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Tema 13: Errores comunes en la recepción del Concilio – Introducción

Tema 13: Errores comunes en la recepción del Concilio – Introducción
...la Congregación para la doctrina de la fe a escrito una importante carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales...


Por: Jose Miguel Arraiz | Fuente: Apologetica.catolica.org



El lenguaje humano es por naturaleza ambiguo, al punto que incluso la propia Escritura, palabra escrita de Dios, es suceptible a múltiples y diversas interpretaciones, que podrían ocasionar innumerables divisiones entre los cristianos, si no contaramos con el Magisterio vivo de la Iglesia, y con la Sagrada Tradición . El Concilio Vaticano II tampoco es la excepción, teniendo en cuenta que es el único que ha producido como documento final un grueso libro de 700 o 1.000 páginas. Y en un escrito tan largo no faltan ciertos textos nacidos como resultantes de fuerzas conciliares duramente contrapuestas. Esta circunstancia real, y el uso de un lenguaje a veces más literario y retórico que teológico y preciso, da lugar a algunas expresiones confusas, imprecisas e incluso falsas, si se toman en su literalidad y fuera de contexto –lo que no debe hacerse–, y que necesitan ser aclaradas en actos posteriores del Magisterio apostólico, como así ha sucedido, concretamente en discursos pontificios y Encíclicas postconciliares.

Es por esto que a pesar de la intención del Concilio siempre ha sido transmitir la doctrina pura e íntegra, sin atenuaciones, no han faltado interpretaciones que pretendiendo estar inspiradas en el Concilio, han sido una falsificación que han ido en contra de la letra del mismo.

Estas malas interpretaciones han surgido principalmente de dos sectores: los tradicionalistas y progresistas radicales. Los primeros acusan al Concilio de ser responsable de los problemas de la Iglesia y de la actual decadencia de la fe católica, por ser una "ruptura con la Tradición" y los segundos de estar caducado y obsoleto.

En las próximas lecciones abordaremos con más detalle las objeciones de ambos sectores, en esta nos limitaremos a abordar el tema en un sentido general. A este respecto el Papa Benedicto XVI cuando era cardenal y prefecto para la Congregación para la doctrina de la fe abordó el problema en su libro Informe sobre la fe en estos términos:

«El Vaticano II se encuentra hoy bajo una luz crepuscular. La corriente llamada «progresista» lo considera completamente superado desde hace tiempo y, en consecuencia, como un hecho del pasado, carente de significación en nuestro tiempo. Para la parte opuesta, la corriente «conservadora», el Concilio es responsable de la actual decadencia de la Iglesia católica y se le acusa incluso de apostasía con respecto al concilio de Trento y al Vaticano I: hasta tal punto que algunos se han atrevido a pedir su anulación o una revisión tal que equivalga a una anulación».

«Frente a estas dos posiciones contrapuestas hay que dejar bien claro, ante todo, que el Vaticano II se apoya en la misma autoridad que el Vaticano I y que el concilio Tridentino: es decir, el Papa y el colegio de los obispos en comunión con él. En cuanto a los contenidos, es preciso recordar que el Vaticano II se sitúa en rigurosa continuidad con los dos concilios anteriores y recoge literalmente su doctrina en puntos decisivos».

«Es imposible para un católico tomar Posiciones en favor del Vaticano II y en contra de Trento o del Vaticano I. Quien acepta el Vaticano II, en la expresión clara de su letra y en la clara intencionalidad de su espíritu, afirma al mismo tiempo la ininterrumpida tradición de la Iglesia, en particular los dos concilios precedentes. Valga esto para el así llamado «progresismo», al menos en sus formas extremas. Del mismo modo, es imposible decidirse en favor de Trento y del Vaticano I y en contra del Vaticano II. Quien niega el Vaticano II, niega la autoridad que sostiene a los otros dos concilios y los arranca así de su fundamento. Valga esto para el así llamado «tradicionalismo», también éste en sus formas extremas. Ante el Vaticano II, toda opción partidista destruye un todo, la historia misma de la Iglesia, que sólo puede existir como unidad indivisible».

«Descubramos el verdadero Vaticano II» No son, pues, ni el Vaticano II ni sus documentos (huelga casi mencionarlo) los que constituyen problema. En todo caso, a juicio de muchos y Joseph Ratzinger se encuentra entre estos desde hace tiempo, el problema estriba en muchas de las interpretaciones que se han dado de aquellos documentos, interpretaciones que habrían conducido a ciertos frutos de la época posconciliar.

«en sus expresiones oficiales, en sus documentos auténticos, el Vaticano II no puede considerarse responsable de una evolución que —muy al contrario— contradice radicalmente tanto la letra como el espíritu de los Padres conciliares».

