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El fenómeno Peter Singer: algunas observaciones
Desde el punto de vista teórico la “filosofía ética” de Singer es inconsistente hasta un extremo clamoroso; animalismo, eugenesia, etc. son síntomas de una grave patología del pensamiento


Por: Leopoldo Prieto | Fuente: Ecclesia, 18 (2004), pp. 109-118



4. Algunas observaciones a Singer

A) Singer propugna una ética empirista de signo radical que parece descansar sobre dos fundamentos son dos: en el ámbito objetivo, la reducción de lo “bueno” a lo “agradable”; y en el subjetivo, la capacidad de sentir dolor y placer de cualquier animal. Ambos fundamentos, sin embargo, sólo son comprendidos en su justa dimensión si se advierte que, más profundamente, se encuentra un presupuesto fundante que proporciona unidad a ambos, a saber: la recusación de la razón como norma de la morali-dad. Ahora bien, hay que decir al respecto que tal recusación imposibilita propiamente hablando la moralidad, y esto por diversos motivos. Nos limitamos aquí a dos. El primero es que sin razón no hay libertad, y sin libertad no hay moral. Nadie habla sensata-mente de conducta moralmente responsable e imputable si se carece de libertad. Los códigos penales de todos los países civilizados reconocen este principio esencial y fundante del orden público. Sin libertad el acto no es simplemente que esté viciado, es que no existe como acto propiamente humano y, por tanto, es ajeno a la persona que lo realiza, o como dice el derecho, es inimputable. El segundo es que, a falta de la razón, a la que se reconduce en última instancia la posibilidad del dominio de las propias acciones, la ética dejaría de ser el ámbito de los acciones humanas para convertirse en exclusiva en una ética de las pasiones. Ahora bien, las pasiones, en la medida en que son estados no puestos voluntariamente sino más bien impuestos o padecidos por el sujeto, carecen de un contenido moral propio que sólo adquieren indirecta-mente al ser asumidas y hechas propias o rechazadas por la voluntad. En realidad una moral que reconozca su fundamento no en la razón sino en las sensaciones está llamada a convertirse en una técnica o en una aritmética del bienestar y del dolor, desconociendo la intrínseca dimensión moral de cada acto humano. Y reducido el comportamiento humano a la consecución del placer y a la evitación del dolor a duras penas podrá admitirse que la ciencia que prescribe tal conducta sea una ética. Detrás del proyecto de una ética sin razón se descubre fácilmente la imagen singeriana del hombre: un animal carente de todo asomo de ratio, aunque privilegiado por la evolución por encima de los demás animales en sus posibilidades cognoscitivas y apetitivas. Entre animal y hombre no hay diferencia alguna de esencia. El hombre es perfec-tamente y simplemente un animal. A tal concepto hay que responder simplemente que no se atiene a los hechos palmarios conocidos de todos.

La falsa identificación del placer con el bien y del dolor con el mal

B) Es preciso impugnar por falsa la identificación (de cuño empirista y pragmatista) del placer con el bien y del dolor con el mal. De ello tiene suficiente conciencia el sentido común de los hombres sin necesidad de una especial instrucción en la filosofía moral. Todo el mundo sabe que hay cosas agradables que resultan dañinas, y otras tantas en cambio que, a pesar de ser desagradables, son buenas. No creo necesario detenerme en este punto evidente. En lo que sí quiero detenerme es en el siguiente dato. De hecho, desde el punto de vista físico, aunque el dolor sea desagradable, es bueno, e incluso imprescindible para conservar la vida, que es el auténtico bien, físicamente hablando. El dolor físico, el único que en realidad Singer podrá admitir cabalmente, es la re-acción de alerta del organismo ante un estado de deterioro fisiológico que, de no remediarse, conduciría a la muerte, el mal stricto sensu desde el punto de vista físico. Luego si el dolor es fisiológicamente un bien cuya función es preservar la vida, y ésta es com-partida no sólo por los animales sino también por los seres cuya vida se limita al estado vegetativo, es decir, las plantas, Singer debería ampliar el radio de protección de los beneficiarios de sus doctrinas también a las plantas, víctimas de la “explotación agra-ria”, incluyéndolas en su alegato de liberación, siendo así que el bien que se defiende en los animales y en las plantas es el mismo, la vida física.

Más razonable e imparcial que la propuesta de Singer es en el fondo la de la filosofía hindú que defiende toda forma de “vida física”. Singer podría replicar que la vida de las plantas es, por cuanto nos consta, inconsciente, y por tanto, indolora. Pero precisamente por ello, ¿no pide la justicia velar ante todo por los seres más desamparados y débiles, los que carecen de la protección del dolor? Si Singer niega esta exigencia de la “justicia”, de-be igualmente negar, para ser lógico, la defensa de los animales por parte del hombre, puesto que vistos así los animales están al hombre como las plantas a los animales, es decir, en situación de inferioridad y de “explotación”. ¿Y no son acaso las plantas, las eternas durmientes, las más explotadas y necesitadas de liberación de los desalmados herbívoros y rumiantes? Los argumentos del nuestro son extravagantes, al menos porque, habiendo abandonado el buen sentido, han pretendido la elaboración de una ética echando mano de unos instrumentos del todo inadecuados a tal propósito, como son la “lógica animalista” y el materialismo que le subyace. Pero, ¿es acaso posible una ciencia moral propiamente dicha desde un planteamiento materialista?

