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¿Entonces que es la sexualidad?
Una verdadera


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



La sexualidad ¿es algo corporal o espiritual?

“La Iglesia prefiere, más que de sexo, hablar de sexualidad, porque la sexualidad afecta a toda nuestra vida y no solo a una parte de ella, a un órgano o a un deseo particular. La sexualidad, por otra parte, tiene distintas dimensiones: genética (hombre y mujer tienen distinto ADN), gonádica (diferentes órganos sexuales), fisiológica (distinta forma del cuerpo), psicológica (tenemos distinto modo de ser, de reaccionar afectivamente) y, por último, espiritual (la sexualidad toca a nuestro mismo centro como personas, a la manera en que amamos y somos amados). No son dimensiones separadas, sino que todas se unen en nuestro cuerpo, que es la fuente de donde brotan nuestras vivencias. Ser hombre o ser mujer no es un simple dato que ponemos en nuestro pasaporte, sino una dimensión de nuestra identidad, un modo de responder a la pregunta fundamental: “¿quién soy yo?” Pensemos, por ejemplo, en lo importante que es haber recibido la vida de otros, haber sido engendrado del amor de nuestros padres. Y también en la capacidad que tenemos para dar vida a otras personas. Esto no es accesorio, sino central para nuestra vida, y está unido a la sexualidad. Por eso la sexualidad no es solo una atracción hacia la otra persona, sino también un elemento que nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos, a partir del cual nos formamos a nosotros mismos y nuestras relaciones.”

¿Qué es la castidad?

Castidad, no es otra cosa sino el dominio de la sexualidad por la razón para aprender a respetarse a sí mismo y a los demás.
Cuando el pecado se convierte en hábito, su dependencia dificulta cada vez más discernir lo bueno y lo malo.
La puerta del amor se abre hacia afuera, siempre hacia los demás, y se llama felicidad. En cambio, la del placer se cierra con el candado del egoísmo. El amor dura. El placer se acaba. Recuérdalo siempre: cuando se persigue denodadamente el placer por el placer, desaparece porque le falta su fundamento: el amor

La infidelidad y los anticonceptivos

“Infelizmente se va difundiendo por el mundo un mensaje engañoso de felicidad imposible e inconsistente, que sólo arrastra consigo desolación y amargura. La mejor defensa de la familia es la fidelidad” (Juan Pablo II – Río de Janeiro).

La infidelidad es la ausencia de todo: ausencia de diálogo, de comunicación, de apoyo, es la ausencia de adaptación, unión, comprensión y voluntad, es falta de entendimiento mutuo, de pensar y preocuparse uno del otro. Del egoísmo en lugar de dar lo mejor de sí. Del solo buscar el bien personal sin pensar en el otro. La infidelidad es la falta de respeto a uno mismo.
La infelicidad es también originada por no tener idea del bien y del mal (relativismo), de lo correcto y de lo incorrecto. Al excluir a Dios de nuestra vida, al restarle importancia a la dignidad de la persona, el vivir sin importarnos los sentimientos y la dignidad del ser humano; Donde el hombre y la mujer se convierten en objetos de uso desechable (“úsese y deséchese), donde el amor se interpreta como una simple energía que hay que desahogar y hay que unirla al placer y a la diversión, a la depravación, a donde lo que solo importa es el intercambio sexual instintivo y simulado de un sentimiento muy lejos de sentir y de conocer. Donde el concepto de moral se desconoce y por la misma ignorancia se asegura que es algo fuera de moda y que sólo impide la verdadera "felicidad"... nos cae a la medida para nuestra irresponsabilidad el "apoyo" que se nos da con la "educación sexual" y se nos lleva, se lleva al adolescente y al joven a inculcarle, a convencerlo, a confundirlo aun más donde lo único que importa es el desenfreno sexual, la irresponsabilidad, la degradación disfrazándola de responsabilidad y "convenciendo" subliminalmente que todo es permitido y que sólo se recomienda usar todo tipo de preservativos y el argumento: se puede todo, sólo hay que "cuidarse". Hay que tener contacto de epidermis indiscriminadamente, solo hay que hacerlo con “responsabilidad"

