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La llama del amor matrimonial

La llama del amor matrimonial
Cultivar las pequeñas manifestaciones de cariño y amor.


Por: Alberto Abdala | Fuente: catholic.net




En todos los M se produce un instante, casi inconsciente, en uno de los esposos el deseo de manifestar su amor matrimonial por el otro esposo; es una verdadera llama de amor matrimonial. De este acontecer deben estar informados todos los esposos por su importante significado para la vida del M.

No esperar este momento de cariño o de demostración de satisfacción por el M para pedir algo tanto de parte como de parte de él
Esta manifestación de amor –llama de amor matrimonial- en general es muy sutil como un gesto, una mirada, una caricia, etc, y se pone de manifiesto en momento aparentemente inoportuno por la presencia de familiares o amigos o estando en lugares públicos. Es la interioridad cargada de amor conyugal que obliga a estas demostraciones.

No esperar este momento de cariño o demostración de satisfacción por el M para pedir algo en cualquier sentido que fuera. No es el momento oportuno, es soplar la llama del amor matrimonial que se debilitara tanto pudiendo llegar a apagarse.

Las pequeñas nuestras de cariño y amor matrimonial que se presentan súbitamente, tanto en ella como en él, NO SON PARA CAMBIARLAS POR NADA, se debe hacer lo posible para que sigan su evolución y que sean un hábito frecuente en el M. No cambiarlas en forma adrede como si se estuviera esperando ese “momento de amor” para pedir algo o decir algo fuera de tema: se rompió la canilla, falta comprar esto, el hijo sacó mala nota, etc.

NO, ese momento de amor matrimonial es la antesala de la IM.; momento sagrado para el M. No ir destruyendo los pequeños brotes diarios de amor porque se generará un estado desagradable y en eso terminará una llama de amor matrimonial. Pésima actitud cortar cualquier comienzo positivo para el M.

Estos iníciales y breves momentos de sutiles demostraciones del estado afectivo de cualquiera de los esposos son la levadura que condicionará la IM, el gran momento de demostración de amor matrimonial con una sensación afectiva especial y muy propia.

Jamás una manifestación de amor matrimonial ignorarla, truncarla y peor aun despreciarla.
Lo negativo crece solo, jamás provocarlo; siempre reemplazarlo, en lo posible, por muestras de cariño.

El sutil arrepentimiento por el que lo provoca y en rápido perdón por el ofensor es la mejor forma de guardar el M porque esas situaciones de poco importantes malestares al repetirse terminan generando disgusto que cambia todo el nivel afectivo del hogar
Es mucho más simple superar un enfado que un disgusto.

Esta “llama de amor” que iba a comenzar fue truncada y cambiada por un pedido, una mala noticia, un mal recuerdo, etc, etc provocará un cambio en la afectividad, jamás que ello sea un hábito, una costumbre. Se esperaba, en retribución a la manifestación de amor de uno de los esposos, cualquier demostración de amor matrimonial, pero fue cambiado por algo que enturbia el grado afectivo matrimonial en ese momento que bien hubiera podido continuar con demostración de amor.

Hay circunstancias exclusivas matrimoniales que contribuyen a mantener el ambiente de cariño y amor del M que debe ser impulsado diariamente. Un obsequio, por ejemplo, no interesa precio ni tamaño; el sentimiento que impulsó su adquisición no tiene precio, tiene intención y deseo de quién lo hace. Ese es el valor que debe darle quien lo recibe.

Durante cada día hay un tiempo matrimonial con un nivel afectivo que impulsa a ella o a el, a esa demostración de cariño, eso es sagrado.
Ello es porque el amor matrimonial, en la interioridad, se inicia espontáneamente y ocasiona esas manifestaciones: palabras tiernas, caricias, alabanzas, obsequios, invitaciones, etc, etc. ASI FLORECE EL AMOR MATRIMONIAL: jamás oponerse, jamás truncarlo al contrario agradecer, corresponder y vivir ese momento de PRESENCIA DEL M. Así día a día, lentamente, se plasma la forma de ser de ese M.
Esta manifestación es la demostración de la salud matrimonial.

Se repite: jamás oponerse, ser indiferente y menos aún menospreciarlo; repetir esto sería el comienzo de graves dificultades.
Cuanto más abunden estas manifestaciones de amor, aunque sea solo con palabras, mejor para los dos esposos porque se eleva el nivel afectivo del M y se reflejará en todo el vivir del M y la familia.

No tiene porque haber una retribución inmediata: se lo debe interpretar como la calidad de la convivencia. Ya llegará el momento no de retribuir atenciones porque ello demostraría lo ocasional de ello, sino simplemente tener semejante comportamiento para que ese sea el nivel afectivo matrimonial de ese M y siempre en permanente ascenso.

TOLERANCIA Y PRUDENCIA debe manifestar cualquiera de los esposos cuya atención tuvo mal fin. Llegará el momento de saber explicar el mal momento vivido.

NO debe ser costumbre que uno de los esposos (casi siempre ella) espere el MOMENTO DEL M (la llama del amor matrimonial) para pedir, reprochar o anunciar algo desagradable.
Esa “llama de amor matrimonial” es el termostato que está marcando el nivel afectivo del M. no dejar que disminuya ni mucho menos que se apague.

Para mantener la alegría y felicidad del M no hace falta más que una caricia o una mirada que no tienen presupuesto. Habituarse a ello es el vivir en felicidad, esto es exclusivo del m, así de simple y generoso es.

Los esposos deben ser generosos en afectos y en el diálogo con deseos de VIVIR JUNTOS, ello no afecta la condición económica mejorando el estado de salud.

Pueblos que han padecido los horrores de la guerra han demostrado que no solo sin dinero sino con hambre y peligro de muerte llegaron al nivel afectivo matrimonial más profundo del ser humano, al máximo nivel en el M con todas sus demostraciones de amor de que es capaz el ser humano, más que el no casado ¿por qué? Porque el que quiso formar M, sea mujer o varón, comenzó con un sentimiento muy especial que lo (la) llevó a ponerse de novio y a formar matrimonio como demostración de crecimiento de ese sentimiento que ocupa su interioridad proceso no desarrollado en el que se mantiene soltero (a) Es el amor matrimonial que lo lleva al ser humano a conductas muy especiales demostrando su cariño y amor que crece y se arraiga más que cualquier otra forma de cariño y se hace máximo
Las guerras demostraron esto.

Al exponer a los esposos a cualquier grave contingencia se comprobará la fuerza extraordinaria del amor matrimonial, MÁXIMA FUERZA AFECTIVA HUMANA.

El M tiene “SU” tiempo de coordinar y arreglar todos los problemas del hogar, es en intimidad matrimonial ( Ver I.M. tomo I) porque ahí ella y él están en un Estado afectivo especial – propio del m- propicio para las mejores soluciones.
Así de complejo y completo es el M; nada falta en él, los esposos deben saber lograrlo.

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