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Las palabras de Pablo VI en la Humanae Vitae a los políticos y personas de ciencia



Por: Cecilia Esther Rdguez. Galván | Fuente: Humanae Vitae



Las palabras de Pablo VI en la Humanae Vitae a los políticos y personas de ciencia.

“A la vista del enorme crecimiento de políticas públicas -y médicas- en los últimos años, no es ocioso recordar que los principios de la bioética no pueden ser otros que los de la ética.” Ana Marta González


Hace unos días un sacerdote de otra diócesis visitaba los abortuorios de la Cd. De México, se detuvo ante uno de ellos para iniciar el rezo del Santo Rosario cuando vio a una niña, de 12 a 14 años, “llevaba una mochila de Dora la Exploradora en su espalda” …iba acompañada de sus papás, se detuvieron ante las puertas del mal llamado sanatorio y al salir la enfermera llamó a viva voz: “las que vienen por aspiración, pasar”, ella se encontraba parada y sus padres la empujaron a entrar…

Una niña apenas, llevada por sus propios padres a asistir al asesinato de su propio hijo, de unas 8-10 semanas de gestación por el tipo de aborto al que se sometió.

Las políticas públicas que conciben solucionar problemas del hombre sin considerar a la persona humana y la grandeza que esta representa son tan nocivas como eficientes, sino basta reflexionar sobre el caso anterior.

Cuando los hombres y mujeres se proponen extraer del vinculo conyugal el uso de la sexualidad y la utilizan a granel, basándose para ello en anticonceptivos y abortivos no lo hacen solos, no es algo que ocurrió de improviso sin pensarlo, sino que han sido motivados e impulsados por fuertes movimientos que en el tiempo provocan una revolución sexual, ideologías y políticas públicas, sociales y de salud, que disminuyen la dignidad humana para manipularla. Terminan por cosificar a las personas, especialmente, pero no de manera exclusiva, a la mujer.

Los poderes políticos tienen su que haber en este punto de estudio pues en tanto las legislaciones y las políticas no apunten a una verdadera promoción del ser humano y de la familia, sin un conocimiento real, científico y ético de la situación, y cedan, al contrario a argumentos sin base y que desgastan la salud de las familias, los pueblos no podrán tener una libertad real ni podrán entenderse políticas poblacionales.

El Papa menciona claramente que: “los poderes públicos pueden y deben contribuir a la solución del problema demográfico: el de una cuidadosa política familiar y de una sabia educación de los pueblos, que respete la ley moral y la libertad de los ciudadanos” (HV 23), siendo así los pueblos libres los verdaderos responsables de sus actos, lo que se puede traducir al hecho de que pueden responder a la verdad de ser hombres, a vivir como tales y ser testimonio de la realidad absoluta y trascendente que representan.

Y cuando las políticas apuntan no a la libertad sino a la esclavitud en el ámbito de la sexualidad provocan serias degradaciones en la célula familiar, como la mencionada al inicio de este artículo.

Esa mal llamada libertad sexual y surgimiento de “derechos” ha ocasionado una profunda soledad en los adolescentes, en los jóvenes, de este y otros tiempos sin mencionar a los cónyuges, de los cuales hay muchos que luchan por conciliar una vida de entrega, coherente con sus creencias y cuando lo logran son continuamente atacados por un sistema que les susurra vivir de ombligo para abajo.

Más de un médico se ve entre la “espada y la pared” al responder dentro de sus obligaciones laborales a situaciones sin precedente dentro de su desarrollo profesional como el de procurar el asesinato directo de un ser humano.

El Papa tiene para unos y otros unas palabras, y les alienta a ser portadores de Verdad y Esperanza, no dejándose engañar y sucumbir ante la fuerte presión que representa una falacia, luchando con firme confianza en el Señor para proteger el bien de la Vida y la Familia.

También recuerda lo que el Concilio pedía a los hombres de ciencia acerca de que: "pueden contribuir notablemente al bien del matrimonio y de la familia y a la paz de las conciencias si, uniendo sus estudios, se proponen aclarar más profundamente las diversas condiciones favorables a una honesta regulación de la procreación humana" (Gaudium et Spes, n. 52; HV 24)

Y es que en sí la naturaleza humana debe luchar con todas sus fuerzas por imponer el bien en su vida diaria, una ley inscrita en el corazón de cada hombre y mujer, y en esa lucha se encuentra justamente el de profesar lo que se cree y actuar conforme a ello, desviarse en este punto es el inicio triste cuyo final es la aceptación de políticas y propuestas que derivan en una visión triste y lastimada de la dignidad humana, ambos errores hijos de nuestro tiempo.







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