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Agoreros de las malas noticias vs. La Esperanza
Comentario de la Oficina de Prensa de la Conferencia del Episcopado Mexicano


Por: Prensa CEM | Fuente: Cem.org.mx



La sociedad mexicana se siente englobada dentro del contexto de crisis y de adversidad. Se acrecienta la percepción de miedo y desesperanza por el porvenir. Crecen también los actos de inseguridad, de violencia, de descomposición social, el riesgo diario de sucumbir ante las adiciones, el convertirse en parte de la problemática actual con la práctica de la corrupción, el chantaje, las extorsiones, la calumnia, la mentira e impedir el bienestar y el respeto a la dignidad humana.

Asegurar la paz en México nos ha costado a todos mucho esfuerzo, pero vemos con qué prontitud se arrebata este estado de vida en muchas de las comunidades del país, donde ahora se vive la zozobra, por tanta violencia e inseguridad.

Nuestras autoridades siguen reuniéndose, haciendo declaraciones, dando estadísticas, diciendo que se hace frente al problema, por otro lado nos informan que la situación de corrupción y violencia es causada por el narcotráfico y el crimen organizado; incluso escuchamos que estas situaciones en algún momento empeorarán, que aún no tocamos fondo.

La violencia ha cobrado caminos insospechados, ¿qué sigue? El pueblo de México tiene que ser parte de la solución, cada uno tiene que poner su parte si queremos verdaderamente una solución a todo cuanto nos aqueja, comenzando por supuesto por quienes tienen la responsabilidad de brindar protección y seguridad por igual a los ciudadanos.

¿No se ha convertido la violencia en parte de nuestro personal existir? Estallamos por cualquier cosa, y lo vivimos a cada momento dentro del círculo de lo familiar, nos irritamos por algo insignificante, e incluso agredimos con armas a aquel que no opina o hace lo que nosotros queremos, ¿por qué todo esto?

La humanidad está olvidando lo esencial, por lo que hemos venido a esta vida, que es el convivir y ser felices. Convivencia y felicidad solamente las podremos encontrar, en un primer plano, en la comunidad familiar y más ampliamente en el ámbito social. Hoy parece que tanto la educación en familia y la escolar están enfocadas al “bienestar individual” pasando por encima de todos sin tener en cuenta que no estamos solos y que para vivir en justicia y en paz tenemos que ceder, respetar y ser incluyentes, y lo más importante, saber reconocer los errores y pedir perdón cuando sea necesario.

Hoy los agoreros de las malas noticias los encontramos por doquier: la economía empeora, el desempleo va en aumento, el índice de pobreza crece, y un sin fin de situaciones que nos pueden llevar a límites de desesperación e incluso de violencia.

Nosotros optamos por la Esperanza, esperanza que no está basada en quimeras irrealizables sino en el compromiso, en la madurez y sobretodo en la confianza en Dios. Por eso nadie puede apoderarse de la vida de sus semejantes. El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es la tranquilidad del orden. Es obra de la justicia.







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