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Cardenal Stefan Wyszynski
Durante 33 años, supo dirigir con excepcional firmeza y fidelidad a la Iglesia en Polonia


Por: P. Clemente González |




Stefan Wyszynski, hijo del músico Estanislao y de Juliana Karp, nació el 3 de agosto de 1901 en Zuzela (Polonia). Estudió teología en Wloclawek y fue ordenado sacerdote el 3 de agosto de 1924. Realizó estudios de ciencias sociales y se doctoró en derecho canónico el año 1929. Perfeccionó sus estudios en diversas universidades. Junto a su labor de profesor, desarrolló una intensa actividad con los sindicatos cristianos (1930-1939) hasta la invasión nazi.

Al concluir la segunda guerra mundial (1945), fue nombrado rector del Seminario de Wloclawek; continuó con la dirección de la revista científica Ateneum Kaplnskie que ya dirigía desde 1931. Fue redactor de los periódicos diocesanos y formó parte del Consejo Social del Primado de Polonia. Nombrado obispo de Lublín, recibió la consagración episcopal en Czestochowa el 12 de mayo de 1946; el 1 de noviembre de ese mismo año el Card. Sapieha ordenó sacerdote a Karol Wojtyla. Wyszynski, como Gran Canciller de la Universidad Católica de Lublín, organizó en 1946 la facultad de filosofía cristiana e inició la publicación de una Enciclopedia Católica (1948).

Polonia, bajo la protección de la Armada Roja, redactó una nueva constitución el 13 de febrero de 1947. Las fuerzas armadas polacas y el Ministerio de la defensa fueron comandadas por el general soviético, Rokossowski. En 1948 el presidente Bierut afianzó la línea dura del comunismo y encarceló a Gomulka, jefe de los comunistas moderados. Ese mismo año Wyszynski sucedió al Card. Hlond; por Bula del 16 de octubre de 1948 fue nombrado arzobispo de Gnienso y Varsovia, y Primado de Polonia.

Mons. Wyszynski afrontó con realismo la situación: no se opuso a las reformas económicas, ni a la colectivización de la agricultura, ni reaccionó fuertemente contra las limitaciones de la libertad. En la catedral habló con extrema claridad, defendió a los obispos y sacerdotes, animó a los fieles a perseverar en la fe y a preparar tiempos mejores para la patria y para la Iglesia.

El 25 de septiembre de 1948, después del arresto del heroico Obispo de Kielce, dijo desde el púlpito: Hoy hablan de obispos criminales. Pero vendrá un día cuando la historia hablará de criminales santos. Esa tarde, por primera vez, la policía entró en la casa del Arzobispo y amenazó con arrestarlo.

En 1950 el gobierno comunista desmanteló la organización de beneficencia Caritas acusándola de socorrer a los pobres con ayudas provenientes de los católicos americanos. A lo largo del año fueron nacionalizadas las propiedades de la Iglesia; el filósofo y Obispo de Chelmno fue condenado a 6 semanas de cárcel especial que le produjeron un grave agotamiento físico y psíquico.

El 14 de abril de 1951, en nombre del episcopado, Mons. Wyszynski concertó un acuerdo con el gobierno de la República, creando un modus vivendi entre el Estado y la Iglesia. Acogiéndose a este acuerdo pudo defender con mejor base legal a los católicos.

En noviembre de 1952 algunos sacerdotes de Cracovia fueron arrestados por ser "espías del Vaticano y de Estados Unidos". Las sentencias oscilaron entre 10 y 15 años para algunos, para otros cadena perpetua, y para dos sacerdotes pena de muerte. El 12 de enero de 1953, Pío XII nombró cardenal a Wyszynski; el gobierno comunista le impidió acudir a Roma y lo acusó de colaboración con el imperialismo americano.

El 5 de marzo murió Stalin; en el bloque comunista brotó, por un momento, la esperanza de volver a la libertad. Pronto se recrudeció el terror. La noche del 25 de septiembre el Card. Wyszynski fue arrestado. A la noche siguiente fue conducido en automóvil a su primera prisión: Rywald. Al atardecer del 12 de octubre el Primado estuvo en su segunda prisión: Stoczeck Warminski. El Cardenal organizó su horario como si estuviera en el seminario, levantándose a las 5 de la mañana y distribuyendo el tiempo entre oración y estudios, la jornada concluía a las diez de la noche.

