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Tradición de besapies

La historia del Cristo de Medinaceli
La veneración de miles de madrileños tiene su origen en la historia y leyenda de esta imagen del siglo XVII


Por: m.arrizabalaga | Fuente: www.abc.es



Cada primer viernes de marzo, miles de madrileños hacen cola durante horas para besar los pies de Jesús de Medinaceli, una imagen de Cristo de la primera mitad del siglo XVII que arrastra una rocambolesca historia.

Tallada en Sevilla como los Cristos «de la Sentencia», fue llevada por los capuchinos hasta la plaza fuerte de La Mamora o Mámora, en Marruecos, conquistada en 1614 por los españoles para luchar contra la piratería y rebautizada como San Miguel de Ultramar. Cuando en abril de 1681 el rey Muley Ismail tomó la ciudad, hoy conocida como Medhía, la imagen fue arrastrada por las calles de Mequinez y sometida a todo tipo de vejaciones, burlas y ultrajes por los sarracenos.

«Lleváronlas al Rey (las imágenes incautadas), el qual diziéndoles palabras afrentosas y haziendo burlas dellas, les mandó ultrajar y echar a los Leones para que las despedaçassen como si fueran de carne humana. Al hermosísimo busto de Iesvs Nazareno le mandó el Rey arrastrar, y echar por un mvladar abaxo, haziendo burla y escnario del retrato hermoso…»

Francisco de Sandoval y Roxas, que participó en el rescate, relató en una carta el cautiverio de 250 soldados y 45 mujeres niños, «y lo que más tenemos que llorar y sentir es no sé cómo llegar a declarar lo que mis jos vieron, sin perder la vida a manos del dolo) aver visto al Sagrado Retrato de Jesús Nazareno por segunda vez entregado a moros y judíos».

La Orden de los Trinitarios, dedicados al rescate de los cautivos, pagó en oro el peso de la figura, según cuenta la leyenda. El plato de la balanza se equilibró cuando alcanzó el mismo precio que cobró Judas por entregar a Jesús: treinta doblones de oro, que han dado título a la última novela histórica de Jesús Sánchez-Adalid. De ahí que el Cristo lleve la cruz de los trinitarios, roja y azul, como portaban agradecidos de por vida tantos cautivos liberados por los trinitarios.



La imagen pasó por Tetuán, Ceuta, Gibraltar y Sevilla, hasta su llegada en el verano de 1682 al convento de los Padres Trinitarios de Madrid, junto al que se levantó una capilla donada por los Duques de Medinaceli. «Todo Madrid» asistió a la primera procesión que se organizó ese mismo año, desde el pueblo sencillo hasta la casa real. Así lo recoge la web de la Parroquia de Jesús de Medinaceli, que señala cómo desde entonces, algún miembro de la familia real acude a la romería del primer viernes de marzo.

El decreto de Desamortización de Mendizábal de 1836 obligó a la imagen a trasladarse a la iglesia de San Sebastián de Madrid, donde permaneció diez años hasta que por influencia del Duque de Medinaceli regresó a la capilla de los Trinitarios. En 1890 fue derribado el convento de los Capuchinos y sus patronos, los duques de Medinaceli, instalaron en 1895 en su nueva capilla la imagen del Cristo.

La Guerra Civil obligó a peregrinar de nuevo al Cristo de Medinaceli, cuya imagen habían salvado de un piquete de revolucionarios los devotos y vecinos del convento el 13 de marzo de 1936. Los frailes la ocultaron en el sótano del convento, pero fue descubierta y entregada a la Junta del Tesoro que la trasladó a Valencia, de allí a Barcelona y finalmente con todo el Tesoro Artístico a la ciudad suiza de Ginebra.

En 1939 regresó a Madrid, donde fue llevada en un primer momento al monasterio de la Encarnación y, en solemne procesión el 14 de mayo, hasta el altar de su templo, nombrado basílica en 1973, donde desde entonces el Cautivo recibe la veneración de sus devotos.









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