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Entrevista a Mons Rodrigo Aguilar, Obispo de Tehuacán México

Entrevista a Mons Rodrigo Aguilar, Obispo de Tehuacán México
Entre otras preguntas de la entrevista está “La adopción de embriones congelados para evitar su destrucción es un acto en sí mismo moralmente positivo”


Por: . | Fuente: infovaticana.com



El Obispo de Tehuacán, que ha sido entrevistado por Infovaticana, fue Presidente de la Comisión Episcopal para la Familia, Juventud y Laicos en el Episcopado Mexicano.

Se ordenó sacerdote muy joven, con 23 años, en 1975. ¿Podría contarnos cómo surgió su vocación al sacerdocio?

Siendo niño y acólito en la parroquia de mi pueblo natal, Valle de Santiago. En ese tiempo me atraía la vida de los sacerdotes de la parroquia y de los profesores de la escuela y yo comentaba con mis compañeros de la escuela que de grande me gustaría ser sacerdote o maestro. Dios quiso que asumiera los dos aspectos, pues como sacerdote fui buena cantidad de años formador del seminario donde me había formado.

También influyó en mi inquietud por ser sacerdote, el conocimiento y trato de varios seminaristas del mismo pueblo y a quienes veía en sus vacaciones.

No sentí problema entrar muy chico al seminario, pues ahí cumplí los 11 años. Entonces se hacían 5 años de seminario menor, equivalentes a la escuela media (secundaria y preparatoria en la terminología del país). Ese hecho y el que se homologaran dos calendarios escolares que había entonces a nivel nacional, hizo que yo “ganara” un semestre; por eso terminé los estudios de teología a los 22 años. El Sr. Arzobispo me ordenó sacerdote en cuanto cumplí los 23 años.

Fue el primer obispo de la diócesis de Matehuala. ¿Cómo vivió la experiencia de comenzar una diócesis nueva?

Fue una experiencia singular, iniciar como obispo y también como diócesis, aprendiendo juntos. Matehuala es un territorio enorme, cerca de 27,000 km2, pero con poca población, apenas rebasaba los 300,000 habitantes; eso sí, dispersos en muchos pequeños pueblos y caseríos. Es una zona semidesértica del altiplano potosino, hacia el norte del país, donde en muchas comunidades hacía falta una primera evangelización; pero era curioso que incluso en los lugares más alejados, los niños exclamaban, al verme con la mitra: “el Papa”, dada la imagen tan difundida del Papa Juan Pablo II.

Valoro mucho ese inicio episcopal, acompañado por san Francisco de Asís, a quien se venera en un santuario en la montaña y a quien la gente le tiene extrema devoción, por eso es el patrono de la diócesis.

Una gran ventaja era que la nueva diócesis ya estaba organizada como una zona pastoral de la arquidiócesis madre, San Luis Potosí. Se mezclaba la satisfacción de empezar a caminar con autonomía, pero también la fatiga que eso entraña, además con pobreza de recursos humanos, económicos y de evangelización arraigada en la población, en un territorio de extremo clima, frío o calor seco, según la época del año; pero apasionante para ser discípulos misioneros de Jesucristo.

¿Cómo es el día a día de un Obispo en Tehuacán?

Tehuacán ya es una diócesis un poco más consolidada, si la comparo con Matehuala, pero todavía joven. Acabamos de celebrar los 50 años de vida.

La diócesis tiene poco más de 6,000 km2 y cerca de un millón de habitantes, 85% católicos. Además de los mestizos, hay 4 etnias indígenas, que conservan en diferente grado su lenguaje y cultura. Hay gran variedad de climas y paisajes en el territorio. La zona montañosa al oriente va dejando de ser recorrida sólo a pie o en bestia, ahora se puede entrar en vehículo la mayor parte del año.

