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La Liturgia

Sentido del domingo
La Iglesia establece el domingo, por una tradición apostólica que tiene su origen en el día mismo de la resurrección de Cristo.


Por: P. Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net



El domingo es, desde el punto de vista histórico, la primera fiesta cristiana; más aún, durante bastante tiempo fue la única. Los primeros cristianos comenzaron enseguida a celebrarlo, pues ya hablan del domingo la primera carta a los corintios (16, 1), el libro de los Hechos (20, 27), la Didaché (14, 1) y el Apocalipsis (1, 10).

Al inicio se le llamaba el día del Señor, el día primero de la semana, el día siguiente al sábado, el día octavo, el día del sol. Hoy ya lo llamamos domingo.

Tal vez una de las más importantes tareas cristianas de la actualidad sea la de devolver al domingo su carácter sagrado, litúrgico. Devolución que entrañará dos fases: retomar nosotros mismos el carácter sacro propio de ese día; y procurar que los demás también lo comprendan y lo asuman.

He dicho devolución porque quizá la pérdida del sentido sagrado del domingo sea una de las señales más claras de esta situación de desacralización o secularismo que caracteriza al mundo actual.

“Domingo”, “Día del Señor”, como queriendo decir “Día para el Señor” es uno de esos elementos en que se concentran y resumen todas las más importantes líneas de contenido del mensaje cristiano.

Por eso, ya Juan XXIII en su famosa encíclica “Pacem in terris”, del 15 de mayo de 1961, a los 70 años de la “Rerum Novarum” decía en el número 252: “Para defender la dignidad del hombre como creatura dotada de un alma hecha a imagen y semejanza de Dios, la Iglesia ha urgido siempre la observancia del tercer mandamiento del Decálogo: “Acuérdate de santificar las fiestas”. Es un derecho de Dios exigir al hombre que dedique al culto un día de la semana en el cual el espíritu, libre de las ocupaciones materiales, pueda elevarse y abrirse con el pensamiento y con el amor a las cosas celestiales, examinando en el secreto de su conciencia, sus deberes hacia su Creador”.

A propósito del domingo, dice la constitución conciliar sobre la Sagrada Liturgia: “La Iglesia, por una tradición apostólica que tiene su origen en el día mismo de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado, con razón, “Día del Señor” o domingo. En este día, los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la Palabra de Dios y participando en la eucaristía, recuerden la pasión, resurrección y la gloria del Señor Jesús, y den gracias a Dios que los “hizo renacer a la viva esperanza, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (1 Pe 1, 1). Por eso, el domingo es la fiesta primordial que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo...El domingo es el fundamento y el núcleo del año litúrgico.



Relación del domingo con el sábado judío, del que nos habla el Antiguo Testamento


El sábado judío contiene algunos elementos que anuncian lo que será nuestro domingo.

El sábado judío era el día del descanso. Dios cesó de toda la tarea que había hecho (cf Gn 2, 2). Dios bendijo ese día y lo santificó (cf Gn 2, 3). Es también, más tarde, el día para la reunión sagrada (cf Lev 23, 3), para presentar ofrendas al Señor (Lev 24, 5-9). Es, además, día para recordar las maravillas que obró el Señor en Egipto, al realizar la liberación de su pueblo amado (cf Deut 5, 12-15). Es un día para imitar a Dios y para santificarse el hombre (cf Is 1, 11-19; 58, 13-14; Ez 22, 26). Esta fiesta del sábado es para todos, no sólo para quien es judío, sino también para quienes están vinculados con él (cf Ex 20, 10).


¿Por qué el cristianismo pasó el día de descanso para el domingo y no para el sábado?

La razón fundamental es que el domingo celebramos la resurrección de Jesús. Y Jesús resucitó el “primer día de la semana”. Y el primer día de la semana, computado al modo judío, es el que sigue al sábado.