La simple instrucción sexual nos ha traído consecuencias desastrosas, pero para no aceptar la realidad, la responsabilidad, y el compromiso de formar con un buen ejemplo, se argumenta que la iglesia y la moral no tienen nada que ver en esto. Para no aceptar los beneficios y las bondades de los verdaderos valores, todo se pretende sustituir y solucionar repartiendo preservativos por todos lados. Es más fácil repartir millones de condones para ambos sexos que formar en el respeto, la dignidad y el verdadero amor.

Con repartir preservativos a diestra y siniestra se busca combatir los efectos pero no las causas. Con esto se agrava el problema. Lo que se necesita es formar desde el interior de la familia personas honestas, responsables, convencidas, orientadas debidamente, guiadas y conscientes.

En la familia, los padres son los que deben formar y hablar de sexualidad con sus hijos y sobre todo dar ejemplo porque es la mejor formación que los hijos jamás olvidarán.

El uso del condón solo propicia la promiscuidad y las relaciones sexuales indiscriminadas e irresponsables entre los niños, adolescentes jóvenes y muchos adultos. Con preservativos tal vez no se infecte el organismo, pero se estará justificando el uso inmoral del sexo, así como las diferentes formas del libertinaje e infidelidad, violaciones, agresiones y violencia. ¿A dónde quedará la seguridad de nuestras hijas y esposas?

No es correcto, ni se justifica el uso de preservativos para vivir una sexualidad irresponsable. El problema no son solo los efectos sino las causas. El desconocimiento del verdadero amor y de respeto.

¡Nada de improvisaciones!

La educación sexual debe comenzar con la aceptación del problema en el que estamos inmersos y de comprometernos a salir de el. Necesitamos crear un ambiente verdaderamente familiar y comenzar por desechar los malos hábitos y dejar de confundir la verdadera libertad con libertinaje.
Necesitamos que exista un verdadero diálogo, una verdadera comunicación entre padres e hijos, donde se oriente, donde se impulse a la superación, donde se aprenda a tener objetivos definidos, a desarrollarse, a mejorar. A formar seres con espíritu de lucha, de esfuerzo, constantes, decididos, de éxito y generosos. Es nuestro deber ayudarles a encontrar su vocación (aptitudes y capacidad), que tengan habilidades y que sirvan a los demás; que no sólo busquen algo para salir del paso. Que adquieran la habilidad, la capacidad para decidir, que tengan personalidad (cualidades), pero que no sean personalistas, la vocación no se improvisa. Que aprendan a tener ilusiones; donde se les proporcione a los hijos todo el apoyo para planear su vida. Donde se aprenda que siempre hay que “pensar para actuar y no actuar para pensar”. Ayudemos a prevenir los riesgos, asesorémonos y asesoremos sobre las consecuencias y la responsabilidad de traer un nuevo ser al mundo. Prevengamos, concienticemos de que el abuso y el libertinaje, tiene sus riesgos, y, uno, puede ser el embarazo no deseado, sin contar con los riesgos de salud y el aspecto moral, emocional y afectivo, madres solteras, hijos sin padre, abortos, niñas o adolecentes embarazadas, acoso laboral, etc.
Un joven sin una verdadera formación familiar, ni moral, que propone relaciones sexuales en forma libertina, ¿qué garantía nos da que en sus anteriores amoríos no se ha contagiado de algo grave? Los adolescentes y jóvenes desorientados, confundidos, y aturdidos se les empuja a conductas de riesgo, que se convierten en una bomba de tiempo en manos inexpertas.
La vida no se improvisa si no se quiere sufrir las consecuencias, la vida se planea. ¡Nada de precipitaciones! De descuidos y de ligerezas - inconstancia, inestabilidad y de aturdimiento. El corazón se hizo para amar y la cabeza para pensar, porque ahora se ama con la cabeza y se piensa con el corazón. Sólo dando a cada miembro su respectiva función se evitaran muchos daños irreparables e innecesarios.