Yo he ofrecido estar disponible para visitar todas las comunidades. Son 57 parroquias, 4 cuasiparroquias y 1 misión. Algunas parroquias tienen más de 20 pueblos filiales. Salgo con frecuencia a las cabeceras parroquiales o sus pueblos filiales. Eso me fatiga, pues a veces agendo 3 visitas en un mismo día, a comunidades que pueden estar algo distantes geográficamente, pero también me ayuda a estar cercano, respondiendo al anhelo de los fieles de que esté sobre todo en sus fiestas patronales. El chofer que me acompaña es mi sobrino, quien también me ayuda como fotógrafo, lo que facilita subir luego a Facebook imágenes de esas visitas, así muchos están al tanto de esos viajes pastorales, al menos por fotografías.

Defino mi agenda de esta manera: estar presente lo más posible en reuniones a nivel diocesano, hay algunas a las que nunca he fallado, por ejemplo las del presbiterio; desde luego, hay celebraciones importantes que debo presidir en la iglesia catedral; después, estar, como decía, lo más disponible a visitar los pueblos, sea entre semana o en los fines de semana. Me gustaría poder hablar los idiomas de los indígenas, pero no me he empeñado en ello; tomo como pretexto que a veces el mismo idioma lo hablan diferente de una región a otra al interno de la diócesis.

No tengo día fijo de descanso. Con frecuencia no me queda ningún día libre, sólo algunas horas; pero procuro sostener 4 aspectos que para mí son claves: tiempo para la oración (mínimo la liturgia de las Horas con cierta calma, y también tiempo de oración personal, desde luego la eucaristía como fuente y cumbre de mi vida espiritual y de mi servicio pastoral), tiempo para el descanso nocturno (entre 7 y 8 horas diarias), tiempo para ejercicio diario o casi diario (sobre todo atletismo y natación), alimentación lo más nutritiva posible. Signo de que integro estos aspectos, lo veo en la paz interior y exterior, en la actitud con que acoja y trate a los demás, que mi unión con Dios esté muy vinculada a la relación humana y pastoral. Ahí entra mi anhelo y esmero en la conversión.

¿Con qué frecuencia habla con cada uno de sus seminaristas personalmente?

Su pregunta me provoca cuestionamientos. Casi no hablo con los seminaristas personalmente. Son cerca de 80 entre seminario menor y mayor. Voy al menos una vez al mes al seminario y he dicho a los seminaristas que estoy disponible para escucharles, pero sólo ocasionalmente algunos me buscan.

Quisiera modificar mi agenda para ofrecer más actitud de disponibilidad y tiempo para escuchar personalmente sobre todo a los sacerdotes, 91 diocesanos. Pienso que debo estar menos ocupado en quehaceres y más en diálogo con ellos. De hecho es algo en que se han quejado algunos sacerdotes, que no me sienten cerca; me ven, nos tratamos, pero creo que están esperando más actitud mía escucha, de interesarme por su situación personal.

¿Cómo se fomenta en su diócesis una mayor participación de los laicos en la vida de la Iglesia?

Estamos ofreciendo formación permanente a los laicos; me da alegría que va creciendo el número y la actitud concreta de los sacerdotes para ayudar en esto a los laicos; pero todavía caemos mucho en clericalizarlos, o sea los buscamos y acogemos para servicios explícitos en la parroquia, pero dependiendo explícitamente de los clérigos. Nos falta saber reconocer sus carismas, su fuerza pastoral, valorar y apoyar su presencia en funciones extraparroquiales. Necesitamos aprender mucho de los laicos.

Muchos problemas en los sacerdotes proceden de una admisión inoportuna en el seminario. ¿Qué controles tienen en la diócesis para evitar accesos inoportunos al seminario?

He recomendado mucho que el acompañamiento personal y grupal se dé al menos durante un año previo al ingreso a la casa de formación. En ese acompañamiento, se alcance a ubicar la historia familiar y personal del candidato, se detecten sus potencialidades, sus valores, también los problemas o conflictos que afecten a su consistencia humana y cristiana. Si hay algún aspecto de tipo psicológico o moral, que se resuelva antes de entrar al seminario.

