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Verso y reverso del panteísmo
Un error aún vigente


Por: Catholic,net | Fuente: Catholic.net



La palabra Panteísmo viene del griego pan = todo y teos = Dios, es decir: todo es Dios. Por lo tanto, diremos sin temor a equivocarnos que los panteístas son quienes creen que todo cuanto existe es Dios.

Esta creencia se sustenta en un sofisma, que es el siguiente: “si Dios es infinito, y por lo tanto ilimitado, no es posible que nada se encuentre fuera de su Ser, y por ello formamos parte de Él y en tanto es así, somos Él mismo”.

Según esto, la Creación no es más que un juego divino, en el que los seres y las cosas tienen que evolucionar hasta volver a su pureza esencial, que es Dios. Algo así como una ola que por un momento se separa de la gran masa de agua del océano, para luego retornar a ella.

En el panteísmo, entonces, y yendo hasta la última consecuencia, un insecto, un ángel, la basura, la paz, una obra de arte, un asesino, un pecado, el amor, etc., todo es parte del mismo y único Dios en que todo es sólo una forma más de haberse expresado.

En brevísimas palabras, de esto se trata el panteísmo. Es muy importante saberlo refutar, ya que está muy en boga y genera una buena porción de la confusión reinante a través de la Nueva Era y el Orientalismo que ha inundado Occidente.

El quid de la cuestión está en el sofisma que inicialmente señaláramos. Recordemos: “Todo es Dios puesto que es infinito y nada puede estar aparte de Él”. Lo cierto es que es un sofisma muy corriente y muy poco refutado. ¿Dónde está el error de esta afirmación? En la infinitud de Dios.

Dos cosas de diferente naturaleza pueden coexistir en su infinidad, ¿no es así? Por ejemplo: los números, y el amor. Ambos son infinitos, pero no son lo mismo, ni forman parte uno del otro. Así como algo externo, pongamos por ejemplo el color azul, tampoco forma parte de ninguna de estas dos infinidades.

El punto entonces está en qué es lo infinito en Dios. Dios no es infinitamente físico, y por lo tanto, nosotros no formamos parte de “su materia”. Dios es infinito en su naturaleza divina, y nosotros tenemos naturaleza humana. También debemos ver la infinitud en sus virtudes: es infinitamente amoroso, infinitamente poderoso, infinitamente justo, infinitamente creativo, infinitamente perfecto, etc.

Por ello nuestras virtudes participan de la suya, pero no nuestro ser participa del suyo como “partículas” de su propio cuerpo, por la gran diferencia evidente entre lo divino y lo humano.

La verdadera forma de pensar en esto es ver a Dios como Creador. De esta forma, nosotros poseemos materia y espíritu que Él nos ha dado, pero que no forman parte de Su Ser. Creer eso sería equivalente a pensar que un artista pone su sangre, o su carne en la obra que crea.

El ejemplo de la madre también es válido para mostrar cómo ella puede dar materia y vida a su hijo, e incluso contenerlo dentro de su vientre, pero el nuevo ser es independiente de ella, estando dentro y estando afuera, lo que significa que no son uno y el mismo, sino que son dos.

Hasta aquí vimos sucintamente la idea base del panteísmo. Por supuesto que sus consecuencias y ramificaciones son muy amplias. Pero he aquí el pilar fundamental en que se apoya todo un sistema que, por ver su raíz corrompida por el sofisma, tiene toda su copa estropeada por el error.

 







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