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Padre de siete hijos se hace sacerdote
El padre Probo Vaccarini tras quedar viudo, pidió y le fue concedido hacerse sacerdote.


Por: Ma. de la Luz Macedo |




PROBO VACCARINI, SACERDOTE Y PADRE DE SIETE HIJOS

Es sacerdote desde hace doce años y padre de siete hijos, entre los que hay tres sacerdotes, dos religiosas y un seminarista.

El padre Probo Vaccarini, de 81 años, párroco de San Martino, en la diócesis
de Rimini, una parroquia de 400 habitantes en los confines con la República de San Marino, por esta singular experiencia de vida recibió el domingo 10 de septiembre del 2000, en Asís, un premio con ocasión de la «Fiesta de la Familia».

El premio le fue entregado por los franciscanos de Asís, con motivo de la
reapertura al culto --tras el terremoto de 1997-- de la Iglesia Nueva, que surge en el lugar de la casa paterna de San Francisco.

El padre Probo, tras haberse entrevistado con el padre Pío (hoy beato) que le había preanunciado el desarrollo de su vida, se casó en el año 52 con Anna Maria Vannuci y del matrimonio nacieron siete hijos. Al quedar viudo en 1970, pidió y le fue concedido hacerse sacerdote. Su sueño se cumplió en 1988.

De los siete hijos, Giovanni es sacerdote en Viserba Monte de Rimini, Francesco en Le Marmore de Terni, Giuseppe en una misión de la diócesis riminense en Albania. Gioacchino está en el seminario de Rimini, Maria Luisa
es religiosa de las pías discípulas del Divino Maestro, Maria Celeste es laica consagrada y Maria Pia está casada y es madre de cuatro hijos.

El premio que recibió, comenta el padre Probo, «es una señal para decir que también hoy la familia debe ser cristiana».
Justamente mirando a su especial historia de marido y padre primero, y sacerdote después, el padre Probo no duda en decir que «el sacerdote célibe está dedicado por entero a Dios y a la comunidad por la eucaristía, los sacramentos, la oración, la liturgia, la caridad.
Quien tiene familia, en cambio, tiene el deber de pensar también en la mujer, en los hijos. No se puede comprender plenamente el celibato si no se vive una fe adulta: es el Señor el que, a través de su Iglesia, llama a
esta opción de amor, el sacerdote célibe, es un signo de eternidad en la tierra.








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