El equipo de acompañamiento está integrado por un sacerdote responsable, el cual cuenta con religiosas y laicos como colaboradores, incluido experto en psicología; también se involucran los formadores del seminario para ir conociendo y dando acompañamiento a los posibles candidatos de ingreso, sea al seminario menor o mayor.

¿Y cómo trata de fomentar en los sacerdotes una mayor sed de almas?

Es la piedra de toque, que nuestro servicio pastoral esté centrado en Dios que nos ama, nos quiere como colaboradores suyos, y centrado en los demás y su sed de Dios, o sea en su anhelo de santidad. Para poder alimentar en los fieles esta vocación a la santidad, nosotros debemos dar testimonio de estarla viviendo. Es un reto pendiente, hay mucho por avanzar.

¿Cómo se prepara una homilía?

Su pregunta me lleva inmediatamente a las jugosas orientaciones del Papa Francisco en su Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”.

Yo procuro decir algunas palabras diariamente como homilía. Preparo las lecturas en espíritu de oración, tipo lectio divina; luego sintetizo lo más importante, pensando en el tipo de asamblea que pueda haber. Es muy diferente si la Misa será en día ordinario en la iglesia catedral, o en día de fiesta patronal. Me ayuda mucho cuando he confesado algunas personas antes de la Misa, pues es ocasión en que a través de algunos me puedo ubicar en los sentimientos, situaciones, necesidades y anhelos de las personas; vamos, me “aterriza” para hablar al corazón de las personas.

Me lleva diferente ritmo preparar la homilía dominical o en algunas fiestas patronales; procuro leer los textos varios días antes, hacerlos oración, irlos rumiando. Celebrar las fiestas patronales de los pueblos me ha obligado a conocer más las vidas de los santos, me ha hecho más devoto de ellos, como discípulos misioneros ejemplares de Jesucristo.

¿A qué santos tiene especial devoción y por qué?

La lista sería grande, por ejemplo a san Pablo, san Agustín de Hipona, san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, por decir algunos; pero también me he ido interesando en conocer santos recientemente canonizados o que yo no conocía mucho y ahora se dan a conocer en el santoral diario. También me ha impulsado el hecho de estar yendo a las fiestas patronales de los pueblos. Me gusta ubicar a los santos en su época y lugar, en su contexto histórico y cómo se decidieron por Cristo de manera heroica y paciente, con decisiones concretas y fundamentales que iluminan su vida. Tiendo a comentar en la homilía la vida de la Virgen María o de los Santos como ejemplos notables de discípulos misioneros de Jesucristo.

Resulta alarmante el aumento de divorciados entre los fieles, de hecho el Papa ha convocado un sínodo extraordinario para tratar la pastoral familiar. ¿Cuáles cree que podrían ser los pasos a dar en ese sentido?

Es novedosa y admirable la actitud del Papa Francisco: convocar a dos Sínodos sucesivos sobre la familia, uno de ellos extraordinario para recoger y valorar la realidad a nivel mundial; otro ordinario y en que sea iluminada dicha realidad. Además el Papa quiere que nos involucremos respondiendo en cada Diócesis al cuestionario que se nos ha enviado.

Nos toca, entonces, no sólo esperar qué nos van a dar dichos Sínodos, sino desde ahora de qué manera nos vamos a involucrar en el proceso, colaborando en el análisis de la realidad, en nuestra oración en todo esto. El mismo Papa nos estimula a no dejar la oración constante. De modo que mientras más participemos de diversas maneras en el proceso, con nuestra competencia y experiencia reflexionada, más frutos podremos obtener, desde luego con la gracia de Dios.

He sugerido en asamblea diocesana que la familia sea uno de los ejes transversales de la pastoral, como lo presenta el acontecimiento y documento de Aparecida. Vamos avanzando poco a poco en ese sentido.

Es importante ir integrando el trabajo de grupos y movimientos a favor de la familia. Aunque la realidad tiene muchas sombras, también hay muchas luces. Como nos dice el Papa Francisco, que no nos roben la esperanza.

¿Qué opina de las palabras del Papa Francisco en las que critica el “carrerismo” en la Iglesia, el querer utilizar una diócesis pequeña para acceder a otra más grande?¿Cree que eso se da en México?

