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Familia, piedra angular de la sociedad.
La familia es “la célula primaria y vital de la sociedad…porque constituye su fundamento y alimento continuo mediante su función al servicio a la vida” (FC 42).


Por: Cecilia Esther Rdguez Galván | Fuente: Humanae Vitae



Familia, piedra angular de la sociedad. Una lectura a la Humanae Vitae

La familia es “la célula primaria y vital de la sociedad…porque constituye su fundamento y alimento continuo mediante su función al servicio a la vida” (FC 42). Por tanto todo cuanto le acontezca (a la familia) tendrá una igual repercusión en la sociedad.

Hoy en día muchos son los ataques que se cometen a plena luz en contra de la familia, por hablar de algunos están la extendida moda del divorcio, que destruye a todos los miembros de la familia, incluso de la extendida, y que es origen de terribles traumas que quiebran el equilibrio psíquico y moral de los hijos; el aborto, que destruye con violencia la vida del ser más indefenso, y a la mujer que lo consiente, la ideología de género, el uso inadecuado de la sexualidad, los anticonceptivos, una paternidad responsable mal entendida, la manipulación de embriones sujeta al deseo de quien sea, los mal llamados “matrimonios” entre personas del mismo sexo…

Y a pesar de los ataques frontales, a muchos sí les interesa el desarrollo de la sociedad, pues es el medio en el cual subsistimos, pero el compromiso que la sociedad en general va adquiriendo de cara a la familia es cada vez menor, (y quizá no por la búsqueda en sí de la maldad que acarrea, quiero creer, sino por desinterés culposo), las personas que constituyen esta sociedad y que conforman parte de estas familias violentadas se han ido desinteresando de la salud de esa primera célula; y que si no encuentra pronto el retorno a un nivel de salud adecuado corre el riesgo de perder toda identidad y con ello el desarrollo integral que la sociedad merece y en la cual todo ser humano tiene derecho a desarrollarse. “El futuro del mundo y de la Iglesia pasa a través de la familia” (FC 75). Y ya sea porque no interese, porque se le ve como algo anticuado o porque se ha dado lugar al pensamiento hedonista y tirano actual, lo cierto es que la familia es el blanco del principal enemigo del hombre.

En estos tiempos donde tanto se lucha por derechos y “derechos”, por libertades e igualdades, el ser humano, hombre y mujer, debe detenerse a repensar su condición familiar y a luchar sin tregua por recuperar el terreno cedido en una triste y falsa idea de lo que la familia es.

Es necesario que la mujer defienda la vida que se gesta en su vientre, y que viene a complementar a la familia, que luche por un espacio, no solo social o económico que garantice su personalidad y aportación única, sino que vea y vele por lo que solo la feminidad de la mujer puede velar; la unión y el equilibrio familiar mucho depende de la presencia constante y vigilante de la mujer. Esto no implica que la mujer debe quedar “relegada” al hogar, pero sí que es parte fundamental del mismo, que la ausencia constante, no solo física, de la mujer, evita tejer uniones entre las vidas que se mueven dentro de la familia, que es fuerte, que es única, que es capaz, si, es mucho más, la mujer es la principal cuna de vida, al lado del varón ella es capaz de mayor fortaleza, de una complementariedad que jamás alcanzaría sola.

El hombre requiere de esa mujer fuerte que Proverbios 31 evoca, porque se sabe incompleto, el hombre busca a la mujer que es su igual, pero diferente, que le complementa, sin la feminidad de la mujer el hogar no es hogar, y sin la presencia masculina el hogar queda incompleto.

Ambos son la parte integrante de un sistema que se multiplica por millares para conformar a la humanidad y cualquier ataque por simple o débil que parezca lastima poderosamente a esta célula primaria que le conforma.

Sin una familia donde crecer, el hombre pierde poderosamente su orientación, y si bien es cierto que muchos, desafortunadamente, no cuentan con familias, la verdad es que muchas veces son acogidos por la familia extendida o cercana que suple las ausencias y contribuye a confirmar que la familia es necesaria, no solo en el ámbito espiritual sino social, antropológico.

La defensa de la familia es cuestión de vida o muerte, una mujer apoyada, que se sabe amada, que se siente valorada y respetada difícilmente se verá orillada por la presión mediática y global a deshacerse del hijo concebido independientemente de las circunstancias en las que se encuentre, justo la estabilidad de la familia, y la valoración que siente hacia ésta son un fuerte lazo para defender a quien es más inocente a pesar quizá de condiciones adversas a las que se pudiera enfrentar, y no es algo difícil de entender que un hombre que ama proteja a la vida naciente y a la mujer que la custodia, y la familia es el marco donde esto se desarrolla.

Proteger a la familia de la relatividad del tiempo, que es una tiranía que ataca al hombre moderno, donde si no existe compromiso y respeto no se puede fundamentar una relación estable, sincera, armoniosa, fiel…es una urgencia no solo pastoral, sino social, donde todos los que conformamos a la familia humana y la valoramos debemos hacer frente, motivándonos a hablar a favor de la familia, a actuar a favor de la familia, a vivir a favor de la familia, y esta vida, hecho testamento será el mejor legado que podamos dejar a las futuras generaciones: Un mundo en paz, porque una familia feliz, realizada y unida se multiplica generacionalmente.

 

 







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