El Card. Wyszynski dedicó tres semanas para preparar su alma conforme a las indicaciones del entonces beato Luis María Griñón de Montfort (Para una perfecta liturgia de la Santísima Virgen María). El 8 de diciembre se consagró a la Madre de Dios, y en un gesto de absoluta aceptación de la voluntad de Dios, confió su destino a María. Prometió que la primera parroquia que pudiera fundar la dedicaría a la divina Maternidad de María.

In vinculis Christi, pro Ecclesia, inició el año de 1954. Agradeció a Dios su situación porque al menos había un pecado menos: los que habían envidiado su carrera, ahora no querían estar ni a su derecha, ni a su izquierda. Y añadió: En realidad algunos también ahora me emulan, pero esos celos no son pecado. El diario espiritual del Card. Wyszynski refleja cómo día a día fue profundizando en el primer sacramento de la vida de la Iglesia: el martirio de Cristo.

Wyszynski comprendió que estar en la cárcel por el nombre de Cristo no era una pérdida de tiempo. Durante los años de su confinamiento maduró el proyecto de una amplia acción pastoral para celebrar el milenario de la evangelización de Polonia. Remontándose a los votos hechos por el rey Juan Casimiro (1656), redactó los votos de la nación a Jasna Gora. Se trató de un programa de preparación moral para celebrar el milenio del bautismo de Polonia.

El 2 de julio de 1954 el Card. Wyszynski envió al gobierno comunista, desde la prisión de Stoczek, un memorándum en el que resumía los intentos del episcopado polaco en orden a alcanzar un acuerdo. El 6 de agosto se permitió al Cardenal recibir algún periódico.

Dos meses más tarde llevaron al Primado de Polonia a su tercera prisión: Prudnik Slaski. Ante la grave enfermedad de su padre pidió al gobierno que le permitiera escribir. No hubo respuesta.

Con ocasión del tercer centenario de la Defensa de Jasna Gora (1655-1955), proclamó un Año Jubilar para que el pueblo polaco redoblara sus oraciones a María, defensora de Polonia. Durante el año algunas cartas de la familia y noticias aisladas de la vida eclesial lograron llegar al Card. Wyszynski.

El 7 de agosto las autoridades le ofrecieron transferirlo a un monasterio si renunciaba a su cargo eclesiástico; el Cardenal rechazó la propuesta. En octubre el gobierno le envió a la cuarta prisión: Komancza. El aislamiento fue menor, pero el Card. Wyszynski no pudo ejercer ninguna función. Hacia finales del Año Jubilar, el 2 de noviembre de 1955, los Obispos de Klepacz y Choromanski visitaron al Cardenal; por primera vez recibió noticias de cuanto había ocurrido después de su arresto.

En febrero de 1956, durante el XX congreso del partido comunista, Nikita Kruschev denunció los crímenes cometidos por Stalin. El 28 de junio, en Poznan, 15 mil obreros polacos iniciaron una huelga a la que se sumaron los intelectuales y estudiantes. Por las calles se pidió la libertad de Polonia y la liberación del Card. Wyszynski. Los tanques aplastaron la manifestación.

En agosto de 1956, el Card. Wyszynski concibió la idea de celebrar la Gran Novena de Años de preparación a la solemnidad del milenio del bautismo de Polonia. La Gran Novena dio inicio el 26 de agosto cuando el Obispo de Klepacz, en calidad de presidente de la Conferencia Episcopal, pronunció en Czestochowa los votos de la nación.

El 23 de octubre estalló en Budapest (Hungría) una gran batalla por la libertad. Polonia se hizo eco; en Varsovia, Cracovia y Poznan los estudiantes organizaron una cadena de solidaridad y recogieron víveres, medicinas, plasma, ropa; pronto partieron los vagones hacia Budapest. La agitación antistalinista hizo caer a Ochab y le sucedió Gomulka, que salió de la cárcel. Pero la libertad en Hungría fue sofocada a sangre y fuego y Gomulka recibió un crudo mensaje de Kruschev: si Polonia no obedece, será aplastada como Budapest.

