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Casarse bien
Ojalá que el sacramento del matrimonio sea algo más que un mero trámite o costumbre


Por: Máximo Álvarez Rodríguez | Fuente: .



La semana pasada hemos tenido varias horas de encuentro con los chicos y chicas que piensan contrarer matrimonio este verano. En un clima de amistad, diálogo y participación hemos ido abordando algunos de los temas más importantes de la vida matrimonial, guiados por la palabra y el testimonio de esposos que tienen no sólo conocimientos teóricos, sino también amplia experiencia.

Resulta fácil comprobar en estas jóvenes parejas la ilusión y el amor con que se acercan al matrimonio. No obstante, y sin pretender ser un aguafiestas, nos permitimos comenzar haciéndoles una pregunta: ¿sabéis cuántos matrimonios se han roto en nuestra parroquia los últimos años? Unos decían que veinte, otros treinta... Lo cierto es que, haciendo un poco de memoria, hemos ido confeccionando una lista (para uso privado y personal) en la que aparecen ya más de ochenta matrimonios rotos. Y estamos convencidos de que la mayoría de ellos se casaron con tanta ilusión y con tanto amor y seguridad como los asistentes al Cursillo Prematrimonial.

La segunda pregunta era esta: ¿Qué podéis hacer vosotros para no tropezar en la misma piedra? ¿Qué se puede hacer para evitar esta catástrofe?

-Antes de casarse hay que madurar como personas. Si una persona se casa inmadura, vacía, sin valores... no es fácil que el matrimonio la transforme.

¿Están hoy maduros los que se casan?

-En la sociedad actual parece que todo arrastra a lo más fácil, a lo más cómodo. La paciencia y el espíritu de sacrificio no son las características más señaladas de nuestro tiempo. La gente se encapricha por poca cosa y somos tan testarudos que nos cuesta ceder. Aplicado a la vida matrimonial, la poca capacidad de aguante, empezando por pequeños detalles, suele llevar a la ruptura total.

-Si todo se centra en el el disfrute fisiológico, y no se tienen en cuenta otros valores de índole espiritual, a la larga puede resultar decepcionante.

-Alguien decía que ante todo los que se casan deben acostumbrarse a hablar y dialogar entre ellos, porque a la larga lo más importante y lo que más llena es precisamente el conversar horas y horas. Mal se puede entrenar uno para el diálogo cuando se tiene constantemente encendida la televisión, incluso a la hora de comer, cuando cada uno va a lo suyo y no hay tiempo para estar juntos y hablar.

-El alcohol, la droga, el juego... -tantos vicios de nuestro tiempo- son sin duda los mejores desencadenantes de un fracaso matrimonial. También las malas compañías. ¿Por qué los esposos no siguen saliendo juntos, como cuano eran novios?

-El mundo de hoy facilita la infidelidad. A veces se empieza por poco, tonteando con otra persona, porque la mujer o el marido no se va a enterar... Aquí sí que es preciso cortar por lo sano antes de que se líe la madeja, que el demonio anda muy suelto.

-Entre las causas que pueden contribuir a las desavenencias en un matrimonio puede estar la familia. Parece mentira, pero es verdad. Hay familias que se entrometen demasiado en la vida de la pareja y en ese caso es preciso cortar por lo sano. "Dejará el hombre a su padre y a su madre..."

-Claro que el dinero tiene su importancia en la vida matrimonial. Pero tampoco lo es todo. Es mejor poco y bien administrado que mucho mal empleado. No vendría mal cierto espíritu de pobreza y austeridad, no dejarse arrastrar por la sociedad de consumo o por lo que otros gastan y tienen. Como el vecino compró un coche nuevo, yo también...

-Amor, respeto, capacidad de perdón... palabras claves. En muchos de los asistentes quedó grabada la frase: No esperéis al día siguiente a reconciliaros. Nunca os acostéis guardandoos rencor.

-Cuando hay una espiritualidad, una fe común, compartida y practicada, es mucho más fácil respetarse, comprenderse, quererse. Nos comentaban unos esposos que durante los primeros años de su vida matrimonial, apenas iban a Misa como no fuera en una fiesta, un entierro o de raro en raro, pero que a raíz de la catequesis de sus hijos decidieron ir a Misa todos los domingos y acercarse más a la Iglesia. Y constataban que desde entonces ha ganado enormemente en calidad su vida matrimonial.

Ojalá que el sacramento del matrimonio sea algo más que un mero trámite o costumbre. Que sea un programa de vida según Dios y con la ayuda de Dios.

 

 

Comentarios al autor

 



 

 

El padre Máximo es un sacerdote español, párroco de un pueblo minero llamado Fabero del Bierzo (León - España), de la Diócesis de Astorga. Da clases de religión en el Instituto y colabora semanalmente en la Hoja Parroquial de la Diócesis.
 

 

 

 









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