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El Naturalismo como Ética 5
El Dr. Andreas Böhmler nos habla de la libertad, los hábitos intelecturales y morales ante el tema de la verdad y el bien.


Por: Dr. Andreas A. Böhmler | Fuente: www.arbil.org



El Homo es un género de viviente que culmina cuando tiene lugar la humanización, cuando es dueño de su conducta. La humanización, la aparición de la inteligencia y de la libertad en el hombre, es perfectamente coherente con el punto de vista morfológico (bípedo: manos). Cuando se trata del Homo su cuerpo no está cerrado, sino que está abierto, no al ambiente, sino a una factura suya. Los antecesores nuestros del género Homo -no siendo capaces de acciones racionales-, es decir, desde el punto de vista meramente morfológico: el habilis y el erectus , se extinguieron seguramente porque su capacidad fabril no fue suficiente para competir con la primitiva estrategia evolutiva (especificación), es decir, con la adaptación. El sapiens sapiens por el contrario es notorio que puede extinguirse justamente por la razón contraria. He aquí también la crisis ecológica. Es decir, nuestra peculiar condición de super habilis (super faber ), constitutiva del trabajo humano, crea unos problemas bastante notables. Ello precisamente porque el proceso de humanización no es el de hominización; es distinto -aunque se apoye en él. La estrategia «evolutiva» llamada inteligencia ya no tiene sentido evolutivo, sino otro sentido ; mejor dicho, no es una estrategia ´evolutiva´ en absoluto.

Pero todavía hay otros datos científicos que desmoronan la ´evolución´ en cuanto ideología. Primero, "la hipótesis ´transformista´ no es directamente verificable en términos paleontológicos, más bien al contrario". "Lo que queda en cualquier caso fuera de duda es que transformaciones micro-evolutivas ocurren en la Naturaleza. La cuestión verdadera es, por tanto, no si lo que hemos definido como especies es de hecho absolutamente invariable sino si de modo alguno una transformación evolutiva puede producir lo que inequivocadamente reconoceríamos como un nuevo tipo de planta o animal. En otras palabras, hay un area gris dentro del cual opera una microevolución. Lo que, sin fundamento científico alguno, no obstante, afirma la hipótesis transformista es que también han ocurrido transformaciones macro-evolutivas" (´Evolution: fact and fantasy´, en: 13/, pp.66s). Por esto propone Jaki que "la palabra evolución debería quizá ceder a la palabra desarrollo" (9/, p.189).

Segundo, "la esencia del darwinismo es que no hay esencias; excepto una esencia que es la materia. .. Hoy, sin embargo, el darwinismo ha llegado al término del callejón sin salida pasando por el neodarwinismo y el darwinismo molecular" (13/, p.92) que se ingenió la hipótesis de la ya criticada ´auto-organización de la materia´, "una materia eterna, evolucionando dialécticamente entre masa y energía" (idem, p.106), con el azar como principio de paso entre ser y no-ser. De la misma factura es la -ya anteriormene criticada- teoría evolucionista del conocimiento (ecology of mind). Ya hemos demostrado la imposiblidad de que sea "el conocimiento función de un órgano biológico, a saber, del sistema nervioso. No se puede simplificar más" (idem, p.94).

En tales fantasias evolucionistas, sin embargo, fundamenta Friedrich A. von Hayek su doctrina liberal. Ya hemos sugerido que tal paso azaroso de la materia a la mente, del materialismo al liberalismo es una bonita ´ciencia ficción´ para no tener que creer en un Dios Creador transcendente, eliminando sucesivamente todos los niveles de autoridad, humana y social. Tanto respecto de las doctrinas del Neoliberalismo como de las emergentes teorías empresariales sistémicas, en su compartida y justificada aversión al mecanicismo político y económico vale recordar que son una cosa muy distinta sus respectivas verdades prácticas y su fundamentación especulativa. Es más, la propia ciencia y su límite metodológico se ofrece de bandera para afirmar al ´amable origen de la libertad´, a saber, la verdad que es el Verbo divino. De la teoría del caos o azar no sale ninguna teoría consistente de la libertad, y menos una libertad con ´cara amable´, la única con fuerzas para dotar de sentido al nuevo orden mundial (económico, político, social), tan frecuentemente invocado, y sin embargo tan erróneamente enfocado.

Al igual que sus adeptos posteriores "Darwin nunca cayó en la cuenta... de que el espectáculo mental de una vida eternamente evolucionando era una visión metafísica (9/, p.190). Por debajo del disfraz de humanismo acecha el materialismo científico en tanto que ´mito´ más desolador que jamás asoló la humanidad. El lavado de cara del darwinismo, en unos términos pseudohumanísticos, constituye una amenaza mucho mas poderosa al bien humano -intelectual, ético y espiritual- que la afirmación franca" del ´principio de guerra´ por los darwinistas a secas (9/, p.195). Este "falso humanismo debería ser desenmascarado a intervalos regulares, lo cual constituye una tarea esencialmente filosófica" (ibi., p.193).

Por lo visto, no podemos más que estar en alerta ante el acecho del mito de la auto-organización azarosa del universo, del caos determinístico que algunos pseudo-científicos, indebidamente amplificados por los mass-media, quieren vendernos como modelos adecuados para nuestra verdadera tarea: ordenar nuestras instituciones sociales sobre la base de la verdad y libertad. "Para realidades básicas como la mente, el sentido y los principios éticos.. la perspectiva darwinista no puede dar cuenta alguna" (ibi.) si no es acudiendo a la creencia científica, o sea: la ciencia ficción. "La noción de Evolución no merece ninguna simpatía si pretende servir como prueba de que la realidad existente puede surgir de donde no ha estado por lo menos embrionalmente". La noción de evolución requiere una "visión que es principal y últimamente metafísica. El hombre es capaz de tal visión precisamente porque su naturaleza trasciende lo meramente físico-biológico-psíquico" (ibi., p.195).

