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Tema 3. Martirio y traslado del cuerpo de Santiago

Tema 3. Martirio y traslado del cuerpo de Santiago
Semana 3. La leyenda dorada de Santiago El Mayor. 15 octubre 2012


Por: Varios | Fuente: Catholic.net



Queridos compañeros:

Entramos en la tercera etapa y esto, cada vez, se pone más interesante.

En esta ocasión tenemos un texto muy corto, que es el que realmente vale, tomado de los Hechos de los Apóstoles.

Por los hechos sabemos que Santiago vuelve a Jerusalén y es martirizado por orden de Herodes Agripa I, rey de Judea, hacia el año 43.

Tenemos también un texto largo, donde se nos explica que es la Leyenda Dorada, y un texto muyyyy largo acerca de la Leyenda Dorada de Santiago el Mayor.

Nos adentramos en la parte "fuerte" del Camino, donde empezaremos a encontrar obstáculos con los que no estamos familiarizados y que tendremos que salvar basándonos en el Magisterio de la Iglesia.

Vamos tras las huellas del Apóstol!!!

Ultreia!!!






Hechos de los Apóstoles. Capítulo 12

1 Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.

2 Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan,

3 y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de «los panes Acimos».



Esto es lo que sabemos, por la Sagrada Escritura, del martirio de Santiago. La "historia" de su martirio y el traslado de su cuerpo se hizo popular, especialmente, por la "Leyenda Dorada" de Santiago de la Vorágine.





¿Qué es la Leyenda Dorada?

«Como Leyenda dorada o, en latín, Legenda aurea se conoce a una compilación de relatos hagiográficos reunida por el dominico Santiago (o Jacobo) de la Vorágine, arzobispo de Génova, a mediados del siglo XIII. Titulada inicialmente Legenda Sanctorum ("Lecturas sobre los Santos"), fue uno de los libros más copiados durante la Baja Edad Media y aún hoy existen más de un millar de ejemplares incunables.

La Legenda aurea fue creada con la intención de propiciar la religiosidad popular, y cumplió su propósito, pero a costa de la verosimilitud y la fidelidad histórica, como denunciaron los humanistas Juan Luis Vives y Melchor Cano. Aunque, sin duda, hay que tener en cuenta que el sentido medieval de la historia era distinto que el de la Edad Moderna. De muchas historias no hay fuente comprobada (aunque se esfuerza por citar muchas veces autores en los que supuestamente se basa) y no existe sentido crítico alguno sobre los hechos, acumulados de forma heterogénea y sin discernimiento, de forma que incluso es posible encontrar alusiones a hechos de la vida de Buda en la historia de Barlaam y Josafat. En algunas de sus historias toma datos de textos apócrifos.

El prestigio de la obra fue sin embargo inmenso entre los artistas, que utilizaron sus conmovedoras narraciones para pintar y esculpir escenas devotas a lo largo de la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco».

  • Leer el texto completo


  • Y aquí va un resumen de la Leyenda Dorada de Santiago el Mayor. Ya sé, es un poco largo, pero vale la pena leerlo, siempre teniendo en cuenta que NO es la Biblia, NO es la Palabra de Dios sino un relato piadoso. Lo que dice aquí puede ser cierto o no, puede contener parte de verdad o puede ser una narración que se ha ido transformando con el paso del tiempo al transmitirse de generación en generación. Durante este curso vamos a leer muchas historias, mitos, leyendas... y gran parte de ellas no serán tan doradas como esta, sino más bien tirando a negras, por lo que es importante formarnos un criterio cuando leamos. Por ejemplo: quién lo escribió, cuales eran sus creencias, con que objetivos, en qué época, qué nos enseña la Iglesia al respecto.

    Cada uno que comente en el foro un pedacito, lo que más les llame la atención. Es importante, a partir de ahora, dar una opinión de lo leído y comentar lo que los otros escriben cuando nos desviemos del Camino.

    Recordar!
    El Camino en este trayecto comienza y termina aquí:
    Hechos 2, 2 Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan



    Preparados???