Se da en México, como en todas partes. Es algo que traemos en la mente y el corazón por la concupiscencia, la inclinación a pecar. Se da en todos, obispos, sacerdotes, religiosas, laicos. Ciertamente es algo noble que alimentemos el deseo y la búsqueda de superación, pero es distorsionado pretender que dicha superación se advierta en esos “ascensos”, que en el obispo puede estar el sueño de “ascender” a arzobispo y luego a cardenal; o al menos llegar a una diócesis más grata en lo económico, afectivo o pastoral. El diablo se aprovecha y se esmera en pervertir nuestras intenciones y acciones… y nosotros no reaccionamos con prontitud en contra del mal espíritu y según las mociones del buen espíritu.

¿La insistencia de Francisco en la austeridad y en que los obispos no sean “príncipes” le ha hecho recapacitar? ¿Le ha movido a prescindir de cosas de su vida o a cambiar algún aspecto de su día a día?

La insistencia del Papa en sus palabras va acompañada de su testimonio, a lo cual se suma la reacción positiva de los fieles y la población mundial. Yo veo que el Papa y la población católica y no católica nos quiere no “príncipes”, sino pobres y humildes al estilo de Jesús. De hecho éstas son dos virtudes que he identificado como necesarias en mi conversión personal y pastoral. Quienes me tratan de cerca me ven sencillo y austero; pero tiendo a apegarme a lo que defino como mío, necesito ser más desprendido en mis bienes y en mis afectos; también más misericordioso y dar esperanza, pues con frecuencia soy rígido e impaciente en la forma de llamar la atención.

El Papa habla con mucha frecuencia del diablo, de sus tretas y sus maniobras ¿Cuál cree que es el mayor logro del diablo en la sociedad actual?

El que ignoremos o minimicemos su acción. Cristo fue tentado muchas veces por el diablo, pero nunca cedió; en cambio nosotros cedemos con frecuencia y no lo queremos advertir.

Sin duda también son un logro del diablo las numerosas leyes inicuas que se aprueban en occidente ¿Puede un católico votar a un partido que no defienda explícitamente los Principios no negociables definidos por Benedicto XVI?

El Papa Benedicto XVI hablaba de valores no negociables como el respeto y la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de la educación de los hijos y la promoción del bien común, valores no tanto fundados en la fe sino en la naturaleza humana. La seriedad de la fe, no sólo para lo privado sino también para lo público, en concreto la política, nos exige una participación ciudadana que no vaya en contra de dichos valores.

¿Cree que son necesarias opciones políticas que defiendan explícitamente los principios no negociables definidos por Benedicto XVI?

Es algo que va en línea con lo que el mismo Benedicto XVI nos pedía a los obispos, como parte de la responsabilidad que se nos ha confiado. No nos toca a los obispos entrar en opciones de política partidista, pero sí de búsqueda del bien común.

¿Dónde van los niños cuando son abortados?

Entran en la situación de los niños que mueren sin haber sido bautizados, acerca de los cuales el Catecismo de la Iglesia Católica dice hay que confiar en la misericordia divina, que haya un camino de salvación para ellos.

¿Qué opina de la adopción de embriones congelados para evitar su destrucción?

Es un tema muy delicado y dramático, desgraciadamente en contexto de la creciente práctica de la fecundación in vitro, o sea en laboratorio, y la crioconservación, o sea embriones que se conservan congelados.

La fecundación in vitro y la crioconservación son actos en sí mismo moralmente negativos. El que los avances de la ciencia lo hagan posible no quiere decir que sea inofensivo. Hay un principio: no todo lo que es técnicamente posible, también lo es éticamente. Los dos actos mencionados, aunque sean posibles técnicamente, no son éticos, van en contra del respeto a la naturaleza humana.

Otra situación es la de la adopción de embriones congelados para evitar su destrucción: es un acto en sí mismo moralmente positivo, un gesto muy noble, ya que respeta y pretende promover la existencia humana de dicho embrión congelado. Desde luego que no se puede imponer a las personas la adopción, ni tampoco impedir.