Gomulka comprendió que la única persona capaz de evitar un baño de sangre en Polonia era el Card. Stefan Wyszynski. El gobierno reconoció los derechos fundamentales de la Iglesia y aceptó hacer una reparación de los daños. Bajo estas condiciones el 28 de octubre el Primado regresó a Varsovia y asumió sus funciones eclesiásticas.

El primer discurso a la nación fue el 1 de noviembre. El pueblo esperaba con ansia las palabras de Wyszynski. El mensaje fue claro y exigente: Polonia no necesita muertes heroicas, necesita trabajo heroico. Los ánimos se serenaron. El 7 de diciembre, Gomulka firmó un acuerdo con los obispos. Sacó de las cárceles a los intelectuales católicos, a los sacerdotes y religiosos; toleró la enseñanza religiosa fuera del horario escolar y permitió que reaparecieran las publicaciones católicas semanales.

Se trató de una colaboración estratégica; en el fondo la persecución seguía. En 1961, el gobierno detuvo en la frontera los 50 mil ejemplares de la Biblia que Juan XXIII había regalado al pueblo polaco. En 1964 se publicó en Francia un informe secreto del subsecretario de los asuntos religiosos de Polonia donde se recogían los puntos de la táctica anti-católica: Aprovechar las divergencias internas para debilitar a la Iglesia y corroer su cohesión. Valerse de colaboradores secretos para dificultar las directrices de los obispos. Orientar los mayores esfuerzos para debilitar las parroquias. Introducir informadores en cada actividad parroquial para obtener los datos que permitan obstaculizar las principales iniciativas.

Durante el concilio Vaticano II, el Card. Wyszynski fue miembro de varias comisiones y tuvo diez intervenciones en el aula conciliar. A petición del Primado y del episcopado polaco, Pablo VI proclamó a María Madre de la Iglesia (21 de febrero de 1964).

En el año del milenario, 3 de mayo de 1966, el Card. Wyszynski pronunció las solemnes promesas o votos por los que Polonia quedaba bajo la protección materna de María. Con tal motivo organizó una serie de magnas celebraciones que movilizaron el país entero. Como signo de gratitud a Dios, durante el novenario de años se levantaron mil nuevas iglesias. Para las conmemoraciones del milenario estaba previsto el viaje de Pablo VI a Polonia, pero el gobierno se opuso.

Como una prolongación del milenario, el Cardenal creó el movimiento de la Cruzada social del Amor y la obra María Madre de la Iglesia. Según Wyszynski las manifestaciones del milenario y del concilio debían situarse en el contexto del culto mariano. En 1972 consagró Polonia a María Madre de la Iglesia.

Junto a su interés por la mariología, el Primado se preocupó, en el plano científico y práctico, por la doctrina social de la Iglesia. Con objeto de lograr una estabilidad en la organización eclesiástica de las regiones del norte y oeste de Polonia, el Card. Wyszynski emprendió una serie de gestiones que se vieron coronadas con éxito en 1972. El gobierno pastoral de Wyszynski orientó sus principales esfuerzos a la formación de los seminaristas y sacerdotes. El acierto y equilibrio en la disciplina, la formación espiritual y el nivel académico le permitieron obtener el más alto índice de ordenaciones sacerdotales de toda Europa. Envió clandestinamente sacerdotes a Lituania, Bielorrusia y Ucrania.

En 1979 Polonia recibió la visita del Papa y el Card. Wyszynski dio la bienvenida a Juan Pablo II, su antiguo alumno y fiel colaborador como arzobispo de Cracovia.

El Card. Wyszynski se caracterizó por una prudencia heroica; durante 33 años, supo dirigir con excepcional firmeza y fidelidad a la Iglesia en Polonia; salió victorioso de las mayores amenazas que la nación ha vivido en su historia. Murió en Varsovia el 28 de mayo de 1981. A los diez años de su muerte el bloque comunista ha desaparecido y perdura el lema de Wyszynski: Soli Deo.







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