    SANTIAGO EL MAYOR
    Resumen de La Leyenda Dorada. Vol I
    Santiago de la Vorágine
    Alianza Editorial, 1996. cap 99, pp 396-405



    De cuatro maneras diferentes es designado este apóstol: Santiago de Zebedeo, Santiago hermano de Juan, Boanerges o hijo del trueno y Santiago el Mayor. Zebedeo significa donante y donado.

    Donante en cuanto al martirio; donado porque Dios nos lo donó a nosotros. Hermano de Juan porque hubo extraordinaria semejanza en el modo de ser y obrar; y ambos se mostraron parejos en su celo y en sus aspiraciones. Se le llama hijo del trueno por la conmoción que su predicación producía. Se le llama el Mayor para diferenciarlo del Menor o sea, Santiago, hijo de Alfeo.. Fue el Mayor porque fue llamado el primero; porque tuvo mayor familiaridad con Jesús y porque fue martirizado el primero.

    1. Santiago predicó en Judea y Samaria., trasladándose a España y sembrando en sus tierras la palabra de Dios; pero viendo que el fruto era escaso y sólo había reclutado nueve discípulos dejó allí a dos de ellos y regresó a Judea. Un mago llamado Hermógenes envió a su discípulo Fileto con un grupo de fariseos para que tratase de convencer a los judíos de que todo lo que Santiago les predicaba era falso. Santiago convenció a Fileto. Éste regresó junto a Hermógenes diciéndole que tenía la intención de convertirse en discípulo de Santiago. Al oír esto Hermógenes recurriendo a sus artes mágicas inmovilizó a Fileto. Le decía con sorna: Ahora veremos si tu Santiago es capaz de devolverte el movimiento que te he quitado. Fileto envió a un criado a contar lo sucedido a Santiago. El apóstol tomó su pañuelo y se lo entregó al recadero diciendo: Vuelve donde está tu amor, entrégale esta prenda y que manteniéndola en sus manos diga: ‘El Señor levanta a los que están en el suelo y devuelve el movimiento a los miembros paralizados’.

    Fileto recuperó el movimiento y acto seguido se separó de Hermógenes y se fue en busca de Santiago. Hermógenes, rabioso de ira, solicitó la ayuda de demonios y les encargó que trajesen a Santiago y a Fileto maniatados. Muchos demonios se congregaron en el lugar donde el apóstol predicaba y comenzaron a aullar diciendo: Oh Santiago Apóstol! Ten compasión de nosotros! Aún no nos había llegado la hora y ya estamos abrasándonos! Santiago les preguntó: ¿A qué habéis venido? Ellos le respondieron: Hermógenes nos envió para apoderarnos de ti y de Fileto, pero un ángel nos amarró con cadenas de fuego. Santiago dijo: el mismo ángel de Dios que os encadenó os desencadenará. Id a Hermógenes, echadle mano y sin hacerle daño traédmelo. Los demonios así lo hicieron. Los demonios dijeron a Santiago: Danos potestad sobre ese hombre; queremos vengarnos.

    Santiago les dijo: Ahí tenéis a fileto. ¿Por qué no lo apresáis?. Respondieron: Nosotros no tenemos poder ni siquiera para arrimar nuestras manos a una hormiga .Santiago dijo a Fileto: Conforme a las enseñanzas de Cristo desata a Hermógenes. Fileto desató a Hermógenes y éste quedó confuso.

    Santiago, mirándole, le dijo: Hermógenes, estás libre. Hermógenes manifestó: No me atrevo a marcharme, porque los demonios me matarán. Ten esto- díjole el apóstol – ofreciéndole su propio bastón. Hermógenes se fue y trajo consigo todos los libros que solía utilizar para sus encantamientos y pidió a Santiago que los quemara. Santiago pidió a Hermógens que los echara al mar. Éste se prostó a sus pies y le suplicó: ¡Acoge bajo tu protección a este desgraciado que, arrepentido, quiere vivir junto a ti! El antiguo mago se convirtió y llegó a realizar obras extraordinarias.