Ha estado muy vinculado a la pastoral familiar, fue Presidente de la Comisión Episcopal para la Familia, Juventud y Laicos para el trienio 2007-2009 en el Episcopado Mexicano. ¿Qué legislación sobre convivencias homosexuales cree que podríamos admitir los católicos?

Respecto a este tema, el Catecismo de la Iglesia Católica es breve, pero muy iluminador: los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados; pero las personas con tendencias homosexuales deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza, evitando todo signo de discriminación. Estas personas con tendencias homosexuales están llamadas, como todo bautizado, a esmerarse en vivir según Dios. No sólo podemos estar de acuerdo, sino que hemos de apoyar iniciativas de ley que vayan según estos principios.

¿Hay algún movimiento, institución u orden religiosa de la Iglesia que le guste especialmente o al que pertenezca?

Desde que era seminarista empecé a trabajar en movimientos en favor de la familia, lo que continúe como sacerdote, por ejemplo con Movimiento Familiar Cristiano o Encuentro Matrimonial. Ya luego como obispo, por los servicios que me han pedido, he estado muy cercano a diversos movimientos en esta línea pastoral.

En general, como sacerdote y ahora como obispo, he tratado de conocer y apoyar a los grupos, asociaciones o movimientos laicales, también a los institutos religiosas que estén en el ámbito pastoral de mi responsabilidad.

¿Qué es lo mejor de ser sacerdote? ¿Qué les diría a los jóvenes para animarles a entregar su vida a Dios en el sacerdocio?

Que es Cristo quien llama y concede a la persona humana concreta el que actúe en persona de Cristo Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo de la Iglesia. Por lo mismo que los sacerdotes nos dejemos fascinar por Cristo y así lo vivamos y transmitamos a los demás. Que los jóvenes se dejen fascinar por Cristo. Es apasionante. Ciertamente esto exige, pero vale la pena. Quien se decida por Cristo no quedará defraudado.

¿Cómo ve la Iglesia en México? ¿Están en un buen momento histórico?

En toda época se podrán encontrar signos negativos, que provoquen pesimismo; pero también signos positivos, que provoquen esperanza. Así en la realidad actual. Ni todo es negativo, ni todo es positivo. Hay mucho negativo por purificar o superar; también hay mucho positivo por potenciar, con esperanza y anhelo. Cristo sigue presente en la Iglesia y la conduce con su Espíritu. Si los bautizados, sobre todo los clérigos, entramos al espíritu de la conversión pastoral, motivados por el Papa Francisco, no podrá dejarse de sentir en la comunidad eclesial.

¿Qué parte de responsabilidad tiene la iglesia en la crisis de fe que se vive en Occidente?

Mucha, no podemos rehuir; pero se requiere y es posible la santidad, el heroísmo en el ejercicio de las virtudes.

¿Cuál debe ser el límite de la tolerancia del obispo ante un sacerdote, religioso o religiosa que “va por libre”, o ante un sacerdote acusado de pederastia?

Eso de que “va por libre” quiero entenderlo que decide “cada quien por su lado”. No se puede. Se requiere la comunión: somos de Dios Trino y Uno, nos pertenecemos y nos necesitamos mutuamente como hijos de Dios y hermanos entre nosotros. El Papa Francisco nos motiva a ser misericordiosos e infundir esperanza.

En cuanto al sacerdote acusado de pederastia, habrá que precisar su implicación psicológica y moral. Sigue siendo válida la definición de “tolerancia cero” a la que se refería el Papa Benedicto XVI cuando hay declarados actos de pederastia, que psicológica y moralmente inhabilitan al sacerdote a seguir ejerciendo el ministerio sacerdotal; pero el mismo sacerdote, con todo y haber sido autor de actos del todo detestables para su condición de ministro sagrado, también es persona humana y bautizado que requiere de misericordia para su conversión personal y su salvación.

¿Cómo asume las críticas sobre su persona o sus actuaciones, si se producen, de católicos, católicos extrafronterizos y enemigos de la Iglesia?

