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La Liturgia

Diferencia entre liturgia y ejercicios piadosos
Actos sagrados, que por institución de Cristo y de la Iglesia y aprobados por la Santa Sede, dan culto a Dios, a la Virgen, a los santos y a los beatos.


Por: P. Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net



 

Diferencia entre acción litúrgica y ejercicio piadoso o devoción



Las acciones litúrgicas son aquellos actos sagrados, que por institución de Cristo y de la Iglesia y en su nombre, son realizados por personas legítimamente designadas para este fin, en conformidad con los libros aprobados por la Santa Sede, para dar a Dios, a la Virgen, a los santos, a los beatos, el culto que les es debido, y para provecho y santificación de las almas de los que participan en esa acción litúrgica.

Acciones litúrgicas son, por ejemplo, una celebración eucarística, una celebración de la Palabra, una paraliturgia, una celebración para llevar la comunión a un enfermo, por parte de los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, y cualquier celebración de los sacramentos: confesión, matrimonio, confirmación, orden sagrado, etc.

Las demás acciones que se realizan en una iglesia o fuera de ella, con o sin sacerdote que las dirija o presencie, se llaman ejercicios piadosos o devociones de la piedad popular. Por ejemplo, el Santo Rosario, el Vía Crucis, las procesiones por las calles, imposición de escapularios, medallas, etc.

Estos ejercicios piadosos, aunque no son propiamente actos litúrgicos, deben prepararnos a vivir mejor la liturgia.

El papa Juan Pablo II en su carta apostólica con motivo del cuadragésimo aniversario de la constitución conciliar sobre la Sagrada Liturgia nos dice al respecto: “La constitución Sacrosanctum Concilium interpreta proféticamente esta urgencia, estimulando a la comunidad cristiana a intensificar la vida de oración, no sólo a través de la liturgia, sino también a través de los ‘ejercicios piadosos’, con tal de que se realicen en armonía con la liturgia, como si derivaran de ella y a ella condujeran”(n. 10).

Y en la carta apostólica sobre el santo Rosario dice también el papa Juan Pablo II: “Hay quien piensa que la centralidad de la liturgia, acertadamente subrayada por el concilio ecuménico Vaticano II, tenga necesariamente como consecuencia una disminución de la importancia del Rosario. En realidad, como puntualizó Pablo VI, esta oración no sólo no se opone a la liturgia, sino que le da soporte, ya que la introduce y la recuerda, ayudando a vivirla con plena participación interior, recogiendo así sus frutos en la vida cotidiana” (Rosarium Virginis Mariae, n. 4).

Debemos, pues, valorar mucho estos ejercicios piadosos, al igual que todas las devociones de piedad popular, como expresión verdadera del alma de un pueblo y como la piedad de los “pobres y sencillos”. Es la manera como estos predilectos del Señor viven y traducen en sus actitudes humanas y en todas las dimensiones de su vida el misterio de la fe que han recibido . Es más, muchas de estas prácticas de piedad han brotado de una intensa vida litúrgica.

Por tanto, la liturgia siempre está conectada con el Misterio Pascual de Cristo a través de los signos sacramentales, y por lo mismo participamos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, recibiendo los frutos de la Redención. Los ejercicios piadosos, también evocan el Misterio de Cristo pero únicamente de manera contemplativa y afectiva. Las acciones litúrgicas lo hacen actualizando la salvación de Cristo aquí y ahora, por medio del rito sacramental.

Qué duda cabe que las devociones nos deberían preparar espiritualmente para vivir la liturgia, pero no la suplen, ni la reemplazan. Entre las devociones, la más importante es el rezo contemplativo del santo Rosario, a quien el papa Juan Pablo II ha dado tanto realce, hasta el punto de ofrecernos una carta apostólica titulada “El Rosario de la Virgen María” , que ya cité antes, invitando a todos al rezo del santo rosario, como medio para ser santo, para conseguir la paz del mundo y la unión en la familia, y “como camino privilegiado de contemplación del rostro de Cristo en la escuela de María” (Carta apostólica de Juan Pablo, en el XL aniversario de la Sacrosanctum Concilium, n. 10) .



 

 







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