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Prohibir el tabaco y el alcohol
¿Está en la prohibición de los anuncios de alcohol y tabaco la solución a este grave problema social? El publicista Clemente Ferrer opina.


Por: Clemente Ferrer Roselló | Fuente: clementeferrer.com



La publicidad del tabaco y del alcohol es uno de los temas de la legislación sobre publicidad más debatidos y que suscitan más polémica a todos los niveles de la sociedad.

Cierto es que las prohibiciones publicitarias en ambos tipos de productos son justificadas por el legislador en orden a la protección de la salud y la seguridad de las personas, teniendo en cuenta a los sujetos destinatarios, la no inducción directa o indirecta a su consumo indiscriminado.

Sin embargo, tanto el alcohol como el tabaco siguen apareciendo, bajo formas y estrategias más o menos sofisticadas, en la televisión y en el cine. Y resulta curioso observar como, aunque tabaco y alcohol aparecen unidos en la polémica publicitaria, la condena general se dirige con más fuerza al hábito de fumar que al de beber.

No deja de ser cierto que el tabaquismo supone un coste muy alto para el sistema nacional de salud, mucho más cuantioso que el alcoholismo. Pero tampoco hay que olvidar que tabaco y alcohol son productos cuya fabricación, distribución y venta está permitida y su consumo legalizado.

Antes de llegar al paroxismo hay que procurar que la publicidad revierta en una educación positiva, personal y social, donde se muestren pautas de comportamiento. Se debe enseñar a la persona a consumir esta clase de productos, haciendo hincapié, en los riesgos que asume, así como en las consecuencias indirectas en quienes están en su entorno o con él conviven.

Orientar esta clase de publicidad hacia un objetivo social de una mejor salud pública parece lo más conveniente y saludable. Y todos los esfuerzos que se hagan en este camino son siempre insuficientes. Pero nadie duda que la sociedad tiene cosas más importantes que desterrar y problemas más acuciantes que solucionar y que requieren un esfuerzo adicional por parte de cada persona y sería deseable que también fuera por parte de la propia Administración.

Pero volviendo a lo concreto, la verdad es que cortar la libertad de promoción del tabaco y el alcohol significa sacar las cosas de quicio y resolver en falso el problema.

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