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La ética empresarial y su entorno
La ética empresarial y su entorno
La responsabilidad social debe practicarse ¿porque conviene hacerlo o porque es digno para el hombre? Estas son algunas de las preguntas que nos lanza el P. Ildefonso Camacho en su reflexión.
Por: Ildefonso Camacho, S.J. | Fuente: compartiendo.cl
Por: Ildefonso Camacho, S.J. | Fuente: compartiendo.cl

Puesto que voy a hablar de limitaciones, no quiero que mi posición se entienda sólo en sentido negativo, como de quien cuestiona o rechaza la ética empresarial sin más matizaciones. Hay que comenzar afirmando que el interés por esta área de la reflexión ética revela una nueva sensibilidad ante la dimensión moral de la actividad profesional.
Esta sensibilidad no es exclusiva del mundo empresarial: es común a sectores profesionales muy heterogéneos (medicina, informática, derecho, política, medios de comunicación...); y refleja también una nueva conciencia que se difunde por nuestras sociedades contemporáneas, sorprendida por tantos escándalos de personalidades políticas o instituciones financieras. Se generaliza así el convencimiento de que el desarrollo económico y tecnológico nos había hecho centrar nuestra atención tan exclusivamente en los medios que estábamos perdiendo el sentido de los fines.
La obsesión tecnológica parecía haberlo reducido todo a una cuestión: ¿Qué es lo que técnicamente se puede hacer? Pero nos había hecho olvidar que hay una pregunta previa: ¿Conviene hacerlo? ¿Merece la pena? ¿Es digno del hombre? ¿Favorece la realización de personas concretas?
Por lo que se refiere a la ética empresarial, su desarrollo obedece a distintos factores recientes. El más llamativo es sin duda el ya mencionado de los escándalos financieros, algunos muy sonados. Pero más profundamente ha influido también un avance en la consideración de la empresa: del modelo tradicional de la unidad de producción, muy marcado por los conflictos capital-trabajo y sus repercusiones sobre toda la vida social, se va pasando al de la organización o conjunto de personas que se coordinan para alcanzar unos fines. Un último factor que es obligado tener en cuenta es la creciente globalización de la economía actual, acompañada de una fuerte desregulación: esa libertad económica cuasi ilimitada exige como contrapartida que los agentes económicos asuman algunos valores éticos para que dicha libertad no lleve a una lucha sin cuartel que sólo beneficie a los más fuertes.
Si deseas profundizar en el tema te invitamos a visitar el sitio http://www.compartiendo.cl/
Esta sensibilidad no es exclusiva del mundo empresarial: es común a sectores profesionales muy heterogéneos (medicina, informática, derecho, política, medios de comunicación...); y refleja también una nueva conciencia que se difunde por nuestras sociedades contemporáneas, sorprendida por tantos escándalos de personalidades políticas o instituciones financieras. Se generaliza así el convencimiento de que el desarrollo económico y tecnológico nos había hecho centrar nuestra atención tan exclusivamente en los medios que estábamos perdiendo el sentido de los fines.
La obsesión tecnológica parecía haberlo reducido todo a una cuestión: ¿Qué es lo que técnicamente se puede hacer? Pero nos había hecho olvidar que hay una pregunta previa: ¿Conviene hacerlo? ¿Merece la pena? ¿Es digno del hombre? ¿Favorece la realización de personas concretas?
Por lo que se refiere a la ética empresarial, su desarrollo obedece a distintos factores recientes. El más llamativo es sin duda el ya mencionado de los escándalos financieros, algunos muy sonados. Pero más profundamente ha influido también un avance en la consideración de la empresa: del modelo tradicional de la unidad de producción, muy marcado por los conflictos capital-trabajo y sus repercusiones sobre toda la vida social, se va pasando al de la organización o conjunto de personas que se coordinan para alcanzar unos fines. Un último factor que es obligado tener en cuenta es la creciente globalización de la economía actual, acompañada de una fuerte desregulación: esa libertad económica cuasi ilimitada exige como contrapartida que los agentes económicos asuman algunos valores éticos para que dicha libertad no lleve a una lucha sin cuartel que sólo beneficie a los más fuertes.
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