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El testimonio de Carlos Latorre
Un claretiano que ayuda a los presos hispanos de Suiza desde 1999


Por: e-cistians.net |




El misionero claretiano Carlos Latorre explica, en el último número de la revista internacional Ventana Europea, editada por las Misiones Católicas de Lengua Española en Europa, su experiencia con hispanos internos en las cárceles suizas.

Todo empezó en noviembre de 1999, cuando un preso chileno pidió que le visitase un misionero católico. “Atendiendo su petición fui a verle y, desde entonces, visito asiduamente la prisión de Bezirskgefängnis, donde he conocido muchos hombres y mujeres de lengua española y portuguesa”, explica el religioso.

Lo primero que hace cada semana es pedir la lista de detenidos y después buscar hora para los que lo pasan peor. “Todo el mundo, cuando es detenido, sufre un gran shock, sobre todo los reclutados por las mafias para transportar drogas”, comenta. En esta línea, Latorre recuerda que “los presos agradecen poder hablar con alguien en su lengua”, y asegura que, aunque él no puede hacer gran cosa por ellos, los comprende, los anima y los orienta “sobre sus derechos y sobre cómo actuar en determinadas situaciones”. “Les aconsejo que no estén inactivos en las celdas para que no se depriman”, añade.

El testimonio de este claretiano, por otro lado, se manifiesta muchas veces en forma de obsequios para los reclusos: “Los agradecen mucho porque les permiten comprobar que no están abandonados, lo mismo que pasa con la visita que cada 15 días realiza un grupo de voluntarios. Es como aire fresco en un ambiente donde falta el oxígeno de la libertad”.

Sobre la religiosidad de los presos, Carlos Latorre cuenta esta experiencia: “Un día, una interna me pidió la comunión. No me había imaginado nunca que en la cárcel me pudieran hacer este tipo de petición. Y yo, desde entonces, cada día que iba al centro se la llevaba. Me decía, con gran convicción, que la comunión era su única fuerza. Pero mi gran sorpresa llegó cuando, en Nochebuena, la vi entrar a la iglesia de nuestra misión para participar en la Misa del Gallo. Me explicó que el juez la había dejado en libertad tres días antes porque no encontraba ningún delito para inculparla”. Sin duda, un ejemplo de las gracias, también temporales, que puede conceder la fe.

Según el misionero, algunos presos “se alegran de tener en sus manos la Biblia y leerla desde la perspectiva de la cárcel”. Así, “un joven que estuvo 21 días encerrado en una celda de castigo, confesaba que la lectura de la Biblia le salvó de caer en una depresión. Había leído la Biblia entera dos veces y media durante aquellas tres semanas”, comenta el claretiano.

Al margen de estos esperanzadores ejemplos, Latorre lamenta que “no todos los casos tienen un final feliz”. Concretamente se refiere a la experiencia de un chico de 21 años que mató a una mujer en estado de embriaguez durante unos días de estancia en Suiza para visitar a su madre. “El joven pidió entrevistarse con un sacerdote y la policía criminal llamó a nuestra misión. Fui a verle y, tras pasar infinidad de controles, pude hablar con él. Durante un tiempo le perdí la pista, hasta que un día el director de Instituciones Penitenciarias me informó que el joven había aparecido colgado en su celda, el mismo día que cumplía 22 años y el juez le comunicaba la sentencia que lo declaraba culpable de asesinato”, explica.

Pero Carlos Latorre no es el único misionero de inmigrantes en Suiza. “El capuchino Eugenio Calvo me ha explicado que una comunidad de religiosas Hermanitas de Jesús se internan temporalmente en la cárcel de mujeres de Hindelbank (Berna) para vivir como unas presas más y poder ayudar a las internas desde su propia realidad”, apunta el claretiano, que asegura que “la dirección del centro penitenciario reconoce y valora el trabajo de estas monjas y las internas están sorprendidas y encantadas con estas colegas”, admitidas como si estuvieran condenadas a seis meses de reclusión. En definitiva, podemos decir con alegría que muchos cristianos siguen luchando, a pesar de todo, por reintegrar en la sociedad a las personas privadas de libertad.









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