Desde entonces, ante ambas posiciones radicales el Papa ha insistido en para interpretar rectamente el Concilio Vaticano II hay que hacerlo por medio de la hermenéutica de la reforma y la continuidad, que implica interpretar los textos Conciliares a la luz y en continuidad con la Tradición de la Iglesia, bajo la autoridad del Magisterio docente. Sería un error interpretar el Concilio de manera aislada sin tomar en cuenta las enseñanzas de la Iglesia a lo largo de la historia en sus concilios ecuménicos y sus distintos pronunciamientos magisteriales. También sería un error darle una interpretación alejada del sentir de la Iglesia, expresado en el Catecismo Oficial de la Iglesia Católica. Una completa explicación de esto la dio el Papa en un discurso a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados de la Curia Romana:

"Surge la pregunta: ¿Por qué la recepción del Concilio, en grandes zonas de la Iglesia, se ha realizado hasta ahora de un modo tan difícil? Pues bien, todo depende de la correcta interpretación del Concilio o, como diríamos hoy, de su correcta hermenéutica, de la correcta clave de lectura y aplicación. Los problemas de la recepción han surgido del hecho de que se han confrontado dos hermenéuticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas. Una ha causado confusión; la otra, de forma silenciosa pero cada vez más visible, ha dado y da frutos.

Por una parte existe una interpretación que podría llamar "hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura".... Por otra parte, está la "hermenéutica de la reforma", de la renovación dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, único sujeto del pueblo de Dios en camino.

La hermenéutica de la discontinuidad corre el riesgo de acabar en una ruptura entre Iglesia preconciliar e Iglesia posconciliar. ...A la hermenéutica de la discontinuidad se opone la hermenéutica de la reforma, como la presentaron primero el Papa Juan XXIII en su discurso de apertura del Concilio el 11 de octubre de 1962 y luego el Papa Pablo VI en el discurso de clausura el 7 de diciembre de 1965"

Es importante mencionar que ante tan abundantes errores de interpretación de los textos del Concilio, la Congregación para la doctrina de la fe a escrito una importante carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales sobre los abusos en la interpretación de los decretos del Concilio Vaticano II, en donde se denuncian los diez errores más comunes. Es sumamente importante, para lograr los objetivos de esta lección, tomarse el tiempo de leerla detenidamente:


SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

CARTA A LOS PRESIDENTES
DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES SOBRE LOS ABUSOS EN LA INTERPRETACIÓN DE LOS DECRETOS DEL CONCILIO VATICANO II



Una vez que el Concilio Vaticano II, recientemente concluido, ha promulgado documentos muy valiosos, tanto en los aspectos doctrinales como en los disciplinares, para promover de manera más eficaz la vida de la Iglesia, el pueblo de Dios tiene la grave obligación de esforzarse para llevar a la práctica todo lo que, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha sido solemnemente propuesto o decidido en aquella amplísima asamblea de Obispos presidida por el Sumo Pontífice.

A la jerarquía, sin embargo, corresponde el derecho y el deber de vigilar, de dirigir y promover el movimiento de renovación iniciado por el Concilio, de manera que los documentos y decretos del mismo Concilio sean rectamente interpretados y se lleven a la práctica según la importancia de cada uno de ellos y manteniendo su intención. Esta doctrina debe ser defendida por los Obispos, que bajo Pedro, como cabeza, tienen la misión de enseñar de manera autorizada. De hecho, muchos pastores ya han comenzado a explicar loablemente la enseñanza del Concilio.

Sin embargo, hay que lamentar que de diversas partes han llegado noticias desagradables acerca de abusos cometidos en la interpretación de la doctrina del Concilio, así como de opiniones extrañas y atrevidas, que aparecen aquí y allá, y que perturban no poco el espíritu de muchos fieles. Hay que alabar los esfuerzos y las iniciativas para investigar más profundamente la verdad, distinguiendo adecuadamente entre lo que debe ser creído y lo que es opinable; sin embargo, a partir de documentos examinados por esta Sagrada Congregación, consta que en no pocas sentencias parece que se han traspasado los límites de una simple opinión o hipótesis y en cierto modo ha quedado afectado el dogma y los fundamentos de la fe.

Es preciso señalar algunas de estas sentencias y errores, a modo de ejemplo, tal como consta por los informes de los expertos así como por diversas publicaciones.

1. Ante todo está la misma Revelación sagrada: hay algunos que recurren a la Escritura dejando de lado voluntariamente la Tradición, y además reducen el ámbito y la fuerza de la inspiración y la inerrancia, y no piensan de manera correcta acerca del valor histórico de los textos.

2. Por lo que se refiere a la doctrina de la fe, se dice que las fórmulas dogmáticas están sometidas a una evolución histórica, hasta el punto que el sentido objetivo de las mismas sufre un cambio.

3. El Magisterio ordinario de la Iglesia, sobre todo el del Romano Pontífice, a veces hasta tal punto se olvida y desprecia, que prácticamente se relega al ámbito de lo opinable.

4. Algunos casi no reconocen la verdad objetiva, absoluta, firme e inmutable, y someten todo a cierto relativismo, y esto conforme a esa razón entenebrecida según la cual la verdad sigue necesariamente el ritmo de la evolución de la conciencia y de la historia.

