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El mal: ¡cómo culpan los mortales a los dioses¡

El mal: ¡cómo culpan los mortales a los dioses¡
¿Por qué existe el mal? ¿Quién es el autor del mal? ¿Por qué tenemos que encontrarnos con esta realidad, sin esta cara el mundo no sería mejor?


Por: P. Arnaldo Alvarado | Fuente: Catholic.net



Vivimos en una historia peculiar y así la dejaremos para la posteridad. Cada momento tiene algo que lo distingue del anterior y posterior.

Nuestro único y mejor modo de crecer es precisamente en la historia que nos toca, siempre con la mirada fija hacia otro mundo mejor. Mientras vivimos en el tiempo nos encontramos cada día con aspectos maravillosos de la vida.

Hace falta sólo abrir los ojos y ver más allá de mí: la generosidad, el trabajo abnegado, la sonrisa amable, la esperanza, los sacrificios, los intentos de mejoras, la reconciliación de los enemistados, el crecimiento de la vida y tantos otros. Pero también experimentamos sinsabores de la vida, cosas inesperadas y sufrimientos. No estamos siempre en ese momento oscuro, pero cuando se presenta parece que cubre todo con su fuerza. Me refiero a la presencia del mal en todas sus facetas.

¿Por qué existe el mal? ¿Quién es el autor del mal? ¿Por qué tenemos que encontrarnos con esta realidad, sin esta cara el mundo no sería mejor?

De entrada el mal ha tenido lugar en el tiempo, ha tenido inicio, no es eterno. Tal vez nos puede ayudar estas palabras de Homero en su obra la Odisea, es una queja del dios Zeus: “¡Ay, cómo culpan los mortales a los dioses!, pues de nosotros, dicen, proceden los males. Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde”.

Si Dios es bueno, no puede ser autor del mal. No echemos la culpa a quién es el origen de la bondad. Dios es luz plena, allí no hay sombra. Dios es la bondad máxima sin mezcla de mal.

Entonces ¿Cómo entendemos el mal? Pensemos en nuestra libertad. El mal moral, causado por el hombre, se debe al mal uso de su libertad.

Generalmente buscamos desentendernos de nuestras responsabilidades, más aún cuando somos los causantes. Veamos un poco de nuestra autoría: los caballos de la opresión, la esclavitud y las torturas, los maltratos a indefensos y desvalidos, las bombas de las guerras, los tráficos de humanos y el comercio de vidas, los látigos, los cañones, la tiranía política y las mafias tienen como autor al mismo hombre. No culpemos a otro lo que hemos causado y mucho menos a Dios.

Por tanto, “La responsabilidad humana en el sufrimiento humano es abrumadora. No solo la naturaleza se arma contra el hombre y le destruye; sabemos que también el hombre se arma contra el hombre y se convierte en carne de cañon, carne de carnicería de Auschwitz, carne de feto abortivo, carne desintegrada de Hiroshima, carne que muere en las guerras y guerrillas constantes…”

Conjugar la providencia divina con el sufrimiento humano resulta difícil. El sufrimiento de las enfermedades, desastres naturales y los causados por el propio hombre siempre serán motivos de escándalos e incluso de rebeldía y resentimiento hacia Dios y los demás. El acierto está en que el mal es imposible de comprenderlo totalmente y que si Dios permite el mal por algo será. Incluso Dios podrá sacar del mal bien. A nosotros nos toca romper con las cadenas del mal. Hasta aquí llega nuestra razón.

Algunas veces porque nos encontramos con el mal y el sufrimiento nos cuestionamos temas relevantes para la vida: la fe, la amistad, el motivo de seguir viviendo y si vale la pena seguir, la familia, la solidaridad. Para superarlo es necesario saber que no estamos solos. Dios nos ayuda y comparte el sufrimiento con nosotros; además hay mucha gente buena que me devolverá la esperanza y tengo que llevarlo todo por un fin grande. Experimentar el mal y sufrimiento es un pasar por lo inesperado, por aquello que no estaba en mis planes, pero no es la última palabra. Lo definitivo es el bien, la verdad, la justicia y Dios mismo. Entonces vale la pena seguir viviendo en plenitud la vida aunque sea con sus luces y sombras.

P. Arnaldo Alvarado


 







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