La historia de Singer recuerda de cerca la escena de la fábula G. Orwell en la que con personificación de los animales de una granja pretende reflejar la situación de explotación que padece el proletariado. Old Major, el más experimentado y vanguardia intelectual de la granja, un sentencioso porcino, reivindica con una ardorosa arenga dirigida a la asamblea de animales la dignidad y los derechos que el hombre, cruel explotador, les ha arrebatado y canta en líricos tonos el fin de la tiranía humana y el porvenir dorado para la raza de los cuadrúpedos. La canción dice así:

Beasts of England, beasts of Ireland, / Beasts of every land and clime, / Hearken to my joyful tidings / Of the golden future time.
Soon or late the day is coming / Tyrant Man shall be o’erthrown / And the fruitful fields of England / Shall be trod by beasts alone6.

Por otro lado, el hombre no es el único animal (ni el que lo hace en mayor medida) que come carne. Dado que la ética se funda, al parecer, sobre la capacidad sensitiva, común a hombres y animales, ¿por qué al hombre le habría de estar prohibido comer carne y no a los grandes depredadores, que causan un indecible dolor a los pobres herbívoros? Ya se ve que fuera del orden de la racionalidad y la libertad, el discurso sobre la moral carece de sentido.

La negación de Singer del carácter de persona

C) Finalmente, la “adjudicación de personalidad” que con tan generosamente realiza Singer entre los animales superiores, grotesca de suyo, no requiere más comentario. Sí es preciso, por el contrario, decir algo sobre la negación de Singer del carácter de persona de determinados enfermos psíquicos, e incluso de los recién nacidos. La cuestión, en realidad, no es ética, sino metafísica: ser o no persona no depende, radicalmente hablando, de ciertos actos que se realizan, sino de un particular modo de ser, o mejor, de una específica naturaleza que los posibilita. Persona es el ser de naturaleza racional, realice actualmente o no operaciones de esa índole. La personalidad coincide con la racionalidad, bien sabido que la racionalidad se dice antes de la naturaleza que de los actos que de ella emanan. Sin embargo, como Singer ha excluido la racionalidad como base específica de la ética, debe refugiarse en unos etéreos “actos psicológicos cognoscitivos de proyección en el futuro” que de cualquier modo son actos y no un modo de ser permanente, y que además no son racionales. He dicho que personalidad y racionalidad coinciden. Sin embargo es preciso hacer ahora una precisión. La racionalidad que funda el carácter de persona es la que el hombre tiene en razón de su naturaleza, que de ordinario realiza actos racionales sin mayor problema. Ahora bien, se da el caso de los enfermos mentales, que teniendo perturbado el juicio no pueden realizar dichas operaciones. Pues bien, este tipo de hombres son indudablemente racionales, y por tanto, personas, no obstante la enfermedad que les aqueja, y que les impide realizar actualmente actos de razón. Así pues, es imprescindible distinguir racionalidad de naturaleza y de acto. El caso no es distinto, en lo esencial del de las personas que por diver-sas circunstancias (estado de embriaguez, sueño, etc.) están temporalmente privadas del uso de razón, o del de los niños en tanto que alcanzan dicho uso.

La opinión que Singer manifiesta al respecto es no sólo falsa, sino deplorable y peligrosa. Singer se coloca con su doctrina efectivamente en la misma posición de la eugenesia que legitima las esterilización, la eutanasia e incluso la simple eliminación de tarados, oligofrénicos, enfermos mentales, de enfermos gravosos de cualquier género para la sociedad y de ancianos, todos ellos personas humanas de bajo o nulo rendimiento laboral. De este modo Singer y la eugenética atentan gravísimamente con sus ideas (y así la puerta queda abierta para los hechos) contra la dignidad sagrada del ser humano. Y no se crea que el peligro es irrealizable o ilusorio. En la década de 1930 un buen número de los estados componentes de los EE.UU., influidos por la ideología eugenetista, promulgaron normas relativas a la esterilización forzosa de oligofrénicos, delincuentes e indeseables, e incluso en algunos casos a la eutanasia.
Desde el punto de vista teórico la “filosofía ética” de Singer es inconsistente hasta un extremo clamoroso, pero ello no quita, dados los tiempos que corren, que pueda llegar a ser acogida y sostenida, incluso ampliamente. ¡Es preciso ponerse en guardia! Animalismo, eugenesia, etc. son síntomas de una grave patología del pensamiento y de la civilización, que se ha cobrado un altísimo precio en vidas humanas en el siglo XX, que tiene un historial y una procedencia bien determinados: el materialismo. Y si bien, el retorno a las prácticas de exterminación masiva no se ve fácil, la causa que las generó, sigue operante, a saber: la concepción materialista que hace del hombre un simple animal.

6 G. Orwell, Animals Farm: “Animales de Inglaterra / Animales de Irlanda / Animales de todo lugar y clima / Escuchad la gozosa nueva / de un futuro do-rado / Tarde o temprano llegará el día / en que postrado el hombre que nos tira-niza / los feraces campos de Inglaterra / no sean transitados más que por bestias”

Para consultar el documento completo:

El fenómeno Peter Singer: perfil bibliográfico y pensamiento


 








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