    Los judíos se presentaron alborotados ante Santiago tratando de impedir que siguiera predicando la doctrina de Cristo crucificado. Santiago, empero, recurriendo a las Escrituras, les demostró como en Jesús se habían cumplido muchas de las profecías. Muchos de los judíos se convirtieron. Esto provocó tan enorme indignación en Abiatar, Sumo Pontífice aquel año, que sublevó al pueblo contra el apóstol. Algunos amotinados lograron apoderarse de él, le ataron una soga al cuello, lo condujeron a presencia de Herodes Agripa y consiguieron que éste lo condenara a muerte. Cuando lo conducían al lugar en que iban a degollarlo, un paralítico que yacía a la vera del camino comenzó a invocar al apóstol y a pedirle a voces que lo curara. Santiago le dijo: En nombre de Jesucristo te ordeno que te levantes del suelo y que bendigas al Señor. El paralítico se levantó, sintiéndose totalmente sano, y prorrumpió en acciones de gracias a Dios.

    Al ver este prodigio, el escriba Josías, que había puesto la soga al cuello de Santiago arrojóse a los pies del santo, le pidió perdón y le suplicó que lo recibiera como cristiano. Pero Abiatar, agarró a Josías, lo zarandeó y le dijo: Si ahora mismo no maldices a Jesucristo, haré que degüellen al mismo tiempo que a Santiago. Josías respondió: A quien maldigo es a ti. ¡Maldito seas tú, y maldito todo el tiempo que vivas!!Bendito sea el nombre de mi Señor Jesucristo por los siglos de los siglos!

    Abiatar ordenó abofetear a Josías y envió un mensajero a Herodes solicitando el permiso para decapitarlo. Llegados al sitio Santiago pidió al verdugo una redoma con agua. El verdugo se la proporcionó. Con aquella agua bautizó el apóstol a Josías e inmediatamente ambos fueron decapitados.

    La degollación de Santiago ocurrió un 25 de marzo, día de la Anunciación y encarnación del Señor.

    El 25 de julio su cuerpo fue trasladado a Compostela. La confección de su mausoleo comenzó en agosto. Sus restos fueron enterrados el 30 de diciembre. Habida cuenta que la fecha del 25 de julio corresponde a una estación bonancible, la Iglesia determinó que en ella se celebrase en todas partes la fiesta de este apóstol.

    El maestro Juan Beleth nos narra el hecho de la traslación. Según ese relato, Poco después de que el santo fuese degollado, una noche algunos de sus discípulos se apoderaron del cuerpo del apóstol y llevándoselo consigo se embarcaron en una nave; pero como ésta carecía de gobernalle pidieron a Dios que los guiara con su Providencia y los condujera a donde él quisiese que aquellos venerables restos fuesen sepultados. Conducida por un ángel del Señor la barca comenzó a navegar y
    navegando continuó hasta arribar a las costas de Galicia, región de España, que por aquel tiempo estaba gobernada por una mujer justamente llamada Loba, puesto que como loba se comportaba en el ejercicio de su gobierno. Al llegar a tierra desembarcaron el cuerpo y lo colocaron sobre una inmensa piedra, la cual, como si fuese de cera, repentinamente adoptó la forma de un ataúd y se convirtió milagrosamente en el sarcófago del santo. Seguidamente los discípulos del apóstol fueron a ver a la reina Lupa o Loba y le dijeron: Nuestro Señor Jesucristo te envía el cuerpo del apóstol Santiago, porque quiere que acojas muerto y con benevolencia al que no quisiste escuchar cuando estaba vivo.

