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El fenómeno de la movilidad
Los programas pastorales, que son una actuación del ansia evangelizadora, deben tener en cuenta las situaciones de hecho.


Por: Pontificia Comision para la Pastoral de las Migraciones y del Turismo | Fuente: La Iglesia y la movilidad humana







Los programas pastorales, que son una actuación del ansia evangelizadora, deben tener en cuenta las situaciones de hecho. Resulta por tanto oportuno dar una mirada preliminar a la movilidad humana para así mejor comprender su alcance e influencia.



1. UNA ERA NUEVA

La movilidad es al propio tiempo causa y efecto de la era técnica y científica, que algunos denominan post-industrial. Esta queda inserta indudablemente entre los "rápidos y profundos cambios que progresivamente se van extendiendo al universo entero", como afirma el Concilio Vaticano II, y cualifican el período presente de la historia.

Se trata de un fenómeno muy complejo y articulado, en el cual emergen elementos múltiples que están siendo objeto continuado de valoración por parte de los estudiosos.

Es suficiente anotar algunos de ellos: la tendencia a favorecer la unidad jurídica y política de la familia humana; el notable incremento de los acuerdos e intercambios culturales; la interdependencia de los Estados, especialmente en el aspecto económico; la constitución de las empresas multinacionales; el desequilibrio entre los países abundantemente provistos de recursos y los países pobres; los esfuerzos para garantizar cada vez más ampliamente los beneficios sociales; el progreso de los medios de comunicación y de difusión.

La conjunción de algunos de estos elementos -y ya se ve hasta qué punto resultan distintos en sí mismo y en cuanto a su alcance- produce impulsos u ocasiones para la movilidad, dentro y fuera de los confines nacionales; movimiento que asume un aspecto polivalente y obliga a discernir aquello que puede ser factor de promoción y de elevación y aquello que, en cambio, puede marcar un camino involutivo en el hombre.

Si bien en formas y medidas diversas, la movilidad ha pasado a ser un destino generalizado. Al número ya imponente de los protagonistas inmediatos, hay que añadir -y quedan todavía más- los relacionados con el fenómeno de manera refleja: las familias, en primer lugar, y a continuación los obreros y los empleados en los varios sectores de la movilidad, etc.

Tan sólo recordando a las familias ya se pone en evidencia una implicación de amplísimo alcance humano, social, moral y religioso.




2. UN MUNDO EN EVOLUCIÓN

Más allá de los aspectos recordados existe algo todavía más profundo. La movilidad invita a una comprensión apropiada del mundo en que vivimos y cuyas estructuras vemos evolucionar bajo nuestros ojos.

La economía ha pasado a ser planetaria; la política, en la medida que es realista, asume dimensiones mundiales; la vida social encuentra sus centros de animación a nivel mundial. La evolución del mundo a la que es necesario hacer referencia es ésta, además de la movilidad de las personas.

Hoy resulta imposible quedar indiferente a la inter-penetración de razas, civilizaciones, culturas, ideologías. El mundo ha quedado pequeño, las fronteras tienden a caer, el espacio presenta planteamientos nuevos, las distancias se desvanecen, la vida hace sentir las propias repercusiones desde las zonas más alejadas: todos vivimos en un único poblado.




3. CAMBIO PROFUNDO EN EL HOMBRE: LUCES Y SOMBRAS

Más que las dimensiones y el ritmo que la movilidad presenta en sí, importa la cualidad del cambio que ésta opera en el hombre. Es un cambio profundo que incide en el modo de pensar y en el estilo de vida y que, por tanto, lleva consigo contemporáneamente luces y sombras.

El sentido de lo provisional invita a preferir los aspectos de novedad, acaso oscureciendo la estabilidad y la jerarquía de valores. El espíritu se torna más curioso y disponible, más sensible y abierto, más pronto al diálogo. En este clima el hombre puede ser inducido a profundizar las propias convicciones, así como ser inclinado hacia un relativismo fácil.

La movilidad determina un cierto desenraizamiento del ambiente originario, una soledad acentuada, un aislamiento en el anonimato. Puede derivarse ya sea un rechazo más o menos consciente del nuevo contexto o bien la aceptación acrítica del mismo en polémica con la experiencia precedente, e incluso una actitud pasiva, fuente de alienación cultural y social.




4. INFLUJO EN LA FE

La movilidad en cuanto tal no puede ser considerada como enemiga de la fe; y la Iglesia se esfuerza prudentemente en valorizar aquellas virtualidades que la constituyen instrumento de evangelización.

De todos modos en determinadas situaciones la práctica religiosa queda a menudo comprometida. La ruptura de vínculos entre fe y cultura, que es el "drama de nuestra época", encuentra en ello una aguda acentuación, desplazándose el equilibrio entre los gestos de esta nueva vida y los gestos cristianos de ayer, hacia los primeros, cada vez más fácilmente.

Y en la medida en que se acelera el paso de una sociedad de tipo familiar, rural, simple, tradicional, a una sociedad extrafamiliar, industrial, compleja, dinámica, rica, más se endurecen las crisis y más difícil resulta la protección de la unidad de la conciencia personal.

Queda, en todo caso, el trauma de un mundo nuevo, con su universo cultural y su sistema de valores y de modelos. De aquí el despliegue de mentalidad, por el cual la búsqueda religiosa no siempre consigue encontrar salida, como lo demuestran las no infrecuentes simpatías hacia ideologías seculares y seudo-religiosas.

En semejantes condiciones, la fe no puede quedarse únicamente en una herencia a conservar o proteger; es una realidad que hay que profundizar, desarrollar, difundir. El cristiano está así obligado a verificar personalmente la fe en un contexto que a veces es de auténtica diáspora.

De ello se desprende la exigencia de que la pastoral de estos estratos de la humanidad deba adecuarse a su situación espiritual para estar en grado de descubrir, hacer penetrar y construir en ellos la fe.



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