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Argentina

El Camino de las Estancias
El legado de los jesuitas en Córdoba es Patrimonio de la Humanidad


Por: Sergio Allasia | Fuente: Catholic.net



La provincia de Córdoba, y su capital, son visitadas constantemente por turistas que llegan desde todos los puntos de Argentina. Su movimiento intelectual e industrial y su belleza natural hacen que muchos elijan la provincia mediterránea como destino para sus vacaciones o para sus estudios o negocios. Pero no todos saben que, al llegar, pueden encontrarse con verdaderas joyas culturales que han merecido la categoría de Patrimonio de la Humanidad por UNESCO: las Estancias Jesuíticas de Santa Catalina, Jesús María, Caroya, La Candelaria y Alta Gracias. Se suma a este conjunto la Manzana de las Luces, en pleno centro de la ciudad de Córdoba, corazón de la prestigiosa Universidad Nacional de Córdoba.

De todo este conjunto es de destacar la línea que une a la capital con Santa Catalina, el primer tramo del Camino Real, el sendero que transitaban los conquistadores españoles para llevar mulas y tejidos desde Córdoba hasta las minas de Potosí. Quedó allí una extraña y fascinante fusión de cultura y naturaleza, un perfecto encuentro que no deja de sorprender al visitante. En esta línea se pueden visitar las Estancias Jesuíticas Santa Catalina, Jesús María y Caroya. Claro que se puede comenzar con un recorrido por la Manzana de las Luces, antes de salir de la urbe para comenzar a disfrutar la belleza natural de las sierras chicas.

Vale decir que esta tierra, primitivamente habitada por comechingones y sanavirones, contiene otros asombrosos sitios de interés artístico, histórico y arquitectónico como Candonga, Ischilín, Ongamira y Cerro Colorado, donde el hombre supo crear sus propias maravillas culturales. Recorrer las sierras chicas de Córdoba es sumergirse a uno de los núcleos culturales más bellos de América Latina, pero, claro está, merece destacarse a las Estancias Jesuíticas como la coronación de esa cualidad.

Esas estancias formaron parte de un gran proyecto de producción destinado a sostener las instituciones religiosas y educativas que fundó la Orden religiosa de los jesuitas en Córdoba. Distinguiéndose de las reducciones del Paraguay y el norte argentino, cuyo propósito era la reorganización social y educativa de los aborígenes, en las de Córdoba floreció la producción agrícola y vitivinícola, a la vez que se levantaban “algunas de las más bellas obras de arquitectura colonial del país", como se asegura en la Guía de Arquitectura de Córdoba editada en 1996 por las ciudades de Córdoba y Sevilla.

En esa obra se explica que las estancias responden al tipo de conjunto monástico instaurado durante siglos en Europa y luego trasladado a América: una iglesia, cementerio contiguo, claustros para residencia de los monjes y para talleres y vivienda de indígenas. "Las emparenta el ingenio y la capacidad de sus autores para adaptar las soluciones europeas a las condiciones tecnológicas y ambientales locales, de lo que han resultado obras de gran originalidad" sostienen los autores Marina Waisman, Juana Bustamante y Gustavo Ceballos”.

“Pero quizás el efecto más impactante y sugestivo se produce cuando, al transitar por un camino despoblado se descubren de pronto, elevándose por sobre la salvaje vegetación, las esbeltas torres de Santa Catalina coronadas por germánicos cupulines acebollados. Se experimenta entonces el asombro ante la grandiosidad de la aventura de aquellos monjes y la locura de su empresa, se puede intuir la fe y la energía que debieron impulsarlos a crear civilización en medio del desierto. Santa Catalina, con su iglesia de origen sur alemán y sus claustros italianos, con sus talleres en ruda mampostería de piedra, es sin dudas una de las más valiosas joyas de la arquitectura colonial de este país".


  • Estancia de Santa Catalina


  • Santa Catalina fue fundada en 1622, en el mismo año que la actual Universidad Nacional de Córdoba, y es la más grande de todas las estancias jesuíticas declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad. Tuvo miles de cabezas de ganado vacuno, ovino y mular además de su producción textil y del obraje de herrería, carpintería y sus dos molinos. barroca, una residencia con tres patios y locales anexos, las ruinas del noviciado, la ranchería con habitaciones para esclavos, el tajamar alimentado por aguas subterráneas provenientes de Ongamira, y restos de acequias y molinos.

    Es sin dudas la obra más impresionante de que nos han dejado los jesuitas radicados en estas tierras en 1599, y que fueron expulsados en 1767.

    Para llegar hay que transitar 13 kilómetros de camino de tierra desde la ruta que une Jesús María con Ascochinga.


