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Cardenal Joseph Marie Trinh Van Can
Ejerció su ministerio sacerdotal en medio de una de las más prolongadas guerras del siglo XX


Por: P. Clemente González |




Joseph Marie Trinh Van Can nació en Trac But, arquidiócesis de Hanoi (Vietnam), el 19 de marzo de 1921. Estudió filosofía y teología en el seminario diocesano, dirigido por la Compañía de sacerdotes de San Sulpicio.

Recibió la ordenación sacerdotal el 8 de diciembre de 1949. Pronto ocupó los cargos de vicepárroco en Ham-long, y después de párroco de la catedral de Hanoi. Su campo de acción predilecto fue la catequesis de los niños; se ocupó con esmero de la formación prematrimonial y trabajó en los suburbios de la capital dedicando generosas partes de su tiempo a los enfermos.

Organizó reuniones de estudio e impulsó notablemente la Acción Católica y la Legión de María, en las que vio brotar abundantes vocaciones religiosas y sacerdotales. En 1952 restauró la catedral y construyó tres capillas; en las afueras de la ciudad reconstruyó la iglesia dedicada a María Reina. El Arzobispo Mons. Joseph Marie Trin-nhu-Kue, creado cardenal más adelante, lo nombró sucesivamente vicario foráneo de la circunscripción de Hanoi, vicario delegado de toda la arquidiócesis y oficial del tribunal eclesiástico diocesano.

Juan XXIII lo nombró obispo titular de Ela y coadjutor con derecho a sucesión de Mons. Trin-nhu-Khue, Arzobispo de Hanoi, el 5 de febrero de 1963; recibió la ordenación episcopal el 2 de junio de ese año. Tomó parte en la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, celebrada en 1974 y en ella llamó la atención con sus intervenciones sobre la situación religiosa en Vietnam del Norte y sobre la evangelización por medio de los niños. En su patria, deseando llevar a cabo la renovación planeada por el concilio Vaticano II, emprendió la traducción a la propia lengua de los textos bíblicos más necesarios en la liturgia, y en 1975 publicó la traducción de los libros del Nuevo Testamento. Publicó asimismo tres tomos de cantos para el año litúrgico. Otra de sus publicaciones es una obra sobre Jesús crucificado; está dedicada a los enfermos.

Mons. Trinh Van Can ejerció su ministerio sacerdotal en medio de una de las más prolongadas guerras del siglo XX; se dedicó de tal manera a la edificación de la Iglesia que bien puede afirmarse que si la práctica de la fe cristiana en Vietnam aún subsiste, y si hay vocaciones, se debe en gran parte a su acción valiente; primero como arzobispo coadjutor de Hanoi y luego como arzobispo residencial (27 de noviembre de 1978). El 30 de junio de 1978 fue creado cardenal por Juan Pablo II. Hasta principios de 1990 sirvió a la Iglesia de Vietnam como presidente de la conferencia episcopal.

El 17 de junio de 1980, durante la visita ad Limina, el Card. Trinh Van Can agradeció al Papa la constante solicitud que ha demostrado siempre por la Iglesia en Vietnam y le pedía que utilizase toda su influencia ante los gobiernos y organizaciones internacionales para que ayudaran a reconstruir el país. Además recordó la carta que Juan Pablo II había enviado a los obispos vietnamitas el 18 de enero de aquel año en la que exhortaba a los pastores y fieles a estar cada vez más unidos ante sus responsabilidades de rigurosa fidelidad a la Iglesia católica.

En 1985 tomó parte en la Asamblea Especial del Sínodo de Obispos convocada por el Papa con ocasión del XXV aniversario de la clausura del concilio Vaticano II. En una de sus intervenciones habló de la reforma litúrgica que se estaba llevando a cabo en su país. El 13 de septiembre de ese mismo año, con ocasión de la visita ad Limina, después de la celebración eucarística, el Papa entregó al cardenal un mensaje en el que manifestaba los mejores deseos de serenidad, paz y prosperidad para el querido pueblo vietnamita, poniendo de relieve, al mismo tiempo, la profunda comunión que une a la Iglesia en Vietnam con el Papa y con toda la Iglesia católica; y alababa la fidelidad de los obispos de Vietnam a Cristo y a la Iglesia, y les invitaba a mantener la unidad eclesial.

Juan Pablo II ha hablado en diversas ocasiones a los fieles sobre la Iglesia en Vietnam en las meditaciones de los domingos y días festivos como, por ejemplo, el 24 de octubre de 1985 o el 19 de junio de 1988. En esta última, cuando fueron canonizados 117 mártires vietnamitas; ni el Cardenal ni ningún otro obispo de Vietnam estuvo presente en la ceremonia celebrada en san Pedro. El Papa pronunció en la homilía las siguientes palabras: "Mi primer saludo cordial y afectuoso se dirige al querido hermano, el Cardenal Joseph Marie Trinh Van Can, Arzobispo de Hanoi, y al Colegio Episcopal de la Iglesia vietnamita, al que agradezco que esté reunido espiritualmente en torno a mí en este momento; con ellos saludo a los sacerdotes, los religiosas y las religiosas, los laicos comprometidos en la actividad misionera, a todos los fieles cristianos de esa nación, a la cual me siento profunda y esencialmente cercano... La Iglesia vietnamita, con sus mártires y mediante su testimonio ha podido proclamar su voluntad y su compromiso de no rechazar la tradición cultural y las instituciones legales del país, al contrario, ha declarado y demostrado que quiere encarnarse en ella, contribuyendo con fidelidad a la verdadera edificación de la patria... La búsqueda del bien común es un deber sincero del ciudadano cristiano... Cristo ha venido al mundo no para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por Él" (L´Osservatore Romano, edición esp. 26 de junio de 1988).

El Cardenal expiró el 18 de mayo de 1990, legando a Vietnam la herencia de su testimonio de fidelidad inquebrantable al Papa y a la Iglesia.








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