    A continuación le refirieron el gran prodigio de haber llegado hasta allí a través de la mar, un barco sin gobernalle, y le pidieron que tuviese a bien indicarles dónde podrían enterrar decentemente el cuerpo del santo. Cuando terminaron de hablar, la reina, que era muy astuta, disimulando sus pérfidas intenciones, les aconsejó que fuesen a ver al rey de España y que le expusieran todo aquel asunto, asegurándoles que él estaba en mejores condiciones que ella para dar una respuesta conveniente a su demanda. El rey, tras de oír a sus visitantes, los detuvo y los encarceló; pero una noche, mientras el rey dormía, un ángel del Señor abrió las puertas de la prisión a los prisioneros y les ordenó que huyeran. A la mañana siguiente, el rey, enterado de que los presos se habían fugado, mandó a sus soldados salir en su persecución. Al pasar los soldados por un puente, éste se derrumbó, ellos cayeron al río y se ahogaron. El rey, se llenó de miedo y, temiendo que pudieran ocurrir nuevos infortunios se arrepintió de su anterior modo de proceder y mandó buscar a otros soldados en busca de los fugitivos con el encargo de regresar sin temor alguno. Los discípulos del apóstol recibieron licencia para predicar libremente en tierras del rey. Al cabo de poco tiempo convirtieron a todos los habitantes de la ciudad en que el rey vivía. Se enteró Lupa con gran disgusto , y como era soberbia y mala, dijo a los discípulos: Elegid en las tierras de mi reino el lugar que mejor os pareciere para enterrar a vuestro apóstol. En un monte cercano hay muchos bueyes. Tomad los que preciséis, enganchadlos a una carreta y transportad en ella el cuerpo de Santiago. Bajo esta apariencia de generosidad ocultaba Lupa sus intenciones de auténtica loba: los bueyes eran salvajes y en cuanto trataran de aproximarse aquellos hombres – pensaba la reina – quedarían malparados; y si lograban acercarse a los toros, uncirlos a la carreta y colocar sobre ella el cuerpo del santo, los bueyes saldrían disparados sin rumbo fijo y se precipitarían locamente monte abajo. Pero de nada sirven contra Dios los habilidosos cálculos. Los discípulos fueron al monte en busca de los bueyes. En un lugar del camino salióles al paso un enorme dragón vomitando enormes llamas de fuego. Al ver aquel monstruo hicieron la señal de la cruz y la bestia reventó.

    Continuaron su marcha. Al llegar al sitio advirtieron que se trataba de reses bravas, hicieron la misma señal y los toros se tornaron mansos como corderos. Tomaron dos de aquellos bueyes, los condujeron hacia el carro, los engancharon a él, colocaron el cuerpo del apóstol y en cuanto el cuerpo estuvo dentro del carro, los bueyes, sin que nadie los guiara, se pusieron en marcha y se dirigieron al palacio de Lupa y se pararon en el gran patio. La reina quedó estupefacta., se arrepintió de sus perversos propósitos y se convirtió. Concedió a los discípulos cuanto le pidieron y les regaló el palacio para que instalasen en él una iglesia dedicada al apóstol. Sufragó las obras, hizo donaciones, cedió todos sus bienes y entregase a una vida santa. Al cabo de unos años falleció
    piadosamente.

    2. El papa Calixto refiere el siguiente caso: Un hombre de la diócesis de Módena, llamado Bernardo, fue hecho prisionero y encerrado en el sótano de una torre. Cargado de cadenas. Él invocó al apóstol Santiago . Éste lo libró de las cadenas y le dijo: ‘Ven conmigo a Galicia’.

    Bernardo colgó las cadenas en su cuello, subió a las almenas de la torre y se arrojó a la calle. A pesar que tenía 70 codos de altura llegó alsuelo sin la más leve lesión.

    3. Un hombre había cometido un delito gravísimo. Temiendo que el obispo no quisiese absolverle, escribió su pecado en una esquela, metió ésta en un sobre en el que puso la dirección del apóstol Santiago y el día de su fiesta colocó la carta en la mesa del altar dedicado a él, rogándole que su pecado fuese perdonado. Un rato después retiró la carta, la abrió y comprobó que el escrito estaba borrado, y agradeciendo a Dios y al apóstol el favor recibido, publicó entre sus conciudadanos lo que le había sucedido.

