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Involución moral
Como un signo de decadencia, se dan brotes de inhumanidad en su expresión más radical, que es el atentado contra la vida. Y no por odios particularizados sino se lanza la agresión contra cualquier vida.


Por: Luferni | Fuente: catholic.net





Como un signo de decadencia, se dan brotes de inhumanidad en su expresión más radical, que es el atentado contra la vida.

Se repite la irracionalidad homicida. Como un signo de decadencia, se dan brotes de inhumanidad en su expresión más radical, que es el atentado contra la vida. Y no por odios particularizados sino se lanza la agresión contra cualquier vida.

No es atacar al enemigo o al culpable sino al viviente sin culpa, anónimo, perdido en la fulanidad. La catástrofe aleatoria, el disparo sin causa, la explosión inesperada, el bacilo mortífero transportado y disperso, como un peligro total que se salpica sobre la multitud.
Matar parece ser un verbo que se ha empezado a conjugar por patologías miméticas de influenciables alienados, que expresan sus desequilibrios urdiendo el crimen ciego y desparramado.

El respeto a la vida fue siempre un límite configurativo de la convivencia humana. Traspasar esos límites es poner en circulación lo que no se vale. Es salirse de las reglas de juego de la supervivencia colectiva. Una amenaza sorpresiva y enloquecida contra el instinto de conservación comunitaria.

La agresión indiscriminada empieza a ser una enfermedad de las sociedades modernas.

Se da en los que ya no esperan una ofensa para contraatacar a un ofensor sino desatan una destrucción, enemiga de todos, ahí donde hay algunos. Algunas mentalidades trastrocadas, consideran una hazaña lo que todos los demás catalagorían como una degradación y una vileza.

Este fenómeno de involución moral se dedica a cancelar la conciencia y a dar al instinto y a la compulsión el caudillaje de la conducta. En rechazo de toda comunión, esa violencia vergonzosa busca para sus semejantes en naturaleza, el dolor y la muerte que, no pocas veces, aplica también a sí misma, como si se tratara de contradecir las leyes del universo.
¿Qué psiquiatría global podría poner en el diván psicoanalítico a esta actitud que se manifiesta descarada en el terrorista y solapada e institucionalizada en una globalización, no mundial ni solidaria, sino selectiva y excluyente, por avidez de poder y de tener?...

 

 

 

 



 







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