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4.- Gerardo. El defensor de la esposa
Libro El buen amor en el matrimonio. Horacio Bojorge


Por: Horacio Bojorge | Fuente: Catholic.net



"Mi mujer quiere que me haga un espermograma"

1. De Gerardo

Querido Padre en Cristo,
Soy Gerardo, de Chile
Deseo hacerle una consulta. Mi esposa y yo nos casamos hace casi dos años. Desde el comienzo buscamos tener hijos y aún no llegan. Mi esposa se ha hecho todos los estudios que le han mandado y está todo bien. Ella no tiene problemas.
A mí me mandaron un espermograma y cuando pregunté al bioquímico cómo era, él me dijo que el único modo de hacer ese estudio es a través de la masturbación. Me he rehusado a este estudio porque la masturbación es pecado. He consultado con dos sacerdotes: uno un moralista (lo considero sacerdote serio) y otro un sacerdote anciano de confianza. Ambos me han dicho, en suma, que no cometo pecado en caso de hacerme dicho estudio porque no lo hago para satisfacerme por una pasión desordenada sino que es algo que lo obtengo para un bien sin que haya otro medio (medio médico y que te lo propongan) para ello. Esto ha provocado muchas discusiones con mi esposa: ella es católica practicante como yo, y me entiende en lo feo que es esto pero ella se encuentra angustiada porque si no sabemos si soy yo el motivo de que no vengan los hijos, es como que nunca el problema se va a solucionar o se va a resolver no sé cuándo....
Por mi parte prefiero abandonarme en los brazos de Dios y esperar, pero cada vez que viene el período y los hijos no vienen, por su lado mi esposa se angustia y por el mío me pregunto si no estoy encerrándome en algo que no es lo que Dios quiere y quizás el Señor me esté pidiendo que me haga el análisis. A la vez tengo miedo de desagradar a Dios haciéndome el estudio.
El sábado pasado, debido a que le pregunté al sacerdote anciano que le mencioné y me respondió que no era pecado le dije a mi esposa que si ella no queda embarazada en este período yo me voy a hacer los estudios. Pero a la vez tengo miedo de esta decisión, porque mi conciencia me lo reprocha en cierto sentido. Padre, ¿que puede decirme usted al respecto?
Quedo a la espera de su respuesta. En Cristo y María Santísima.
Gerardo.

Mi respuesta
Gerardo:

1º Si Ustedes me hubieran preguntado si su mujer debía examinarse, les hubiera aconsejado que no. Ahora ella está en disposición de "responsabilizarlo" a Usted si el mal espíritu la tienta por ahí. Y Usted está en disposición de tener que "demostrar" que no es el responsable, o peor: el culpable.
Ahora, yo le digo, el haber cometido un error ¿se arregla con cometer otro?
Ella debía haber examinado sus disposiciones espirituales y haberse preguntado si su voluntad está sometida a la de Dios, o si está deseando el hijo sí o sí, independientemente de la voluntad divina.
Y Usted, como esposo, debería prestar atención a esa dolencia del alma de su esposa y tratar de remediarla. Ceder a ese deseo desbordado y que la atormenta y daña, es totalmente contraindicado para la dolencia espiritual de su esposa. Ella es víctima de su propia voluntad desbordada, que no sabe someterse a la obediencia a Dios.

2º Usted y su esposa no deben seguir el juicio de ese “moralista”. Porque su razonamiento se basa en un falso principio: “el buen fin justifica los medios malos”. Si la masturbación en sí misma es objetivamente mala, no se puede emplearla para un fin bueno.

3º Sepan también que hay casos de matrimonios en los que los hijos vinieron a los cinco o más años de casados y no se hicieron exámenes para saber a quién se debía que no viniesen. Y los años demostraron que la tardanza en venir no era por un motivo físico, sino posiblemente psicológico.