Para rematar estas consideraciones acerca de la creencia en una macro-evolución considero oportuno un par de citas del ampliamente referido libro ´Cosmos and Transcendence´, cuya lectura integra se recomienda a todos que todavía creen poder inferir de la Teoría del caos medidas válidas para la organización de la vida societaria. Creen porque creen. No hay más. En el capítulo VI con el título: Evolution: fact and fantasy , se inquieren las diferentes vías de investigación empírica para demostrar que ninguna de ellas permite concluir en la tesis transformista propia de la teoría de la evolución.

Comenzando por la ciencia paleontológica aprendemos que "los fosiles no hacen amigos favorables del evolucionista", hasta tal punto que -ya por entonces- el mismo Darwin se sentía obligado a admitir en su ´Origen de las especies´ que "esto, a lo mejor, es la más obvia y más seria objeción que puede aducirse en contra de nuestra teoría" (p.68). "Es un hecho que la mayoría de los tipos fundamentales en el reino animal se presentan a nosotros como sin-antecedente desde el punto de vista paleontológico" (pp.69s). "La única vía de escape de esta evidencia negativa es la creencia en la hipótesis de una criptogénesis, ´evolución clandestina´, o de una ´evolución explosiva´, producto del azar" (p.70). "La doctrina de la evolución, al contrario del presupuesto científico, no tiene virtualmente contenido predictivo. Una vez más, en definitiva, nos encontramos ante una situación donde prevalecen suposiciones ocultas, mientras que cualquier doctrina metafísica o trancendente... es atacada de ininteligible" (p.72).

Otro punto aducido por los evolucionistas es la obvia semejanza entre los seres, por ejemplo, mono y hombre. No obstante, concluye Smith, "está probada conclusivamente que el hecho de una fuerte correlación no entraña en sí mismo la hipótesis de un origen común, ni materialmente considerado" (p.73). Para un cristiano significa más bien la analogía de todo lo existente con el Verbo, "el cosmos está hecho con semejanza al Verbo que era en el comienzo" (p. 59).

También otro argumento, abusado desde el principio, de que los hechos de la embriología hayan suministrado uno de los argumentos principales a favor de la doctrina transformista, ha sido rechazado por los biólogos mismos: la ley de recapitulación, o sea, de que cada ontogénesis sería una recapitulación de la filogénesis, que, por ejemplo, cada embrio humano pasase por todos los estadios de la génesis del género humano. La conclusión no puede ser mas que "la verdad es al revez: la filogénesis esta basada en la ontogénesis" (p.74). Además "ningún fosil muestra un organo naciente. ... Si las especies estuvieran evolucionando, la mayoría de ellas debería exhibir estructuras nacientes en todos los estadios de compleción... Resulta sin embargo que ni una sola existe" (p.77).

Tampoco la genética con sus desarrollos fuertes en biogenética y genética molecular, a pesar de sus grandes presunciones al respecto, nada nos confirma sobre la formación de las especies, sobre una macro-evolución o su dinámica. Por otra parte, "antes de que una macroevolución pueda ser ´explicada´ habrá que estar en disposición de afirmar que ´existe´, en primer lugar. Mientras tanto -lo queramos o no- una constancia inviolable de las especies permanece como hecho experimental dominante" (p.81).

"Hemos dicho lo suficiente para mostrar que la doctrina de la evolución no es de ninguna manera la bien-fundamentada teoría científica por la que es tomada generalmente. ... El Darwinismo ha dejado de ser una tentadora teoría científica y se ha trocado en filosofía, casi en una religión; ... una doctrina que "ganaba más aceptación como dogma que como útil hipótesis científica" (p.82). "Por la naturaleza del caso, la doctrina de la evolución no puede ser establecida sobre fundamentos empíricos, y por la misma razón es también no-falseable. Esto es tanto su fuerza como su debilidad: su fuerza como dogma, y su debilidad como verdad científica" (p.84)

Concluyendo: si estas reflexiones tienen el talante propio de una apología de la libertad, frente a la hipótesis de un caos , lo tienen principalmente por su intención pedagógica. Aprendemos por repetición de argumentos o actos. Justo por ello es tan nociva la -por otra parte insostenible- ´teoría del caos´. Y es pegajosa, como cualquier error bien orquestrado. Cuanto más lo estudiamos, más nos lo creemos. Los hábitos intelectuales y morales son siempre, así también en este asunto, una espada de doble filo. En sí mismo son un dote humano que permite tanto el asentamiento a la verdad y al bien como al error y al mal, respectivamente. Ahora bien, sería un grave error habituarnos a buscar soluciones a la crisis social en la teoría del caos o azar, la teoría de auto-organización etc.. La verdad, tanto científica como antropológica, nos señala otro camino: el de atacar con valentía los problemas de desorden allí donde residen realmente: en la ignorancia muchas veces abrumadora respecto a la Verdad, y en el mal uso de la libertad.

Toda la literatura abundante y confusa sobre la organización y gobierno de la sociedad (instituciones políticas y económicas), desde cualquier otra rama del saber (física, biología, antropología y psicología ´zoológicas´) que dan lugar a la teoría de sistemas funcionalista (pragmatismo), no ha de confundirnos al respecto. Son verdades muy parciales empaquetadas más o menos espléndidamente en papel ´ciencia ficción´. No cabe duda, lo sobreviviremos, sobre todo cuánto más dispongamos de una buena dosis de sentido de humor, y sobre todo, en la medida de aquella creencia que no es ficción, como es el ´caos´, sino la Verdad misma.
 

 







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