5. La misma adorable Persona de nuestro Señor Jesucristo se ve afectada, pues al abordar la cristología se emplean tales conceptos de naturaleza y de persona, que difícilmente pueden ser compatibles con las definiciones dogmáticas. Además serpentea un humanismo cristológico para el que Cristo se reduce a la condición de un simple hombre, que adquirió poco a poco conciencia de su filiación divina. Su concepción virginal, los milagros y la misma Resurrección se conceden verbalmente, pero en realidad quedan reducidos al mero orden natural.

6. Asimismo, en el tratado teológico de los sacramentos, algunos elementos o son ignorados o no son considerados de manera suficiente, sobre todo en lo referente a la Santísima Eucaristía. Acerca de la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino no faltan los que tratan la cuestión favoreciendo un simbolismo exagerado, como si el pan y el vino no se convirtieran por la transustanciación en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, sino meramente pasaran a significar otra cosa. Hay también quienes, respecto a la Misa, insisten más de la cuenta en el concepto de banquete (ágape), antes que en la idea de Sacrificio.

7. Algunos prefieren explicar el sacramento de la Penitencia como el medio de reconciliación con la Iglesia, sin expresar de manera suficiente la reconciliación con el mismo Dios ofendido. Pretenden que para celebrar este sacramento no es necesaria la confesión personal de los pecados, sino que sólo procuran expresar la función social de reconciliación con la Iglesia.

8. No faltan quienes desprecian la doctrina del Concilio de Trento sobre el pecado original, o la explican de tal manera que la culpa original de Adán y la transmisión del pecado al menos quedan oscurecidas.

9. Tampoco son menores los errores en el ámbito de la teología moral. No pocos se atreven a rechazar la razón objetiva de la moralidad; otros no aceptan la ley natural, sino que afirman la legitimidad de la denominada moral de situación. Se propagan opiniones perniciosas acerca de la moralidad y la responsabilidad en materia sexual y matrimonial.

10. A todo esto hay que añadir alguna cuestión sobre el ecumenismo. La Sede Apostólica alaba a aquellos que, conforme al espíritu del decreto conciliar sobre el ecumenismo, promueven iniciativas para fomentar la caridad con los hermanos separados, y atraerlos a la unidad de la Iglesia, pero lamenta que algunos interpreten a su modo el decreto conciliar, y se empeñen en una acción ecuménica que, opuesta a la verdad de la fe y a la unidad de la Iglesia, favorece un peligroso irenismo e indiferentismo, que es completamente ajeno a la mente del Concilio.

Este tipo de errores y peligros, que van esparciendo aquí y allá, se muestran como en un sumario o síntesis recogida en esta carta a los Ordinarios del lugar, para que cada uno, conforme a su misión y obligación, trate de solucionarlos o prevenirlos.

Este Sagrado Dicasterio ruega insistentemente que los mismos Ordinarios de lugar, reunidos en las Conferencias Episcopales, traten de estas cuestiones y refieran oportunamente a la Santa Sede sus determinaciones antes de la fiesta de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo del presente año. Esta carta, que evidentes motivos de prudencia impiden hacer pública, los Ordinarios y otros a los que éstos consideren oportuno comunicarla, deben mantenerla en estricto secreto.


Roma, 24 de julio de 1966.

Alfredo Card. Ottaviani


Bibliografía y otras fuentes consultadas

Cardenal Ratzinger, Informe sobre la fe
P. José María Iraburu, Reforma y apostasía


Lecturas complementarias

http://www.apologeticacatolica.org/Documentos/Concilios/VaticanoII/VAT22122005.htmlDiscurso del Santo Padre Benedicto XVI a los cardenales, arzobispos, obispos y prelados de la curia romana,


Notas:

132 Un ejemplo de esto ocurre en el protestantismo: pretenden basarse solo en la Biblia como principio material de teología, y su propio juicio privado como principio formal han terminado dividiéndose exponencialmente en miles de denominaciones con doctrinas cada vez más divergentes en puntos no poco importantes entre sí.

133 Esto lo explica el padre José María Iraburu, sacerdote y doctor en teología en Reforma o apostasía 24

134 Joseph Ratzinger, Informe sobre la fe, capítulo 2


Preguntas de reflexión que debes responder en los foros del curso

Antes de responder estas preguntas se recomienda leer:

Cardenal Ratzinger, Informe sobre la fe, capítulo 2

1. ¿En cuales sectores se ha presentado problemas en cuanto a la correcta recepción e interpretación del Concilio Vaticano II?

2. ¿ Cuál ha sido la causa?

3. ¿Cual es la correcta manera de interpretar los textos conciliares?.

4. ¿Quien tiene la autoridad para interpretar auténticamente los textos del Concilio Vaticano II?

5. ¿Cual es la herramienta catequética que nos ofrece la Iglesia para entender rectamente la doctrina católica, expresada tanto en el Concilio Vaticano II como en los concilios anteriores?


Foros del curso

Nota: Si aún no estás registrado en los foros sigue las indicaciones de la guía práctica que se ofrece al final de esta lección.

Dedica 5-10 minutos cada día para leer el Concilio y el Catecismo en el Año de la fe

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Este servicio es posible gracias a la colaboración de Mauricio Israel Pérez director de semillasparalavida.org



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