    4. Hacia el año 1070 treinta caballeros forenses decidieron ir todos juntos en peregrinación a Santiago, y todos ellos, menos uno, suscribieron el compromiso de ayudarse mutuamente. Yendo todos en caravana hicieron un alto en el camino porque uno de ellos cayó enfermo. Al cabo de quince días, como el enfermo no mejoraba, todos sus compañeros a excepción del que no había firmado el compromiso, reanudaron su viaje hacia Compostela, desentiéndase del enfermo que quedó en la base del monte de San Miguel. Hacia el atardecer del mismo día el enfermo murió. El peregrino que había quedado con él, al verse sólo en un paraje solitario de una región cuyos habitantes tenían fama de bárbaros y al observar que la noche se echaba encima, comenzó a sentir los efectos del miedo; mas de pronto se le apareció Santiago montado en un caballo blanco, lo tranquilizó y le dijo: ‘Dame para acá el muerto; sube luego a mi caballo y colócate detrás de mí’.Cabalgaron toda la noche y tan de prisa, que antes del amanecer habían cubierto la distancia de quince jornadas de camino. Llegados a Montealegre, que dista media legua de Compostela, el apóstol dijo al peregrino: ‘Apéate del caballo, ve a la ciudad de Santiago, y di a los canónigos de la catedral que vengan a enterrar a este muerto, y cuando veas a tus compañeros les dices de mi parte que su peregrinación no les ha servido para nada por haber faltado al compromiso’. El peregrino cumplió el encargo. Posteriormente, cuando sus compañeros lo vieron, quedaron sorprendidos de que en tan poco tiempo hubiera recorrido un camino tan largo; pero su sorpresa fue mayor cuando tuvieron noticia del recado que Santiago había dejado para ellos.

    5. Hacia el año 1020 un alemán y su hijo salieron de su tierra en viaje de peregrinación a Santiago y al llegar a Tolosa decidieron pernoctar en un mesón. El mesonero, durante la cena, embriagó al caballero alemán y, mientras dormía, escondió en las alforjas de éste, una copa de plata. Al día siguiente, en cuanto el padre y el hijo salieron de la posada para reemprender el camino, el posadero corrió en pos de ellos gritando, llamándoles ladrones y diciendo que le habían robado una copa de plata. Detúvose el alemán negó la infamia que se le atribuía, propuso al mesonero que registrase su equipaje e hizo constar que, si en él encontraba el objeto cuyo robo le imputaba, se sometería al castigo que la justicia le impusiese. El mesonero registró la alforja y encontró la copa, condujo a los delincuentes ante el juez, el cual, tras de enterarse del caso, pronunció la sentencia: que se embargasen todas las cosas que padre e hijo llevaban consigo y se entregasen al mesonero; y que uno de ellos, bien el padre o bien el hijo, fuese públicamente ahorcado. El padre se ofreció para que lo ahorcasen a él queriendo a toda costa salvar la vida de su hijo; el hijo por su parte insistió que debía ser él y no su padre. Después de larga porfía el juez decidió que el ahorcado fuese el hijo., y el hijo fue ahorcado. Desolado el padre siguió su peregrinación a Santiago. Treinta y seis días más tarde, al pasar nuevamente por Tolosa, detúvose en el sitio en que su hijo había sido ejecutado, y al ver que su cuerpo continuaba colgando de la horca comenzó a llorar a voces. El hijo de pronto le habló: ‘Dulcísimo padre mío! ¡No llores! Quiero que sepas que jamás en mi vida lo he pasado tan bien. Desde que me colgaron, el apóstol Santiago ha permanecido a mi lado sosteniéndome y colmando mi alma de inefables delicias celestiales.’. Al oir que su hijo hablaba, el padre acudió corriendo a la ciudad y refirió el suceso; muchísimas personas regresaron al lugar y comprobaron que el joven estaba vivo y sano. Inmediatamente lo descolgaron. En seguida cayeron en la cuenta de que aquellos piadosos peregrinos habían sido víctimas de una calumnia levantada por el mesonero y sin pérdida de tiempo, corrieron a la posada, se apoderaron del posadero, y lo ahorcaron en el mismo sitio que el hijo del alemán había sido colgado.
    6. En cierta ocasión, el demonio, tomando la figura y aspecto de Santiago,, se apareció a un peregrino y le ponderó las innumerables calamidades a que el hombre se ve sometido en la presente vida, y le dijo que si quería darle gusto a él lo mejor que podría hacer era suicidarse. El peregrino, deseoso de de complacer al santo, tomó una espada y se suicidó. La gente, creyendo que aquel hombre hubiera sido asesinado por el dueño de la casa en que estaba alojado comenzó a pedir la muerte del presunto asesino. Este, al no probar suficientemente su inocencia, cayó en estado de gran congoja; pero el muerto vino en su ayuda resucitando y declarando públicamente que nadie lo había matado, sino que él se había suicidado engañado por el demonio. Añadió que, cuando el diablo llevaba su alma al infierno, salióle al paso el apóstol Santiago y lo rescató de las garras del maligno, lo presentó ante el tribunal de dios y obtuvo dos gracias: la de la absolución del pecado de suicidio y la resurrección.

