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Monseñor Julijonas Steponavicius
El calvario de Lituania bajo el régimen comunista fue el contexto en el que se desenvolvió su celo pastoral


Por: P. Clemente González |



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Julijonas Steponavicius nació el 18 de octubre de 1911 en Miciunai-Gerveciai.

La familia era campesina y contaba con seis hijos. Inició sus estudios en su pueblo natal; más tarde sus padres lo enviaron al Liceo Vitautas el Grande en Vilnius o Vilna, la antigua capital de Lituania, fundada en el siglo X.

Al concluir sus estudios entró en el seminario de Vilnius, ordenándose el 21 de junio de 1936. Obtuvo la licencia en la facultad teológica de la Universidad Esteban Bathory y el mismo año de su ordenación comenzó a impartir clases de religión en el Gimnasio de Gradinas-Grodno.

En 1939 Vilnius y gran parte de la arquidiócesis volvieron a formar parte de Lituania y en ese año Julijonas inició su labor como párroco. El 3 de agosto de 1940, la URSS se anexó el territorio lituano poniendo fin a la independencia de que había gozado desde 1922; el calvario de Lituania bajo el régimen comunista fue el contexto en el que se desenvolvió el celo pastoral de Mons. Steponavicius.

El 22 de mayo de 1955, Mons. Steponavicius fue nombrado Obispo titular de Antarado y auxiliar de Mons. Paltarokas, Obispo de Panevezys y Administrador de Vilnius. La cosagración episcopal tuvo lugar el 11 de septiembre sucesivo. A la muerte de Mons. Paltarokas (1958) fue nombrado Administrador Apostólico de las dos diócesis. Mons. Steponavicius no respondió a las expectativas del gobierno comunista; desde el primer momento demostró que no se doblegaría servilmente a las consignas o presiones y defendió con intrepidez la integridad de la fe y los derechos de la Iglesia y de los creyentes. Reiteradamente rehusó aceptar las órdenes del Comisario para el culto en lo tocante a ordenaciones sacerdotales y traslados de párrocos y vicepárrocos.

El 24 de enero de 1961, Mons. Steponavicius fue arrestado y conducido a la pequeña y lejana localidad de Zagaré, en el territorio de la diócesis de Kaunas. Durante veintisiete años quedó aislado y sometido al control directo de la policía. Con el fin de justificar lo injustificable y de pulverizar la autoridad de Mons. Steponavicius se elevó el pretexto de que estaba fuera de la jurisdicción de Vilnius y era preciso darle la residencia. Por esta razón el vicario capitular de Kaunas, el canónico Stankevicius, lo nombró capellán dependiente de la parroquia local. A continuación el gobierno declaró que Steponavicius estaba exiliado en Zagaré no por la autoridad civil, sino por la eclesiástica, por el vicario capitular de Kaunas.

Durante los años de reclusión Mons. Steponavicius llevó adelante el cuidado pastoral de sus dos diócesis por medio de los vicarios capitulares que le impuso el gobierno. Tras múltiples intentos y largas tractativas, finalmente, durante el Año Mariano de 1988, se le permitió regresar a Vilnius, donde fue acogido por el clero y los fieles como una promesa viviente de la próxima resurrección de Lituania. El 10 de marzo de 1989 fue promovido a Arzobispo de Vilnius.

Al contar con los plenos poderes de gobierno, Mons. Steponavicius se prodigó para obtener la reconstrucción de la vida eclesial, arrasada en los cincuenta años de febril persecución comunista. Le habían sido quitados los más elementales recursos espirituales y materiales.

Mons. Steponavicius obtuvo del nuevo gobierno lituano la restitución de varios templos que se habían destinado a fines profanos. Los principales edificios que recuperó fueron la catedral, la iglesia monumental de san Casimiro y la iglesia de san Juan, catalogada como una verdadera joya arquitéctónica.

La fe viva y operante de Mons. Steponavicius y su ardiente celo apostólico provocaron, especialmente entre los jóvenes, un sorprendente renacimiento espiritual que ha visto multiplicarse los bautismos, los matrimonios y las conversiones. La recia oleada de nuevas exigencias pastorales hizo más evidente la escasez de sacerdotes; Mons. Steponavicius redobló sus esfuerzos. Al sentirse enfermo no aceptó internarse en el hospital hasta tener la certeza de que podría contar con un obispo auxiliar. Ante la incierta situación reinante en la Unión Soviética no quería abandonar ni un solo día su grey; para él era precioso cada minuto de una frágil primavera sobre la que se cernía la amenaza de un nuevo invierno para la Iglesia en Lituania. Antes de que su auxiliar, Mons. Tunaitis, fuera ordenado, Mons. Steponavicius se agravó y en la tarde del 19 de junio de 1991 murió.

En presencia del representante personal del Santo Padre, Mons. Audrys Backys, Pro-Nuncio Apostólico en los Países Bajos, el Card. Vicentas Sladkevicius, Arzobispo de Kaunas, celebró las solemnes exequias. También participaron en el rito el Administrador Apostólico de Moscú, Mons. Tadeusz Kondrusiewicz y una representación del Estado.

La ingente labor de Mons. Steponavicius no concluyó con su muerte, porque su vida fue un grano de trigo en los surcos de una Lituania que ha recobrado la libertad religiosa y su independencia con el reconocimiento oficial de la URSS desde septiembre de 1991.








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