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El Hermano John Johnston
Carta del hermano Álvaro Rodríguez Echeverría, superior general de La Salle, con motivo del fallecimiento de su predecesor, el hermano John Johnston. 11 de octubre de 2007


Por: Álvaro Rodríguez Echeverría | Fuente: www.lasalle.org



Hermanos y miembros todos de la Familia Lasallista:

Tengo el penoso deber de informarles del fallecimiento del Hermano John Johnston nuestro querido y respetado 25 Superior General.

Como todos sabemos, su enfermedad que comenzó hace poco más de un año, le obligó a cambiar un calendario lleno ya de actividades en favor de muchos sectores del Instituto. Cuando lo acompañé en el mes de julio pasado en Memphis, durante tres semanas, su voluntad se había identificado de tal manera con la de Dios, que lo único que le animaba era responder a su misterioso designio de amor: Que sea lo que Dios quiera, me solía repetir.

El Hermano John Johnston ha sido un destacado miembro de nuestro Instituto y ha marcado profundamente a los Hermanos y Seglares lasallistas de todo el mundo. Primero en su provincia religiosa de Saint Louis, Missouri, en la que ocupó responsabilidades en el campo de la formación de los jóvenes Hermanos y de la que fue provincial. Posteriormente como Vicario General del Instituto (1976-1986) y como Superior General durante dos períodos de siete años (1986-2000). Durante varios años fue también Vicepresidente de la USG (Unión de Superiores Generales), defendiendo siempre con fuerza, el valor y sentido de la vocación de Hermano en la Iglesia; participó en tres Sínodos, siendo Secretario adjunto del Sínodo sobre la Vida Consagrada. Al término de sus mandatos como Superior General fue responsable del Departamento de Educación de la Región lasaliana de USA-Toronto; responsable de una Fundación para la Defensa de los niños, y ha recorrido el mundo lasaliano animando Retiros, Asambleas, Encuentros…

Conozco al Hermano John desde sus tiempos de visitador, gracias a sus viajes a Guatemala para visitar a los Hermanos norteamericanos que dirigían varios centros escolares. Ya desde entonces, me llamaban la atención su fuerte personalidad y la autenticidad de su vida. Siendo el Hno. John Vicario General, tuvo lugar el terrible terremoto de Guatemala que dejó más de 20.000 muertos. Su visita fraterna me dejó una honda impresión. Posteriormente, como todos saben, tuve la suerte de ser su Vicario General y fue sobre todo entonces que pude conocer con mayor profundidad sus excepcionales cualidades y enriquecerme con su presencia.

Quisiera compartir con ustedes, en estos momentos, aquellos rasgos de su persona que más me han impresionado. He sentido al Hermano John como un hombre de convicciones, hondura espiritual, profunda vida interior, capaz de contagiar a los demás los valores lasallistas y con una extraordinaria capacidad de liderazgo. Siempre cercano a los jóvenes, como lo pude comprobar una vez más en mi reciente visita a Memphis, durante la cuál tuvimos un encuentro con un grupo de Jóvenes voluntarios con los que el Hermano John tenía una hermosa relación de amistad. Otra característica suya, el amor a la Iglesia, lúcido y filial.

Personalmente valoro mucho el fuerte impulso que dio a la asociación con los seglares y a la misión compartida, su interés por el renacimiento el Instituto en varios países de Europa del Este después de la caída del Muro de Berlín y su especial cuidado por el desarrollo misionero en África y Asia. Renglón aparte merece su preocupación por la defensa de los derechos de los Niños y su apoyo decidido a la Universidad de Belén en su servicio al pueblo palestino. Y, sin duda, todos podemos recordar sus visitas y sus escritos que han dado un fuerte impulso a la renovación del Instituto y de su misión.

Finalmente no quisiera dejar de señalar otro aspecto de la vida del Hermano John que me ha inspirado grandemente: el gran amor por su familia. Un amor traducido en afecto, cercanía y admiración. Tuve la oportunidad de compartir con Michael su hermano sacerdote y con su hermano Edward y familia, durante mi última visita a Memphis. El afecto y el apoyo mutuo eran impresionantes.

Al final de nuestro 43º Capítulo General en una sesión de homenaje al Hermano John, tres Hermanos que representaban las tres lenguas oficiales del Instituto, expresaron el aprecio que todos sentíamos hacia su persona en el momento en que terminaba su ministerio de animación del Instituto en el año 2000. Me permito citar alguno de aquellos testimonios.

El Hermano Jacques d’Huiteau, entonces provincial de Francia y hoy Consejero General, decía: Hermano comprensivo y firme, nunca superficial: sus cartas pastorales aportan criterios para lo esencial para ponerse en camino. Invitan a la reflexión lúcida. Valoro mucho su respeto a las diversas Regiones del Instituto, animando a que respondan a los retos que tienen.

Por su parte el Hermano José Manuel Aguirrezabalaga, entonces visitador del Distrito Central de España, añadía: El Hermano John ha ayudado a mirar tanto el presente como el futuro y actuar de forma preactiva: defensa de los derechos del niño, nuevos compromisos apostólicos con los pobres, lectura lasaliana de la realidad, fidelidad creativa para hacer disminuir la separación entre palabras y hechos.

Y finalmente nuestro actual Vicario General, entonces Regional de USA-Toronto, el Hermano Thomas Johnson afirmaba: Habla con pasión de los derechos de los niños. Conoce a los Hermanos por su nombre y los anima. Sabe cuando hay que avanzar despacio: sereno y apasionado. He apreciado su visión, su capacidad de adaptación y su realismo.

Tuvimos la dicha de que el Hermano John pudiera estar con nosotros durante la primera semana de nuestro 44º Capítulo General. Todos recordamos con emoción su intervención sobre la centralidad de nuestro Voto de Asociación para el servicio educativo de los pobres. En aquella memorable ocasión el Hermano John nos compartió la manera nueva como él mismo estaba viviendo la asociación a raíz de su enfermedad.

Estas fueron sus palabras: Desde el pasado octubre entiendo y estimo la asociación de una manera nueva. Había experimentado antes la asociación como comunión de personas unidas en su compromiso con la misión lasaliana. Pero durante los últimos seis meses he tenido una experiencia de asociación que no había experimentado antes. El número y contenido de los mensajes por e-mail, cartas, tarjetas, llamadas de teléfono, visitas… de lasalianos, tanto Hermanos como seglares, me han asombrado. Las expresiones cariñosas de preocupación de tantos me han conmovido profundamente… Ahora tengo una comprensión más profunda de la asociación porque la he experimentado de una manera nueva. Y abriéndonos su corazón nos pedía que rezáramos por él para que sea capaz de decir SÍ a lo que el Señor me pida ahora y en el futuro. Les pido que recen para que pueda beber el cáliz que el Señor me pide que beba. Eso es todo lo que significa para mí seguir a Cristo.

No quisiera terminar esta breve reseña, que será seguida y ampliada posteriormente por una de nuestras Circulares, sin agradecer a la Comunidad de CBU de Memphis el acompañamiento fraterno que han dado al Hermano John en estos últimos meses de su vida. Quedé fuertemente impresionado por el testimonio de fraternidad, atención y apoyo que en todo momento le brindaron como verdaderos Hermanos. Mi agradecimiento también a la maravillosa enfermera Pat Bader, que fue para John un ángel de la guarda.

Fraternalmente en De La Salle,

Hno. Álvaro Rodríguez Echeverría
Superior General FSC

11 de octubre de 2007







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