    7. Un joven de Lyon iba con alguna frecuencia a Compostela para visitar el sepulcro de Santiago.

    En una de estas ocasiones caminó todo el día y llegó de noche en una posada y cometió el pecado de fornicación. A la mañana siguiente reanudó su peregrinación. Algunas jornadas después, mientras dormía, se le apareció el demonio disfrazado del apóstol y le preguntó: ¿Me conoces? No, respondió el joven. Pues soy Santiago. Me extraña que no me reconozcas puesto que visitas mi sepulcro todos los años. He venido a decirte que me agrada mucho la devoción que me profesas y que esta peregrinación que actualmente estás haciendo, ni ante los ojos de dios ni ante los míos tiene valor alguno, porque cometiste el pecado de fornicación y todavía no te has confesado; y mientras tengas esa carga sobre tu conciencia todo cuanto camines es perder el tiempo. Para peregrinar a mi sepulcro con provecho es necesario que el peregrino se confiese antes de salir de casa y que a lo largo de la peregrinación haga penitencia por los pecados declarados. Dicho esto el diablo desapareció.

    A la mañana siguiente el joven inició el camino de retorno a su casa. Cuando llegó a Lyon se confesó e inmediatamente reemprendió el viaje hacia Santiago. Al cabo de la primera jornada, durante la noche, el mismo demonio se presentó bajo la misma apariencia y l3e dijo: No prosigas tu viaje. Cierto que ya te has confesado pero para que te sea perdonado es preciso que te cortes tus órganos genitales. Y te digo más: si quieres demostrarme de verdad la devoción que me tienes es auténtica, quítate la vida después de haberte castrado, porque con semejante gesto te convertirás en mártir de la castidad y alcanzarás la bienaventuranza Tras de esta aparición, el joven tomó una espada y se cortó sus genitales, y acto seguido se rasgó el vientre. Cuando a la mañana siguiente sus compañeros de peregrinación vieron al joven envuelto en sangre y muerto, para evitar que los acusaran de asesinato rápidamente huyeron del mesón. Unas horas después , mientras la gente de la posada cavaba la sepultura para enterrarle, el difunto con gran espanto de los presentes, y como echaran a correr asustados, el recién resucitado trató de tranquilizarlos diciéndoles: No huyáis ni tengáis miedo. Yo mismo me quité la vida por sugerencia del demonio. Nada más suicidarme, los diablos se apoderaron de mí e intentaron llevarme aroma, pero Santiago acudió en mi socorro, se encaró con los espíritus del mal, les reprochó que me hubieran engañado y obligólos a caminar delante de él hasta llegar a un prado en el que se encontraba ala Virgen María conversando con numerosos santos. Santiago refirió a la Bienaventurada Señora lo sucedido, imploró su ayuda en mi favor, y la Señora, después de reprender severamente a los diablos, dijo a Santiago: Resucítalo. Santiago me resucitó y aquí estoy vivo nuevamente ante vosotros. Tres días después el joven, completamente recuperado, reanudó su peregrinación, alcanzó a sus compañeros y les refirió todo lo que le había ocurrido.

    8. Hacia el año 1100 de nuestra era, un francés su esposa e hijos emprendieron una peregrinación a Compostela movidos por un doble deseo: visitar el sepulcro del apóstol y el huir de una epidemia.

