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Cardenal Jozsef Mindszenty
Sufrió la tortura y la cárcel, pero no vaciló ni su integridad moral ni su fe


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net




El 10 de febrero de 1990, L´Osservatore Romano dió el anuncio oficial del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República de Hungría.

La persona del Cardenal József Mindszenty ha estado presente en el corazón y en las palabras del Santo Padre, del Card. Agostino Casaroli, del gobierno y del pueblo de Hungría. De modo casi espontáneo vienen a la mente las palabras de Juan Pablo II al Cuerpo Diplomático: "La persona humana ha manifestado los inagotables recursos de dignidad, de valentía y de libertad que posee. En países en los que durante tantos años un partido ha dicho cuál era la verdad que se debía creer y el sentido que debía darse a la historia, estos hermanos han mostrado que no es posible asfixiar las libertades fundamentales que dan sentido a la vida del hombre: la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión, de expresión y de pluralismo político y cultural"1.

El Arzobispo de Esztergom al contemplar la pasión de Cristo encontró su lema Devictus vincit. Vencido en apariencia, realmente vence. El 9 de febrero de 1949 concluyó el ignominioso proceso al Primado de Hungría; la sentencia fue cadena perpetua. Un rayo de luz iluminó Budapest al final de octubre e inicios de noviembre de 1956, y de nuevo el silencio. El Card. Mindszenty, liberado de las cárceles comunistas, tuvo que refugiarse en la sede diplomática de los Estados Unidos ubicada en la Plaza de la Libertad. El Card. Casaroli comentó que el nombre sonó como "amarga ironía y fue presagio de los días que él (Card. Mindszenti) no llegaría a ver". Y añadió: "Hoy su rostro severo y atormentado, parece extender una sonrisa que tan raras veces lo iluminó; hoy en su tierra, una nueva estación aparece, la esperanza vuelve a brillar" 2.

El Primado de Hungría fue sometido a dura prueba en sus fuerzas físicas y psicológicas; no vaciló ni su integridad moral ni su fe. Sufrió la tortura y la cárcel, pero no se cumplió su deseo: Ego debuissem mori in Hungria. Obedeció heroicamente cuando por el bien de la Iglesia el Papa intervino para liberarlo.

Juan Pablo II, en su carta en recuerdo del antiguo Arzobispo de Esztergom, recoge un testimonio de Pablo VI y la profunda experiencia espiritual del Card. Mindszenty. El Cardenal murió el 6 de mayo de 1975 y al día siguiente el Romano Pontífice observó que la Providencia lo había colocado "en uno de los períodos más difíciles y complejos de la existencia milenaria de la Iglesia en su noble país". El Arzobispo de Esztergom, antes de salir de su tierra, escribió al Vicario de Cristo: "Depongo humildemente este sacrificio a los pies de Vuestra Santidad, persuadido como estoy, de que el sacrificio más grave, pedido a una persona, resulta pequeño cuando se trata del servicio de Dios y del bien de la Iglesia" 3.

El Papa, con un agudo sentido de la realidad, al reflexionar sobre los profundos cambios en Europa central y oriental, apunta que "el momento es oportuno para recoger las piedras de los muros derrumbados y construir juntos la casa común. Desgraciadamente, con demasiada frecuencia las democracias occidentales no han sabido hacer uso de la libertad conquistada al precio de duros sacrificios. No se puede sino lamentar la deliberada ausencia de toda referencia moral y trascendente en la gestión de las denominadas sociedades desarrolladas"4.

La vida del Card. József Mindszenty pone al descubierto la veracidad de las palabras de S. Agustín: "El que desea lo que no puede conseguir, vive en el tormento. El que consigue lo que no es deseable, se engaña. Y el que no desea lo que debe desearse, está enfermo" 5.


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1 L´Osservatore Romano esp., 21 enero 1990, p. 11, n. 7.
2 L´Osservatore Romano it., 9 febbraio 1990, p. 6.
3 L´Osservatore Romano it., 9 febbraio 1990, p. 1.
4 L´Osservatore Romano esp., 21 enero 1990, p. 11 n. 9.
5 PL 23, 1312.



 







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