El valor de la vida

Antes del profesionista, del intelectual, del político, del científico, del empresario, del banquero, del economista, debe estar el ser humano. El ser humano, esa persona creada por Dios, con capacidad de raciocinio, de inteligencia y de voluntad. El ser humano debe ser el centro de toda actividad, de la ciencia y de la economía.
Pero, cuando es más importante el poder y la riqueza, cuando nos olvidamos del ser humano y lo tratamos como un objeto a nuestro servicio, cuando convertimos al ser humano como un elemento, como una mercancía que se le manipula sólo por intereses de una minoría, que degradamos su dignidad y que le arrebatamos el derecho a la vida y al amor, estamos cayendo en una completa deshumanización. Un título profesional no es garantía de ser una persona con valores.

Ayudemos a nuestros hijos

Ante la actual confusión de valores los jóvenes no saben qué hacer con su vida y es nuestra responsabilidad ayudarlos a encontrarse consigo mismos y que valoren el don más precioso…la vida.
La sexualidad enfocada solo a la gonádica (diferentes órganos sexuales) como aparatos reproductores lleva un enfoque revolucionista, simplista y comercial. Ocasionando la degradación de valores por falta de formación, comprensión, diálogo y comunicación familiar. El principio fundamental de la educación sexual, es el ejemplo.
“La educación para el amor como don de sí mismo constituye también la premisa indispensable para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educación sexual clara, delicada y en el tiempo oportuno (atención personalizada). Ante una cultura que “banaliza” en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacionándola únicamente con el cuerpo y el placer egoísta, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal” (Familiaris Consortio 37).
“Tanto a los padres de familia como a la Iglesia no nos queda ninguna duda sobre la necesidad de educar a los adolescentes en una de las dimensiones más ricas de la persona: su sexualidad. Esta educación sexual, necesaria para el desarrollo integral del ser humano, debe darse partiendo del reconocimiento de su sentido más amplio, a saber, la donación y comunión entre las personas. Precisamente por ello, se deben evitar los reduccionismos e impartirse de manera oportuna e integral, haciendo descubrir la belleza del amor, el valor humano del sexo y su ejercicio responsable .Tal educación no puede reducirse a mera información o únicamente a la perspectiva de la biología de la reproducción, sino que debe tener en cuenta los valores morales, el desarrollo psicológico y afectivo, y también la dimensión espiritual, so pena de caer en una mentalidad exclusivamente hedonista que podría causar graves daños en la maduración psicológica y afectiva de las personas” (Educación sexual/ escrito por Desde la fe 16/08/2006)
“La sexualidad es un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano” (Sexualidad humana: Verdad y significado 10. “La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no sólo en el plano físico, sino también en psicológico y espiritual con su huella consiguiente en todas sus manifestaciones.” (Sexualidad humana: Verdad y significado 13) “Orientaciones educativas en familia” (Pontificio Consejo para la Familia)
“Una verdadera “formación” no se limita a informar la inteligencia, sino que presta particular atención a la educación de la voluntad, de los sentimientos y de las emociones”. (Sagrada congregación para la educación católica “Orientaciones educativas sobre el amor humano”).

En la Familiaris Consortio el Santo Padre nos enseña: “La Iglesia se opone firmemente a un sistema de información sexual separado de los principios morales, tan frecuentemente difundido, que no es sino una introducción a la experiencia del placer y un estímulo para perder la serenidad, abriendo el camino al vicio desde los años de la inocencia” (Sexualidad humana: Verdad y significado 64) “Orientaciones educativas en familia” (Pontificio Consejo para la Familia).