    Al pasar por Pamplona se hospedaron en un mesón y en él sufrieron varias calamidades: falleció la esposa y el mesonero robó al marido todo el dinero que llevaba consigo, y hasta el jumento que les servía de cabalgadura. Tras de tan infortunados sucesos el pobre francés reemprendió su peregrinación muy penosamente, teniendo que caminar con algunos hijos cargados sobre sus
    hombros y con los otros asidos a sus manos, hasta que un hombre, que iba montado en un burro le alcanzó y, al verle, se compadeció de él y le prestó el asno para que los niños pudiesen proseguir su viaje más cómodamente. De este modo consiguió llegar a Santiago. A poco de llegar, estando el francés orando ante el sepulcro del santo, éste se le apareció y le preguntó: ¿Me conoces? El francés le respondió que no. Entonces el aparecido le dijo: Yo soy el apóstol Santiago. Fui yo quien bajo el aspecto del hombre aquel que encontraste en el camino te presté el burro para que pudieras llegar aquí, y te lo presto de nuevo para que puedas regresar a tu casa cómodamente. Al pasar por Pamplona, el mesonero que te robó caerá a la calle, se matará y tu recuperarás todo cuanto te quitó... el anuncio del apóstol se cumplió exactamente. Contento y feliz llegó el francés a su tierra y a su casa y, en el mismo momento en que apeó a sus hijos del jumento, éste repentinamente desapareció.

    9. Un tirano se apoderó de un mercader, le robó cuanto tenía y lo encerró en un sótano de una torre. El mercader invocó a Santiago, el apóstol se le apareció, lo tomó de la mano, y lo condujo hasta las almenas de la torre, hizo que éste se inclinara suavemente de manera que las almenas quedaran en contacto con el suelo, y de ese modo se vió liberado de la prisión. Los centinelas salieron en su búsqueda, pero no lo vieron.

    10. Cuando los soldados de la diócesis de Lyon iban en peregrinación a Santiago, acercóse uno de ellos a una pobre mujer y le rogó que por amor al apóstol hiciese la caridad de aliviarla del peso de un fardo que llevaba a su espalda. El peregrino tomó el fardo y lo colocó sobre su caballo. Más adelante diron alcance a un hombre que también iba aSantiago, pero se encontraba tan enfermo y tan débil que le resultaba imposible profesguir su peregrinación. El mismo soldado, movido por la compasión, se apeó de su caballo, acomodó en él al peregrino y tomando el susodicho fardel y su bordón, hizo el resto del viaje a pie. Al legar a tierras de Galicia hallábase tan quebrantado por el calor del sol y por las fatigas del camino que enfermó gravemente. Sus dos compañeros al advertir que estaba a punto de expirar, le exhortaban a que pusiese su alma a bien con Dios. Tres días permaneció insconsciente, sin poder hablar. Al cuarto día, en aparente estado de agonía, dio un gran suspiro; sus compañeros se le acercaron para asistirle en el momento final, pero se quedaron sorprendidos al oír que hablaba y decía: Doyu gracias a Dios y a Santiago, porque gracias a él me he librado de un gran peligro. Cuando vosotros me exh0ortabáis a que arreglara las cosas de mi alma quise hacerlo, pero no puede porque los demonios, arrojándose sobre mí, me sofocaban de tal manera que me impedían hacer nada enm provecho de mi salvación. Yo os oía pero no podía pronunciar ni una sola palabra; mas he aquí que vino en mi ayuda Santiago, sosteniendo el fardel y el bordón del peregrino enfermo; y blandiendo el bordón cual si fuera una lanza y utilizando el fardel a modo de escudo a tacó a los demonios , los hizo huir y me devolvió el habla. Traedme én seguida un sacerdote porque sé que voy a morir dentro de muy poco. Luego dijo a uno de los dos soldados: Amigo mío, no sigas sirviendo al jefe que tienes; ese hombre está condenado y muy pronto morirá. Aquel mismo día falleció el peregrino. Sus compañeros lo enterraron. El soldado comunicó a su jefe el aviso que hemos indicado, pero el jefe no hizo el menor caso. Algún tiempo después en una batalla, murió con el corazón traspasado por un lanza.

