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Roma, Italia

Castelgandolfo
Pío XI contribuyó a la restauración de los edificios y a la recuperación de los terrenos que habían permanecido en desuso


Por: El Observador | Fuente: www.elobservadorenlinea.com



Afectuosamente llamada «Vaticano número dos» por Juan Pablo II, la residencia pontificia de verano de Castelgandolfo, más grande que el Estado del Vaticano, tiene una historia tan larga e interesante que no desmerece ante la del palacio apostólico y los jardines de Roma.

Castelgandolfo es uno de los numerosos pueblos de las colinas que se asoman al lago de Albano, a una media hora en coche al sudeste de Roma. Situado en la antigua Alba Longa, ciudad del Lacio y probable cuna de Rómulo y Remo, Castelgandolfo y los centros cercanos son conocidos como los pueblos de la colina de Albano. Los romanos las llaman también «castillos romanos», por las fortalezas que las familias nobles construyeron en estas colinas y alrededor de las cuales florecieron numerosas ciudades. Cada «castillo» lleva el nombre del señor de la fortaleza.

Castelgandolfo tomó su nombre de la familia Gandulfi, natural de Génova. Hacia 1200 los Gandulfi construyeron en la colina donde hoy se halla la ciudad que lleva su nombre una pequeña fortaleza amurallada cuadrada, con un patio interno, varias torres y un jardín adyacente. En el siglo sucesivo la propiedad pasó a la familia Savelli, que la mantuvo de forma alterna hasta 1596. Ese año, por una deuda que la familia no pudo pagar al papa Clemente VIII (1592-1605), la propiedad pasó al pontífice que, en 1604, la declaró patrimonio de la Santa Sede. Fue el primer núcleo de la residencia papal tal y como hoy la conocemos.

En 1623, el cardenal Maffeo Barberini fue elegido papa, tomando el nombre de Urbano VIII (1623-1644). Entonces decidió convertir este lugar en su mansión de verano, adaptando y ampliando la vieja fortaleza.

Clemente XI (1700-1721) durante su primera visita a Castelgandolfo otorgó a la propiedad el título de «Villa Pontificia».

Bajo Pío IX (1846-1878, el pontificado más largo de la historia después del de Pedro) los Estados Pontificios fueron incorporados a la nueva Italia durante la unificación de la península en 1870. Desde la pérdida de los Estados Pontificios en ese año hasta la firma de los Pactos Lateranenses entre Italia y la Santa Sede el 29 de febrero de 1929 bajo Pío XI, ningún papa dejó el Vaticano para ir a Castelgandolfo.

Merced al Tratado Lateranense, Villa Barberini pertenecía a la Santa Sede y oficialmente pasó a ser parte de la residencia papal en Castelgandolfo. Pío XI contribuyó a la restauración de los edificios y a la recuperación de los terrenos que habían permanecido en desuso por tantos años. El pontífice compró incluso varios huertos con el propósito de producir bienes no solo para el consumo del Vaticano sino para subrayar la importancia de la agricultura. Esta última adquisición elevó a 55 hectáreas la extensión de la propiedad pontificia. La Ciudad del Vaticano tiene 44 hectáreas. En Castelgandolfo más de la mitad de la extensión total se dedica a los cultivos (25 hectáreas) y a los jardines.

En 1933 el Observatorio Vaticano, del que se ocupan los jesuitas, se trasladó desde la ciudad del Vaticano a Castelgandolfo porque las luces de la capital eran demasiado fuertes para los astrónomos. Pío XI construyó una nueva capilla en la que colocó una copia de la Virgen Negra de Czestochowa (Polonia). Entre 1918 y 1921, el papa había sido visitador apostólico y nuncio en Polonia y tenía predilección especial por la Virgen Negra.

Su sucesor Pío XII amaba de manera especial Castelgandolfo y transcurría allí mucho tiempo, salvo los años de la segunda guerra mundial. Durante algunos de los momentos peores del conflicto, los habitantes de Castelgandolfo y de los pueblos cercanos encontraron refugio en la propiedad pontificia, que gozaba de extraterritorialidad. Después del desembarco en Anzio en 1944, los ciudadanos de Castelgandolfo pudieron alojarse en el palacio pontificio mientras los de los pueblos vecinos lo hicieron en la propiedad de Villa Barberini. La primera visita de Pío XII después de la guerra a la villa al lado del lago tuvo lugar en 1946. El pontífice regresó a menudo a Castelgandolfo, donde falleció el 9 de octubre de 1958.

A Juan XXIII (1958-1963) se deben dos tradiciones que forman parte de la vida de Castelgandolfo: la oración del Angelus de los domingos con los fieles en el patio interior, y la celebración de la Misa en la iglesia parroquial de santo Tomás de Villanova el 15 de agosto, festividad de la Asunción.

Con Pablo VI comenzaron los viajes en helicóptero desde Castelgandolfo. El papa murió en la residencia pontificia de verano el 6 de agosto de 1978.

Juan Pablo II, entonces cardenal Karol Wojtyla de Cracovia, transcurrió en Castelgandolfo algunas horas el 8 de octubre de 1978. Regresó como papa 17 días más tarde, tras su elección el 16 de octubre. Ha sido el primer papa que reside en Castelgandolfo en diversas épocas del año y no solo a finales de la primavera o en verano. A menudo permanecí allí sólo algunos días, especialmente tras algún largo viaje apostólico o una prolongada serie de audiencias y ceremonias litúrgicas en el Vaticano.

Benedicto XVI seguirá la tradición de veranear en Castelgandolfo.

Saverio Petrillo, director de las Villas Pontificias de Castelgandolfo, trabaja para la Santa Sede desde hace 42 años; es director de las villas desde 1986 y autor de un libro titulado "Los Papas en Castelgandolfo".

En Castelgandolfo, dice Petrillo, el Santo Padre tiene básicamente el mismo número de habitaciones que en Roma: estudio, capilla privada, comedor y librería. Las habitaciones, al igual que el complejo residencial, son más pequeñas, íntimas y hogareñas.

En la granja se producen huevos, leche (hay 25 vacas) y yogurt a diario, que se destinan a los palacios apostólicos tanto en Castelgandolfo como en Roma, y también se venden con la etiqueta «Ville Pontificie de Castelgandolfo» en el supermercado del Vaticano. Se produce también aceite de oliva, pero en pequeña cantidad. Hasta hace algunos años la ciudad del Vaticano tenía panadería propia y en el mercado se vendían también productos de granja frescos.

Son 60 personas las que trabajan durante todo el año en las propiedades pontificias de Castelgandolfo: jardineros, podadores de árboles, trabajadores agrícolas, electricistas y personal de manutención. Solo 20 personas residen permanentemente en la propiedad.

El helipuerto, no muy lejos de la granja, se inauguró en 1963 durante una visita de Pablo VI a la catedral de Orvieto. A partir del Año Santo de 1975, cuando Pablo VI volvía a Roma para las audiencias de los miércoles, se usa regularmente este medio para viajes papales de corta duración.

Los jardines de Villa Barberini cuentan con una gran variedad de flores, plantas y árboles. Uno de los olivos del jardín tiene una historia particular: en 1964, durante el viaje de Pablo VI a Oriente Medio, el rey Hussein le ofreció una rama de olivo. El árbol de Castelgandolfo es el fruto de esa rama.

Desde los jardines a la italiana, en forma de terrazas, se divisa también la campiña de Roma.












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