaria, quiere legalizar estilos de vida y procedimientos que cuestan más vidas al día que el horror de la violencia sexual


Por: . | Fuente: ACI



Estos no deben haber sido días fáciles para el actor peruano Jason Day. A diferencia de quienes hacemos periodismo católico desde hace décadas, él no está acostumbrado a las presiones y los embates que vienen cuando se asumen posturas públicas en temas controvertidos.

Day decidió ser el rostro público de “Un Billón de Pie”, cuyo objetivo aparente –y digo bien, aparente- es el de combatir un problema trágico: el abuso sexual. Apoyar cualquier iniciativa contra este horror –incluso al interior de la Iglesia- es un deber de mínima decencia humana.

Pero “Un Billón de Pie” es la importación al Perú de “One Billion Rising”, una campaña mundial que bajo la apariencia de combatir el abuso sexual, busca imponer la ideología de género y el aborto legal sin límites. Las conexiones de “One Billion Rising” y su versión criolla con el abortismo mundial son conocidasy están por encima de toda duda.

Queriéndolo o no –y me inclino a pensar que no-, Jason Day se convirtió en el facilitador de una campaña que bajo una bandera benigna y necesaria, quiere legalizar estilos de vida y procedimientos que cuestan más vidas al día que el horror de la violencia sexual. Es decir, la perversión en su mejor expresión: utilizar una causa justa para no hacer NADA al respecto, pero sí promover el aborto y la ideología de género.

No hay un solo ejemplo de cómo “One Billion Rising” haya utilizado los millones de dólares en donaciones para detener un solo abuso sexual; pero sí es evidente cómo ha difundido la ideología del aborto en su versión más vulgar y despreciable, como los llamados “Monólogos de la Vagina” una “obra teatral” que, entre otras cosas, justifica la violencia sexual lésbica contra una menor de edad; y que fue escrita por la fundadora de la campaña que en el Perú representa Jason Day, Eve Ensler.

Ensler es una feminista lesbiana cuyo objetivo público es lograr la legalización universal del aborto y de los “modos de vida alternativos”, mediante la promoción del “V-Day”. Su idea es que el día de San Valentín sea reemplazado por el día de la Vagina. Una “V” por otra. La de un santo por la del órgano genital femenino. ¿Cómo previene eso el abuso sexual? Muy sencillo: no lo previene en un ápice, porque esa nunca fue la intención.

Volvamos a Jason Day. El actor organizó un festival de “Un Billón de Pie” que debía ser un evento masivo. El evento se desinfló y fracasó.

Day, ofendido, echó la culpa del fracaso a ACI Prensa y a la campaña de advertencia que la agencia hizo previo al evento en 2013 y en 2014. Y procedió con la siguiente lógica: para quitarle la credibilidad a ACI Prensa, se la tengo que quitar a su director, Alejandro Bermúdez; y para quitársela, se la tengo que quitar a la institución a la que pertenece, el Sodalicio de Vida Cristiana.

¿Su paso siguiente? Publicar una columna en el diario La República donde hacía abiertamente la conexión ACI Prensa-Sodalicio y lanzaba lo que creía una bomba: la descripción de un encuentro con un sacerdote sodálite en una sacristía, presentada como un intento fallido de abuso sexual y que en las mismas palabras defensivas posteriores de Day, “no constituyó un crimen”.

El actor no quiso dejar ninguna duda sobre el objetivo estrictamente vengativo del momento y el modo de su denuncia, y tituló su columna “Esto sí es Guerra”

El testimonio de Day, un personaje en alza en la voluble farándula limeña, corrió como reguero de pólvora ese fin de semana. Y ACI Prensa hizo lo que tenía que hacer y lo que tiene que seguir haciendo: no sólo contar el “qué” –para eso hay más que suficientes medios en el Perú- sino el “por qué”.

La descripción de Day estaba plagada de agujeros de fechas, lugares y circunstancias. Además, Day, que dice que la mejor solución contra el abuso sexual es denunciar los hechos y denunciar al victimario, se negó y se sigue negando a dar el nombre del supuesto semi abusador.

Pero eso no era lo más importante: la denuncia pretendía distraer el tema en discusión: si la campaña “Un Billón de Pie” era un medio real para combatir el abuso sexual; o más bien un medio de trasbordo cultural y mediático del aborto y la ideología de género.

Estos cuestionamientos legítimos planteados por la agencia a lo largo de la semana suscitaron algunas expresiones de indignación sobre la supuesta “falta de compasión” y de “espíritu católico” de mi parte y de ACI Prensa, por no “compadecernos” de Day y de su historia. Algunas de estas expresiones de indignación deben ser legítimas. Pero buena parte de ellas forman parte de ese elaborado teatro japonés llamado “kabuki” que el abortismo mundial –y local- tiene montado: como no tiene argumentos para justificar el horror de asesinar a un niño no nacido en el vientre de su madre, trata de atacar la credibilidad de la voz más potente a favor de la vida, la Iglesia Católica, acusándola de “pedófila”.

ACI Prensa no ha caído ni va a caer en esa trampa. Hay pedófilos en la Iglesia, sí. La denuncia de Day, si él lo desea, puede seguir un curso legal. Eso está en las manos de Day, y si hay alguien que debe pagar por ello en el Sodalicio, que lo haga. Tampoco eso está en discusión.

Pero esperar que la denuncia a medias del actor haga que ACI Prensa deje de seguir denunciando la estafa moral que supone “Un Billón de Pie” y otras maniobras promovidas por conocidas organizaciones abortistas, es simplemente no comprender la razón de la existencia de esta agencia. Precisamente para momentos como éstos es que existimos. Cuando al intimidado se lo quiere presentar como intimidador, cuando al abusado como abusador, y al que propone legítimas objeciones éticas y sociales, como el “fanático intolerante”.

Y porque existimos precisamente para estos momentos, las organizaciones abortistas pueden ahorrarse el esfuerzo de acumular firmas de la farándula peruana para seguir con el kabuki. El kabuki, para nosotros, ha sido descubierto y desarmado. Y eso quiere decir que ACI Prensa seguirá denunciando éste y cualquier otro montaje contra los valores que comparten la gran mayoría de peruanos. Para nosotros, es un día más de trabajo y de servicio. Y Jason Day y los que mueven los hilos por detrás de “Un Billón de Pie” pueden estar seguros de que ya estamos listos como agencia para la próxima ronda el 2015 y para cualquier otro conato contra la vida en el intermedio.

Una palabra final para Jason Day. Como todo joven ambicioso, Jason quiere inmortalizarse. Y sabe que los Brad Pitt, aún con nombre inglés, no nacen en el Perú. Y de allí su deseo, meritorio, de querer inmortalizarse con una campaña de impacto social. Pero Jason debería preguntarse si la maquinaria abortista que le hizo creer que estaba en control del coche, y que hoy está considerando seriamente abandonarlo, es la que realmente lo pondrá en el cuadro que anhela en la historia. Hay muchas causas nobles. Cualquiera de ellas puede beneficiarse de los talentos de Jason y responder al anhelo que hoy “Un Billón de Pie” le viene negando.

 







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