4º Usted y su esposa pueden preguntarse qué le agrega a la no venida del hijo el saber quién de los dos es el "responsable" o el "culpable" de que no vengan los hijos. Y pueden preguntarse también cuáles serán las malas consecuencias para ambos y en especial para ella, de saber si hay en Usted oligospermia u otro impedimento. ¿Qué le agrega, saberlo, de bueno? ¿Hará que venga el hijo? ¿Qué puede provocar de malo para ambos el saberlo? ¿Será posible para ella vivir en paz y amor sabiendo eso? Ahora mismo: ¿es ya posible vivir en paz y amor con esa incertidumbre? ¿Es posible aceptar la ignorancia? ¿No están perdiendo la paz conyugal debido a un intento obsesivo?
Más aun, ustedes se preguntan sobre la moralidad de una masturbación con un fin médico, pero no se están preguntando si acaso no es peor pecado ese deseo inmoderado del hijo a cualquier precio que produce, además, una curiosidad por saber lo que no se debe saber, o lo que puede ser muy perjudicial para el amor mutuo saber.
El deseo desordenado, exagerado y obsesivo, del hijo es una disposición viciosa, porque no somete la propia voluntad a la voluntad divina ni sabe esperar en paz. La curiosidad es también un vicio derivado del anterior. Se puede pecar de curiosidad consultando adivinos, evocando muertos, pero también consultando médicos y haciéndose análisis a cualquier precio. Aunque ese examen médico fuera moralmente licito, la intención no recta, el capricho y la curiosidad son malos.

5º Hay parejas en que los dos son fértiles y los hijos no vienen. A veces una mujer fértil no queda embarazada por una excesiva ansiedad en querer ser madre o por otras razones psicológicas. Es decir que la fertilidad fisiológica de su esposa no es un hecho suficiente para excluir que haya impedimento por su lado

6º Si Ustedes pueden confiar en el Señor y aceptar que los hijos vengan si Él quiere y que no vengan si El no quiere, sería lo mejor. Y una fe semejante es en realidad lo que yo les aconsejo pedir. Todo lo demás viene de debilidad en la fe y en insuficiente entrega total de ambos a las manos del Señor. Eso, aunque no sea materia de pecado, produce igualmente ansiedad y daña a cada uno y al vínculo. Y donde hay fisuras en la fe, las tentaciones pueden terminar con el amor. Pero la fe es un don. Se pide. Y nadie puede dar el paso mas largo de la pierna que tiene. Nadie puede actuar en fe según una fe que no tiene.

7º Supongamos que el médico le diga que el problema fisiológico está en Usted pero que se podría hacer una inseminación artificial ¿No se verían ambos de nuevo ante un camino que la moral les cierra y la fe débil no les ayuda a aceptar? Porque tienen bastante fe para no querer pecar, pero aun no tienen la suficiente para resignar la venida de los hijos en la mano de Dios y aceptar que es mejor vivir ignorando lo que no conviene averiguar.
Y habiendo ingresado tu esposa por ese camino con los exámenes a su esposo, puede resultarle cada vez más difícil sanarse de una obsesión por el hijo que no es buena.

8º Por último: Lo que yo aconsejo es que ella debe dominar y someter a razón esa ansiedad, esa voluntad obsesivamente fijada en el capricho del hijo, o en el deber de tenerlo. Esa es la mala causa y la dolencia espiritual de tu esposa que exige remedio para su bien.
Y esto no lo aconsejo por un motivo "moral" sino "religioso" y “humano” a la vez.
Dar la vida es un Don que viene de Dios y es bendición. Hay que pedirla como una gracia y con resignación en su divina voluntad. No con la soberbia de quien quiere el hijo a toda costa y tratará de alcanzarlo por cualquier camino, desentendiéndose de si ese camino es grato a Dios o no. Hoy ella te pide un espermograma. Mañana te pedirá una inseminación artificial.
En conclusión: la dilucidación de si es uno u otro el "impotente", es un planteo equivocado. En este caso, el verdadero problema no es ése. El problema es que la sanación de la angustia de tu esposa sólo tiene un remedio religioso. Que consiste en resignar su voluntad a la voluntad de Dios Padre. Esa es la medicina necesaria para ella. Medicina que es sobre todo religiosa, psicológica y humana. Pero cambiar ese planteo es una gracia, porque implica un cambio de los corazones y de sus deseos más profundos.
Bendiciones
Padre Horacio

2. De Gerardo

"Yo no quiero el espermograma
pero ella no entiende mis razones"

Padre,
Muchas gracias por sus consejos. Le pido oración por nosotros. Desde un comienzo yo estaba en contra de que ella se hiciera esos estudios, pero a pesar de intentar decírselo y pedirlo en la oración, ella no me entendió y quizás tampoco yo me supe expresar convenientemente, como muchas veces me pasa. Quizás por mi falta de fe, de luz, firmeza, de fortaleza, no quise imponerle que no se haga los análisis, en verdad no sé si puedo o debía hacerlo.
Por mi parte no quiero hacerme los estudios y tampoco quiero que ella se los haga y siga con este tema. Quiero esperar que Dios si quiere y cuando quiere envíe los hijos. Esto he intentado decirlo a mi esposa, pero ella no lo entiende como yo y tampoco lo quiere así me parece. Y creo que es por ansiedad en ella que puede venir de una poca fe y gracia (me cuesta decirlo, pero así veo, pienso, creo).