    11. Un hombre de Vezelay, regresando de Santiago, a donde había ido en peregrinación, viéndose sin dinero y dándole mucha vergüenza pedir limosna, se tendió bajo un árbol, se quedó dormido, soñó que al apóstol acudía en su socorro llevándole comida, y al despertar halló a su vera un pan reciente con el que se alimentó los quince días que tardó en llegar a su casa; y aunque comía dos veces al día, cada mañana, al sacarlo del zurrón, el pan aparecía entero.

    12. Un ciudadano de Barcelona fue a Santiago en peregrinación, y ante el sepulcro del apóstol pidió una sola cosa: que jamás pudiera hecho ser prisionero por enemigos de ninguna clase. Posteriormente, estando este hombre navegando por aguas próximas a Sicilia, fue capturado por piratas sarracenos, vendido en un mercado público como esclavo y revendido doce veces más; de ese modo pasó por trece amos distintos. Pero en las trece ocasiones ocurrió lo mismo.: aunque el comprador que lo adquiría lo ligaba con cadenas, las cadenas se rompían extrañamente por sí solas.

    Precisamente por eso sus compradores lo revendían. El comprador número catorce al comprarlo lo ató con ataduras dobles muy resistentes. El esclavo, al verse sujeto de aquella manera, invocó al apóstol y el apóstol se le apareció y le dijo: ‘Cuando estuviste en mi sepulcro cometiste un error al pedir únicamente la liberación de tu cuerpo sin preocuparte en absoluto de pedir nada a favor de tu alma; por eso has ido cayendo de unos peligros a otros; pero Dios, que es misericordioso, me ha enviado para que te rescate’. En aquel momento, las ligaduras se quebraron y el esclavo recuperó la libertad; y, aunque conservó en el cuello un trozo de aquellas cadenas, pasó por tierras de moros y nadie volvió a apresarle, porque, si alguno se le acercaba con ánimos de apresarle, cuando veia el trozo de cadena desistía de sus propósitos. Más todavía, al cruzar parajes desiertos, los leones y fieras que hallaba a su paso, a la vista de las argollas huían velozmente, con visibles muestras de terror. De ese modo regresó a Barcelona sano y salvo, y cuando refirió a sus conciudadanos lo que le había ocurrido, sus oyentes quedaban admirados.

    13. El año 238, la víspera de la fiesta de Santiago, en Prato, lugar situado entre las ciudades de Florencia y Pistoya ocurrió el caso siguiente: un joven huérfano, indignado contra su tutor que trataba de despojarle de sus bienes, en un momento de arrebato, prendió fuego a las mieses de éste.

    El incendiario fue detenido y juzgado y en el juicio reconoció que él había sido el autor del siniestro, por lo cual el juez lo condenó a morir quemado vivo en una hoguera. Dictada la sentencia, lo desnudaron, dejando sobre su cuerpo solamente la camisa, lo ataron a la cola de un caballo, y arrastrándolo por un terreno pedregoso, lo condujeron al lugar donde había de ser ejecutado.

    Mientras el caballo, corriendo velozmente, lo arrastraba sobre zarzas y pedruscos, el joven iba encomendándose a Santiago y, cuando llegaron al puesto donde había de ser quemado, no tenía en sus carnes ni el más leve rasguño ni la tela de la camisa se había roto. Atárosle a un poste, rodeáronlo de leña, prendieron la hoguera, el joven continuó encomendándose al apóstol, se quemó toda la leña, quemáronse las cuerdas, ardió el poste, pero el muchacho permaneció incólume sin sufrir daño alguno. En vista de ello los verdugos decidieron repetir la experiencia pero el pueblo se opuso a ello, se apoderó del joven, y entre aclamaciones adios y a Santiago que con tan evidentes milagros habían demostrado que querían que el reo fuese perdonado, lo pusieron a salvo.


    Participa en los foros:

    3ª etapa del Camino. De vuelta a Jerusalén y el mítico traslado del cuerpo a España. Semana del 15 de octubre

    Religiosidad en torno a la figura del apóstol Santiago


    Algunos "obstáculos" a comentar:

    1. La Leyenda Dorada de Santiago el Mayor
    2. Los apócrifos






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