  • Estancia de Jesús María


  • La Estancia Jesús María data de 1618, siendo el segundo núcleo del sistema productivo organizado por la Compañía de Jesús. Implantó la vitivinicultura en estas tierras de tal manera que aún hoy la zona se caracteriza por sus bodegas, logrando vinos con personalidad propia. El lugar incluye la iglesia, la residencia y la bodega, los restos de los antiguos molinos, el perchel y el tajamar.

    La iglesia, de nave única abovedada posee un exterior bellamente sobrio, con una destacada cúpula central, ornamentada con interesantes relieves, y con una elegante espadaña de piedra que puede admirarse junto a la sacristía.

    Además del templo hay una residencia cuyo patio principal se encuentra bordeado por dos galerías de planta baja y alta, con entrepiso de bóvedas y techo superior de cabreadas.

    Actualmente es el edificio portador del Museo Nacional que permite admirar distintas colecciones de elementos de época, documentos y objetos artísticos.

    Para llegar se deben transitar 48 kilómetros al norte de Córdoba, por la Ruta 9 N.


  • Estancia de Caroya


  • A pocos kilómetros de la Posada Camino Real podrá conocerse el primer establecimiento productivo rural de la Compañía de Jesús: la Estación Caroya, creada en 1616. Desde 1854 la propiedad fue del gobierno nacional. En el primer período fue una casa de vacaciones para los alumnos del Colegio de Monserrat, de Córdoba, muchos de los cuales provenían de los actuales países vecinos de Argentina atraídos por la ya prestigiosa Universidad de Córdoba. Posteriormente, la casa se convirtió en Fábrica de Armas Blancas de la Guerra de la Independencia (1814-1816) y Posta del camino Real para el ejército del Norte. Finalmente, el gobierno nacional a partir de 1878, dispuso que la antigua estancia sirviera de asentamiento a una colonia agrícola. Actualmente se ha instalado allí el Museo del Inmigrante, pero también da testimonio de la fábrica de armas.
    La Casa mantiene una estructura colonial con su gran patio central rodeado de arquería. A él se penetra, ya sea por una entrada lateral para carruajes, o por una especie de " patio de honor", sobre elevado con dos cuerpos salientes que lo enmarcan.


  • Estancia La Candelaria


  • Se organizó en 1683. Tiene una capilla, la residencia y los locales anexos, ruinas de una ranchería, corrales, restos del tajamar, molino y acequias. Su tipología la ubica entre medio de un fortín y una residencia con santuario. Está a 220 kilómetros de la ciudad por la Ruta Nacional Nº 38 y a 73 kilómetros de Cruz del Eje.




  • Estancia de Alta Gracia


  • Esta estancia data de 1643. Ahora es la iglesia parroquial de la ciudad y en la residencia funciona el Museo Nacional “Casa del Virrey Liniers”. Se destaca el famoso tajamar. Tuvo producción textil, aunque la agricultura y la ganadería hayan sido la especialidad de la casa. Incluye una iglesia con fachada barroca, residencia con sus patios y locales anexos, el obraje, ruinas del molino, horno y acequias. Se ubica en e corazón de la ciudad, a 36 kilómetros de Córdoba por la ruta provincial Nº 5.


    Cómo llegar

    Si se quiere hacer todo el recorrido es preciso transitar unos 450 kilómetros por las serranías. Córdoba es el primer destino. Y desde allí se puede alquilar un auto o contratar excursiones. Hay buen transporte automotor desde la terminal de Córdoba. Para llegar a Córdoba se puede optar por transporte de ruta o por avión. La ciudad está bien conectada con el resto del país y tiene puente aéreo con Buenos Aires. También se pueden pedir guías profesionales en las oficinas de turismo de la ciudad.


    Dónde hospedarse

    Córdoba tiene un importante desarrollo turístico, su hotelería es de excelente calidad y las opciones son verdaderamente generosas, pero para quien quiera experimentar un verdadero encuentro de entre la cultura del lugar y la naturaleza serrana podrá visitar una estancia ubicada en el mismo predio original de la estancia Santa Catalina, incluso su dueña es heredara de Antonio Díaz, quien adquirió ese legado jesuítico después que los curas fueron expulsados del territorio del reino de España. Es una estancia dedicada al turismo rural ubicada a 10 kilómetros desde la iglesia, en plenas sierras. Se llama

Posada Camino Real y tiene la virtud de ser atendida por sus propios dueños y una cocina excelente. Es recomendable. Para reservar lugar se puede llamar al 351 6124863, es preferible hablar antes porque es muy requerida por los turistas, especialmente los extranjeros.







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