Si permití que ella se hiciera los estudios, lo hice, por debilidad mía y por no contrariar a mi esposa, que ella estaba decidida que tenía que hacerlos.
Aunque en mi fuero externo consentí en que lo haga, interiormente no estoy a favor de ello y prefiero no haberlo hecho y no seguir con estos.
Respecto a los estudios para mi cuerpo, yo no quiero hacerlos, y según mi conciencia y la Fe no debo hacerlos, pero estoy tentado a hacerlo por mi esposa y porque encima me he puesto en manos de Dios en la oración para que los sacerdotes, esos que yo les comenté, me dieran la respuesta departe de El, pero sé que esa respuesta a mi fe no respondieron y en cambio la que usted me da es la que yo espero. Pero la que usted me da mi esposa no la va a entender. Entonces no sé qué hacer. Si yo debo actuar según mi fe no debíamos hacer los estudios de
ella y tampoco yo debo hacerme los estudios y esperar que los hijos vengan si Dios quiere y cuando él quiera.
Pero mi esposa no lo quiere así y ella no entiende mi postura, que estoy convencido por la fe que es la correcta y la que Dios quiere, pero no tengo la fortaleza, quizás, para sostenerla por debilidad a mi esposa: no sé si me entiende.
Bueno de todos modos con esto que usted me dice, puedo plantearlo nuevamente en la oración y luego con mi esposa. Que la Santísima Virgen nos ayude. Padre, ¿usted puede darme consejos de como plantear esto a mi esposa? Además de que seamos un matrimonio joven (ella tiene 24 años y yo tengo 28) y de nuestro poco tiempo de noviazgo (dos años) y de nuestro poco tiempo de casados (poco menos de 2 años) creo que en esta materia (por la cual le escribo el mail) y en otras cosas (vida espiritual, oración, etc.) nuestro problema está en que tenemos un crecimiento diferente en la fe.
Sé que mi esposa y yo debemos caminar en la misma dirección en todo, pero no sé cómo hacerlo. Por ejemplo si yo me planto en mi posición, aquello que le dije y le comenté que es
lo que creo (y en la que buscado confirmación en los sacerdotes que he consultado y no la he encontrado excepto en usted) es un bien para mi esposa también? Mas allá que en el momento presente nos ocasione muchas dificultades y dolor y creo incomprensión mutua.
Gerardo

Mi respuesta (Primera parte)

Gerardo:
Haría Usted muy mal en obedecer a su esposa antes que a Dios. Sería un grave error. Pero aunque no sea justificable, es bien explicable. Porque fue el error de su padre Adán. Comió del fruto por complacer a su mujer. Dios le había dicho a Adán, antes de la creación de Eva, que no debía comer de ese fruto. Eva lo sabía por Adán, su esposo. Pero no sólo desobedeció a Dios y a su esposo juntamente, sino que incitó a su esposo a la desobediencia.
¿Entiende cual es el mensaje de la Sagrada Escritura para Usted? No es Usted el que debe obedecer a su esposa cuando ella le exige algo que Usted sabe que Dios no quiere. Sino que Usted es quien debe ponerla cariñosa pero firmemente, ante la voluntad objetiva de Dios.
Si Usted sigue cediendo a la voluntad desviada de su mujer, la perjudica antes que nada a ella, complaciéndola con una condescendencia culpable porque es dañosísima para el alma de su mujer. Pero el perjuicio de su esposa se volverá inevitablemente contra Usted.

Usted debe ser a la vez amoroso y firme. Sin enzarzarse en discusiones. Porque es la firmeza de la razón del varón iluminada por la fe, la que en el esposo comunica la gracia de Cristo a la Esposa. El débil ha sido Usted. ¿Va a seguir cediendo, contra la razón, contra la fe, contra la voluntad de Dios y contra la verdad? ¡Pero qué Caridad verdadera puede haber en la mentira o en el error?
¡Por Dios! ¿Para qué me hizo perder tiempo si al fin va a actuar contra su propia inteligencia y razón por una falsa condescendencia con su mujer y para perdición de ella!? Pida al Señor la virtud de la fortaleza que nos anima a ser valientes y sufridos como buenos varones para dar cara a la dificultad y padecer las dolorosas consecuencias de empeñarnos por hacer el bien.

