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El regalo que no recibí.

El regalo que no recibí.
Carta a nuestros amigos y visitantes


Por: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net



Queridos amigos y visitantes de Catholic.net:

Acabo de regresar de un viaje (mis Ejercicios Espirituales anuales) y, al llegar a mi oficina, me he encontrado sobre mi escritorio un sobre que venía esperando desde hace tiempo y que contenía la respuesta de una Fundación católica a la que le había solicitado apoyo económico ($50,000 usd) para el sostenimiento de Catholic.net, específicamente para la compra de dos nuevos servidores y herramientas para poder desarrollar Catholic.net en inglés (que, si lo visitan, verán que no tiene nada adentro) y unas cámaras y micrófonos para abrir nuestro canal de TV.

Llevaba tiempo esperando la respuesta, pero… tristemente no recibí la respuesta que esperaba. La Fundación me ha respondido que no podrá ayudarnos con un solo centavo, pues tienen todos sus fondos ya encaminados a la ayuda de los pobres de África.

Bah… les confieso que me sentí muy triste al leer la respuesta. Sobre todo porque acababa de estar leyendo, en el autobús, acerca de los donativos millonarios que hacen otras fundaciones a los proyectos anti-vida y anti-iglesia.

Las Católicas por el derecho a decidir – feministas radicales en pro del aborto – recibieron un millón de dólares de la hija del multimillonario Warren Betty, recibieron dos millones de dólares de la Fundación Ford y otra suma muy grande de parte de Ted Turner.

El Centro de los Derechos Reproductivos – organización de abogados que se dedica a hacer presión sobre los países pobres para que legalicen el aborto – recibió $700,000 dólares de los Buffets, un millón de dólares de la Fundación Ford y un millón más de la Fundación Packard.

Greenpeace recibió también muchos millones de dólares de estas fundaciones para salvar ballenas, focas y pingüinos.

Y a Catholic.net, que lo que busca es salvar almas, esta Fundación católica le responde que no le puede ayudar con $50,000 dólares, es más ni con un sólo centavo! Estoy triste… ¿ustedes no?

Ya sé que Catholic.net no le da de comer a los niños hambrientos de África, pero… sí le da material de evangelización a los misioneros que trabajan en África, con esos mismos niños hambrientos.

Ya sé que Catholic.net no regala útiles escolares para niños indigentes, pero formamos a los maestros y catequistas que les dan clases a esos niños indigentes.

Es verdad que no salvamos especies en extinción, pero a través de nuestros consultorios virtuales salvamos diariamente a un montón de niños de ser abortados por sus madres y a miles de jóvenes, de caer en la droga y en la prostitución.

Es verdad que no construimos hospitales, ni regalamos medicinas, pero diariamente hay curaciones y milagros gracias a nuestra Red Internacional de Oración.

No construimos escuelas ni talleres de alfabetización, pero damos cursos interesantísimos y totalmente gratuitos, con los mejores maestros, a miles de personas cada semana.

No trabajamos en brigadas para el salvamento de damnificados por los huracanes o terremotos, pero diariamente rescatamos familias enteras de los embates del divorcio y la infidelidad.

Tampoco imprimimos panfletos, ni organizamos marchas y guerrillas para luchar por la justicia social, pero sí formamos a los Empresarios católicos para que apliquen en sus empresas la Doctrina social cristiana y trabajen por el bienestar de sus obreros y empleados.

En fin… hacemos miles de cosas buenas, pero creo que a nadie le interesa aportar para estas cosas que no se ven.

Mantener Catholic.net cuesta mucho dinero, se los prometo. Pueden verlo en este enlace, haciendo clic aquí.

Y… por querer dar todo gratis, siempre gratis, para poder tenerlo accesible a los más pobres y alejados, hemos crecido sólo con la seguridad plena de que Dios proveerá. Y, como Dios es maravilloso, nos ha ayudado siempre, con su Divina Providencia. La prueba de ello es que estamos aquí, a pesar de no contar con ningún modo de supervivencia.

Hace rato me puse a pensar:

Bueno… ¿y de qué vivía Jesucristo? La verdad es que no tengo la menor idea, porque el Evangelio no dice nada al respecto. Podríamos suponer que sus apóstoles pescaban y vendían los pescados o que las mujeres que lo acompañaban se encargaban de su sustento o que… no sé, la mera verdad.

Que Jesús manejaba dinero, sí que lo manejaba, pues el Evangelio nos dice que Judas era el tesorero y nos dice que pagaban impuestos. También nos cuenta que Jesús mandó a los apóstoles a comprar provisiones mientras Él platicaba con la samaritana. Así que dinero, sí tenían. Pero… ¿de dónde lo sacaban? Eso no lo sé. Si alguien lo sabe, por favor díganmelo.

Lo que sí sé, con toda seguridad, es que Él no cobraba sus cursos y conferencias (si las hubiera cobrado, no hubieran asistido a ellas cinco mil hombres, sino veinticinco, cuando mucho), no cobraba las curaciones (sólo les decía un simple y llano “vete en paz”); tampoco cobraba las consultas, ni siquiera a los millonarios, como Nicodemo.

También estoy segura de que no tenía una tiendita de rosarios y medallitas afuera del templo, porque… si la hubiera tenido, no se hubiera enojado tantísimo con los mercaderes. Y... no estoy del todo segura de que viviera de donativos de millonarios, pues a los dos que se encuentra (el joven rico y Zaqueo) los manda a repartir sus bienes entre los pobres. A ninguno de los dos le pide para Él. Además… no era nada diplomático con los ricos, al revés… les decía cosas horribles, como que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que ellos entren al reino de los cielos.

Bueno… ahora que pienso estas cosas… es verdad que Él podía convertir el agua en vino y podía dar de comer a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces, pero… dudo mucho que diario hiciera esos milagros, pues si no, los apóstoles no hubieran hecho la cara de interrogación que hicieron cuando en la multiplicación de los panes y los peces, Jesús lo envió a que le dieran de comer a la multitud.

De hecho, creo que la única vez que Jesús habla bien del dinero es aquella vez, cuando veía a los donantes que echaban sus monedas en la urna del templo. ¡Cómo alaba a la pobre viuda que echó la monedita que era todo su sustento!

En fin… ya no los aburro más con mis cuitas. La Fundación me dijo que no podía ayudarnos, ni con un solo centavo. Tenemos cuatro millones de visitantes que tal vez son tan pobres como la viuda del templo.

Pienso que quizás, mientras logro averiguar de qué vivía Jesús, para entonces poder imitarlo y vivir de lo mismo, alguno de ustedes nos quiera regalar esa monedita que significa todo su sustento. Nos ayudarán mucho y agradarán a Jesús.

La urna de los donativos, ya saben en dónde está: la pueden encontrar haciendo clic en: https://es.catholic.net/tenecesitamos/donativo.php

Dios se los recompensará. Estoy segura de ello.

Lucrecia Rego de Planas
Dirección
Catholic.net

Comentarios al autor:lplanas@catholic.net







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