La primitiva comunidad cristiana, guiada por el Espíritu Santo y conducida por los apóstoles, ya desde el comienzo de su existencia, después de Pentecostés, comenzó a celebrar este primer día con clara intuición del cambio operado desde el Antiguo Testamento (sombra, profecía, anuncio) al Nuevo Testamento (luz, cumplimiento, realidad).

A propósito de esto es oportuno citar a san Justino (año 155 d.C.) que en su “Apología” dice: “El día que se llama “del sol” se celebra una reunión de todos los que moran en las ciudades o en los campos; y allí se leen, en cuanto el tiempo lo permite, los recuerdos de los apóstoles o los escritos de los profetas. Luego, cuando el lector termina, el presidente, de palabra, hace una exhortación e invitación a que imitemos estos bellos ejemplos. Seguidamente nos levantamos todos a uno y elevamos nuestras preces; y terminadas éstas, se ofrece el pan y el vino...” .


Carta apostólica del papa Juan Pablo II sobre el Domingo

A partir de este contenido fundamental del domingo, día de la resurrección del Señor, Luz del mundo, podemos comprender sus restantes significados y el mensaje concreto para nuestras vidas, siguiendo la carta apostólica del papa Juan Pablo II sobre el Domingo del 31 de mayo de 1998. He aquí el resumen de esta carta:
 

  • Domingo, día del Señor: celebración de la obra del Señor.
  • Domingo, día de Cristo: el día del Señor resucitado y el don del Espíritu.
  • Domingo, día de la Iglesia: la asamblea eucarística, centro del domingo.
  • Domingo, día del hombre: el domingo, día de alegría, descanso y solidaridad.
  • Domingo, día de los días: el domingo, fiesta primordial, reveladora del sentido del tiempo.


    Así, pues, el domingo es el día de la Trinidad Santísima, porque el culto que en Cristo y por Cristo tributamos a Dios, es culto al Padre, por el Hijo, en el Espíritu.

    Es, además, el día de la “Pascua semanal”. Cada domingo es una Pascua en pequeño. Ya que la Pascua del Señor es el centro, la cumbre y la fuente de la historia de la salvación.

    Domingo, día de la renovación de la Alianza eterna. Día que anuncia y simboliza la Parusía: “Cada vez que coméis este Pan y bebéis este Cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga” (1 Cor 11, 26). Entonces ahora comprendemos que ese “descanso” o interrupción del trabajo, ese “reposo” es mucho más que una mera necesidad de recuperar las fuerzas desgastadas; es un símbolo del descanso y reposo eterno que obtendremos un día junto a Dios cuando el Señor regrese con gloria e inaugure el Reino definitivo (cf Hbr 4, 1-11).

    De ahí que si el sábado era para el judío, con justicia, día de alegría, haya de serlo muchísimo más para los cristianos el domingo. Debe ser una alegría verdadera, alegría en el Señor (cf Flp 4, 4). Alegría que tanto el hombre busca...y que sólo podrá encontrar verdaderamente en Jesucristo.

    El papa Juan Pablo II en la carta apostólica con motivo del cuadragésimo aniversario de la constitución conciliar sobre la Sagrada Liturgia nos dice lo siguiente sobre el domingo: “ El domingo, día del Señor, en el que se hace memoria particular de la resurrección de Cristo, está en el centro de la vida litúrgica, como fundamento y núcleo de todo el Año litúrgico. No cabe duda de que se han realizado notables esfuerzos en la pastoral, para lograr que se redescubra el valor del domingo. Pero es necesario insistir en este punto, ya que ciertamente es grande la riqueza espiritual y pastoral del domingo, tal como la tradición nos la ha transmitido. El domingo, considerando globalmente sus significados y sus implicaciones, es como una síntesis de la vida cristiana y una condición para vivirla bien”
    (n.9).

    Celebración de la misa en Domingo Se realiza una celebración dominical puesto que el domingo es el "Día del Señor"



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  • P. Antonio Rivero













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