Lea Efesios 5, 21 -33 y verá que el varón debe morir (a su pasión, entre otras cosas) por el bien de su esposa y que, a un varón así, la esposa debe obedecerle y sobre todo puede obedecerle.
Porque no es que la mujer “no quiera” obedecer, sino que a consecuencia del pecado original, si no es con la ayuda de la gracia "no puede" obedecer. Y solamente el amor tierno y bondadoso, compasivo pero firme del esposo, que se concede por la gracia del sacramento del matrimonio, puede sacarla de la cárcel que es, para ella, su propia voluntad inflexible.
Pregúntese qué hay en Usted que obstaculiza que su esposa le obedezca. Pregúntese por qué no tiene suficiente autoridad ante ella. Por qué su razón de varón está quizás desautorizada ante su esposa. ¿Es quizás porque ella es testigo cercano y directo de que su razón no gobierna sus propias pasiones de varón?

Usted ni pestañea y se somete a una voluntad empecinada y caprichosa, absolutizada y que no reconoce límites ni de parte de Dios. Pero ¡es que Usted está llamado por Dios, en virtud de su ministerio esponsal, a abrir esa cárcel interior del caprichos en que está presa su princesa.
Disculpe el lenguaje duro, pero así le hablaría si Usted fuera un hijo mío, por su bien y el de su mujer.
Lo que ella no entiende, ¡que no lo entienda! pero que se guíe por lo que Dios dice y que caiga en la cuenta de que no es a Usted, sino que es a Dios a quien lo no entiende. Usted no puede desoír su propia conciencia por oír o complacer a su mujer. Póngale a ella su conciencia por luz del camino y por norma salvadora.

Usted le puede leer mi respuesta a su esposa, aunque piense que no va a entender ¿Por qué dice Usted de antemano, con tanta convicción como miedo, que ella no va a entender? ¿Qué sabe Usted? Si Usted reza y pide el Espíritu Santo para que desengañe a su esposa, no le concederá el Espíritu Santo, por la oración del Esposo, que tiene gracia de estado, no le va a conceder gracia - digo - la iluminación y la conversión al corazón de la esposa?
Ud. teme más disgustarla de lo que desea salvarla. Lo que exige de Usted como esposo la fe no lo tiene tan claro. Si persiste en su perniciosa condescendencia con la tentación de su mujer, que Ud. reconoce que es una tentación, la dejará a merced de la mentira de la serpiente.
La verdad no está sujeta a un dos a uno, ni a votación o empate. Basta que uno la diga para que pueda valer. Usted abandona el juego con los triunfos de Dios en la mano...
Continuaré mi respuesta después porque ahora debo interrumpirla y disculpe porque he tenido que redactarla de prisa y sin tiempo a corregirla bien.
Padre Horacio

Mi respuesta (Continuación)
Ella no se da cuenta de que aún
no quiere al niño por el niño
sino que lo quiere en gran parte para sí y por sí misma.
¿Quiere un niño por el niño o lo quiere para ser madre?
El hijo para ella ¿es un fin o es,
por lo menos en buena parte,
"un medio"?

Estimado Gerardo:

Completo ahora mi respuesta anterior, que era muy larga y debí interrumpir sin poder agotar el tema. Usted me pedía en su anterior, que le diera algunos consejos prácticos de cómo hablar y poder convencer a su esposa.

Usted podría, por ejemplo, convencer a su esposa de la conveniencia de suspender las relaciones íntimas hasta que ella no se libere de su ansiedad, de su obsesión enfermiza, de quedar embarazada a toda costa, sin tener en cuenta la voluntad de Dios. Porque en esas condiciones el sentido amoroso de la relación se desvirtúa.
Ella debe aceptar en fe que el Señor puede querer que no tenga hijos.
La suspensión de las relaciones íntimas, sin embargo, no debe plantearlas como un castigo, ni con dureza, sino amorosamente y con ternura. Como una medida medicinal, para ayudarla a vencer esa ansiedad y obsesividad demoníaca de querer el hijo a toda costa sin someterse a la voluntad de Dios. Usted, como ministro de Dios, debe traducirle a su esposa esta voluntad de Dios que es el remedio para su querer obsesivo.

Usted puede razonar con ella que el hijo, en este caso, si viene por un capricho de su madre ¿qué puede ser en esta vida sino un hijo de su mamá, y no de Dios? Su esposa parece no estar espiritualmente madura para una maternidad profunda y auténticamente religiosa, católica, oblativa, que vea en los hijos un don "de" Dios y "para" Dios. Ella quiere, por lo menos en gran medida, un hijo "para" ella y "por" ella.
¡Pobre niño si llegara a ser engendrado, dado a luz y criado por su madre en esas disposiciones espirituales inmaduras y egocéntricas! ¡Disposiciones carnales y no espirituales! Sería un mero instrumento de la "realización" de su madre como madre.
Y su madre seguiría siendo, probablemente, el centro de la existencia de su hijo para toda la vida. Eso lo vemos suceder a menudo y es algo atroz. Es una especie de canibalismo espiritual en que la madre devora la vida del hijo desde su generación hasta su muerte.

