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Las enseñanzas de Jesús

El Reino de Dios es para los que se hacen como niños
Sobre la envidia, escándalo, la corrección fraterna y el perdón, fuerza de la oración y la fe.


Por: P. Enrique Cases | Fuente: Catholic.net



El Reino de Dios es para los que se hacen como niños
"Estando ya en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Pero ellos callaban, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién sería el mayor. Entonces se sentó y, llamando a los doce, les dijo: Si alguno quiere ser el primero, hágase el último de todos y servidor de todos. Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió"(Mc).

Hacerse como niños es ver la propia verdad delante de Dios, no medirse por las opiniones de otros, ni por la propia vanagloria. Cristo será su servidor y deben servirse unos a otros. Los criterios de valoración deben cambiar en el nuevo Reino de Dios, pues quien manda es el que más sirve. Esto no es posible sin una verdadera humildad. Y, al querer vivir así, el hombre descubre cual es la dificultad –y la grandeza- de ser humano.

La envidia
La envidia ante los que hacen el bien también puede acosar al discípulo con exclusivismos y faltas de rectitud de intención.

"Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno expulsando demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no viene con nosotros. Jesús contestó: No se lo prohibáis, pues no hay nadie que haga un milagro en mi nombre y pueda a continuación hablar mal de mí: el que no está contra nosotros, está con nosotros. Y cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa" (Mc).

Esta grandeza de ánimo no es posible si se descuida la verdadera humildad. No ver competidores, sino amigos en aquellos que -siguen a Cristo- pero que no son de mi grupo. Alegrarse de los éxitos de los demás, al saber que el único enemigo es el diablo y el pecado. No parece fácil asimilar que el que no está contra Cristo, está a su favor, aunque parezca lejano y aún distante de los escogidos públicamente.

El escándalo
El ejemplo de los niños y la crítica de los apóstoles al exorcista dan pie a la enseñanza sobre el escándalo. No del escándalo llamado farisaico, que ve maldad donde no hay más que bien, sino del verdadero escándalo que con trampas, engaños o desvergüenza induce al mal a los que aún son inmaduros. El lamento de que "es imposible que no vengan escándalos"(Lc) no es obstáculo para la fuerte diatriba que el Maestro hace contra ellos.

"Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y sea arrojado al mar.
Y si tu mano te escandaliza, córtala: más te vale entrar manco en la Vida que con las dos manos ir al infierno, al fuego inextinguible.
Y si tu pie te escandaliza, córtatelo: más te vale entrar cojo en la Vida que con los dos pies ser arrojado a la gehena del fuego inextinguible.
Y si tu ojo te escandaliza, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que con los dos ojos ser arrojado al fuego del infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque todos serán salados con fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened en vosotros sal y tened paz unos con otros"
(Mc).

La amenaza del fuego del infierno para el escandaloso es una advertencia para quien usa su libertad para el mal y lleva a otros a la misma trampa. En cambio, la advertencia final sobre la sal insípida parece señalar a los que tienen conocimiento oficial de la Ley, pero que en realidad alejan a los fieles del querer de Dios con interpretaciones humanas ajenas al amor divino y la justicia.

Los ángeles de los pequeños
La idea de los niños vuelve a surgir en las enseñanzas de Jesús: "Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, pues os digo que sus ángeles en los Cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los Cielos"(Mt). Los ángeles de los pequeños que miran con alegría al Padre, es una realidad que llena de gozo y contrasta con la de los escandalosos. Como si los que tienen una visión de presencia de Dios se gozasen de la bondad y de la humildad de aquellos que protegen en la tierra por especial misión de Dios.

La corrección fraterna y el perdón
La humildad y la sencillez se manifiestan en la caridad, que no es solamente una actitud suave y llena de ternura, sino que es fuerte, lo suficiente como para corregir al que está en algún pecado. La futura Iglesia deberá tener la corrección fraterna (privada o pública) como algo básico en su caminar. Querer a los hermanos también cuando se equivocan.

"Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígele a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no escucha, toma entonces consigo a uno o dos, para que cualquier asunto quede firme por la palabra de dos o tres testigos. Pero si no quiere escucharlos, díselo a la Iglesia. Si tampoco quiere escuchar a la Iglesia, tenlo por pagano y publicano"(Mt).

La fuerza de la oración
La oración es omnipotente, especialmente cuando se hace en unión con los hermanos. Cristo mismo estará presente en los que rezan, dando, en cierta manera, un valor infinito a sus preces.

"Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo.
Os aseguro también, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quisieran pedir, mi Padre que está en los Cielos se lo concederá. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos"
(Mt).

Dios quiere darnos multitud de bienes, pero quiere hacerlo respetando el modo como nosotros queramos. Quiere atarse al modo como nosotros atamos. Quiere salvarnos, pero no sin nosotros. La libertad del hombre es tan importante para Dios que nunca la suprime y escucha con solicitud todo lo que le pide libremente.

El perdón
Amar a quién nos ama es algo común con los paganos. Todos los hombres lo hacen, más o menos. Pero el seguidor de Cristo debe vivir un amor superior. Debe amar también cuando le ofenden y le persiguen. Debe perdonar. A Pedro le inquieta esta perspectiva, y pregunta por los límites de ese perdón: "Entonces, acercándose Pedro, le preguntó: Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le respondió: No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete"(Mt).
Es decir, siempre. Será necesario un cambio interior grande para realizar este perdón. Primero para entenderlo. Luego, para aplicarlo en circunstancias donde es natural que surja el odio y la venganza. Después, hay que pedir fuerza para vivirlo por encima de sentimientos contrarios.

Y Jesús pone el ejemplo del siervo cruel como explicación de lo que ya había dicho en el Padrenuestro. "Por eso el Reino de los Cielos viene a ser semejante a un rey que quiso arreglar cuentas con sus siervos. Puesto a hacer cuentas, le presentaron uno que le debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el señor mandó que fuese vendido él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y así pagase. Entonces el servidor, echándose a sus pies, le suplicaba: Ten paciencia conmigo y te pagaré todo. El señor, compadecido de aquel siervo, lo mandó soltar y le perdonó la deuda. Al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándole, lo ahogaba y le decía: Págame lo que me debes. Su compañero, echándose a sus pies, le suplicaba: Ten paciencia conmigo y te pagaré. Pero no quiso, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor lo que había pasado. Entonces su señor lo mandó llamar y le dijo: Siervo malvado, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has suplicado. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti? Y su señor, irritado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda. Del mismo modo hará con vosotros mi Padre Celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano"(Mt).

Perdonar de corazón es uno de los grandes retos de los hombres. Perdonar como somos perdonados. Sólo el que se da cuenta de lo que es el pecado como ofensa a Dios, un auténtico misterio de iniquidad, puede percibir la grandeza de un Dios que perdona y aprender ese difícil y divino modo de amar.

La fe
Todavía en Galilea completa Jesús la formación de los discípulos para el nuevo Reino de Dios. Les enseña los matices de la caridad: servir, ser sencillos, perdonar, no juzgar, alegrarse con los éxitos de los demás; un mosaico difícil y hermoso a los ojos de los suyos. La fe debía crecer. Por eso le dicen: "Auméntanos la fe. Respondió el Señor: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este moral: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería"(Lc). Antes utilizó el ejemplo de un monte, ahora escoge un árbol para mostrarles el poder de la fe. Ejemplos ambos muy gráficos. Es necesario tener fe, y adquiriremos capacidades sorprendentes y extraordinarias. Y todo eso, sin vanagloriarse, sino actuando como el siervo que ha cumplido su deber."Si uno de vosotros tiene un siervo en la labranza o con el ganado y regresa del campo, ¿acaso le dice: entra en seguida y siéntate a la mesa? No le dirá, al contrario: prepárame la cena y disponte a servirme mientras como y bebo, que después comerás y beberás tú?¿Es que tiene que agradecerle al siervo el que haya hecho lo que se le había mandado? Pues igual vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer"(Lc).







 







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