Reconozco que respingo a las críticas que me hacen, me hacen sufrir y me han quitado la paz; pero voy aprendiendo a asumir el espíritu de Cristo, de mansedumbre y fortaleza. Ahora bien, si las críticas son sobre algo que debo cambiar, entonces me obliga la conversión; si son falsas, no objetivas, las asuma como experiencia de cruz. La verdad aparecerá y brillará.

¿Y la curia, cree que representa fielmente a la Iglesia de Cristo?

Imagino que usted piensa en la curia romana. Tiene personas y cosas positivas; también tiene necesidad de cambios, que los cardenales han comentado y el Papa Francisco ha asumido. Confío en la conducción del Espíritu Santo en este proceso

¿Cuál es su lema episcopal y por qué lo eligió?

“Servir y dar la vida”. El día que el Nuncio me dijo que el Papa me nombraba para obispo de Tehuacán, estábamos por entrar a una Misa de toma de posesión de otro obispo. El texto del Evangelio de san Mateo incluía dicha frase, que me agradó para lema episcopal, pues me motiva a dejar mi egoísmo, no buscar el poder, el ejercicio de la autoridad sin más, sino la autoridad ejercida como servicio, de modo que vaya dando la vida cada día.

De las virtudes ¿hay alguna en la que le guste poner especial énfasis?

Ya decía que la mansedumbre y la humildad, pues me llevan a superar mi impaciencia, el afán de tener la razón.



Además de lo que acabo de decir, también otra cosa que decía antes: los apegos a bienes y a afectos.

¿Es fácil confesarse en su diócesis?

Hay sacerdotes que les cuesta sentarse a confesar; pero también hay muchos que lo hacen largamente y con paciencia. Me da la impresión que la gente va conociendo y sabiendo a qué parroquia y a que sacerdote acudir. Desde luego que la gente y yo mismo desearíamos que todos los sacerdotes estuviéramos disponibles para confesar.

¿Tiene adoración permanente en su diócesis?

Hay sólo dos capillas de adoración perpetua. Dios quiera que vayan apareciendo otras más.

¿Qué libros está leyendo ahora?

Tengo varios libros a la mitad: unos sobre la vida del Papa Francisco, otros de Amedeo Cencini y cuyo pensamiento me motiva mucho, como también los libros del cardenal Carlo María Martini y que sigo consultando con frecuencia. Estoy leyendo uno de pastoral urbana.

¿Qué música escucha?

De preferencia clásica, también moderna instrumental, pero más bien tranquila. Me gusta mucho la música folklórica de los países que he visitado.

Sé que no tendrá mucho tiempo para ver cine pero ¿Tiene alguna película favorita?

Tengo algunas que me han regalado y espero poder verlas: de vidas de santos, del Papa Francisco, “Secretos de pasión” (There be dragons).

¿Cuál es su comida preferida?

Verduras, frutas, pescado

¿Fuma?

No.

¿Le gusta beber alcohol? ¿Alguna bebida especialmente?

Soy muy sobrio. Me gustan los vinos de mesa.

Si pudiera hacer milagros ¿qué milagro haría?

No tengo idea, eso depende de Dios.

¿Si no hubiera sido sacerdote, en qué le habría gustado trabajar?

Profesor, académico, acompañante en el proceso formativo de las personas.

¿Con qué personaje del siglo XX le gustaría tomar un café y charlar?

Juan Pablo II, Carlo María Martini

¿Cómo resumiría su vida en una sola idea central?

Por la gracia de Dios soy lo que soy, pero me falta dejarme hacer.

¿Qué diría a un grupo de laicos interesados por informar sobre la Iglesia?

Que lo hagan con verdad y con criterio de trascendencia.

¿Cuál cree que debe ser nuestra actitud ante temas “delicados” sobre los que informar, o ante divisiones o actuaciones censurables de miembros de la jerarquía eclesiástica?

Verdad y misericordia. No complacencia con el mal. No amarillismo. Informar y formar conciencias.







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