Celebremos y alabemos la sabiduría del Señor que no le concede el hijo todavía. Y Usted, como ministro de esa divina Providencia, asóciese a esa voluntad misericordiosa aguardando a la sanación de su esposa para hacerla madre. El Señor de quien Usted es ministro aguarda a que su esposa madure espiritualmente. Aguarde Usted también y enséñele a aguardar.
Dios ama al niño que vendrá y quiere que su madre esté espiritualmente sana, para que no dañe al hijo, involuntaria pero quizás irremediablemente. El Señor es la Sabiduría misma y da o no da los hijos muy sabiamente. Es mejor que no vengan hasta que sus padres no sean capaces de criarlos para Dios. ¡Esto es un signo del amor que el Padre celestial les tiene a ambos! (Lo cual no significa que Dios no quiera, en otras circunstancias, dar la vida a hijos en otras condiciones nada favorables para el hijo).

Pero Usted es un varón religioso. Y puede, por eso, aprender de Dios, porque es capaz de asumir conscientemente ese ministerio, esta sabiduría: no debe hacer madre a su esposa, hasta que la vea más desprendida de su egocentrismo y más dispuesta a respetar al hijo como persona y a usted como esposo.
¡Ella actúa muchas veces irrespetuosamente con Usted a causa del desorden de sus pasiones y deseos, y Usted sufre por ello! ¿Cree Usted que el niño no sufrirá las consecuencias de esa voluntad materna desordenada? ¿No cree que su hijo padecerá las consecuencias de una devaluación de la imagen paterna al presenciar el trato de que Usted es objeto por parte de su esposa ya desde ahora?

Ésta es la razón por la que le sugiero que debe convencer a su esposa de no buscar el hijo hasta que haya alcanzado del Señor esa maduración espiritual.

Pido al Señor que le conceda a Usted la gracia de ser, para su mujer, maestro, médico, pastor y sacerdote, es decir, ministro del amor de Cristo y no de un amor humano y natural, un amor más de Usted que de Dios en Usted; un amor privatizado, quizás muy dependiente de los apetitos de la lujuria y por eso demasiado temeroso de contrariar la voluntad de su mujer.
Estoy seguro que su Padre celestial se lo concederá porque es lo que pide el ministerio esponsal que Usted está llamado a ejercer por el sacramento del matrimonio.
En virtud de esa gracia de estado, Usted alcanzará la gracia de ser para su mujer, repito: Maestro, médico, pastor y sacerdote.
Padre Horacio

3. De Gerardo

Porqué mi esposa no me escucha ni obedece

Padre,
Pienso que mi esposa no me obedece en primer lugar porque muchas veces soy muy cortante en decir las cosas, encima de eso soy irascible cuando intento decir mi postura. Lo soy con las palabras y el tono de voz y seguramente mi rostro. Estoy convencido de que lo que me ha faltado fue dulzura para ser firme. Y esto ha hecho, en parte, que mi esposa no me escuche, no me obedezca.
También pienso que puede no obedecerme por mi falta de firmeza ante mis convicciones, por complacer su capricho. Muchas veces, cuando hemos hablado, yo me digo interiormente si no será que sigo mi capricho, mi orgullo que quiere imponer las cosas, mi dureza, etc.… y estos pensamientos me han debilitado. Ahora veo claramente que vienen del mal espíritu y de mi débil carne, como lo temía.

Igualmente, aún no me hecho los estudios y NO me los voy a hacer. Ahora pido la gracia de Dios, la asistencia del Espíritu Santo y la ayuda de María Santísima para corregirme y corregir a mi esposa con dulzura y firmeza.
¡Qué lamentable ha sido mi actuación hasta el momento por no ser firme en mis convicciones! Padre, lo que usted me dice es todo lo que ha estado pasando en mí durante este tiempo. Todo eso, eso mismo, me lo ha dicho Dios y me lo dice. Pero por mi debilidad no le he hecho caso porque a la vez no estaba seguro.

Ahora que usted me habla de este modo me confirmo en lo que creo, antes estaba inseguro y no tenía a quién preguntar porque desconfío de los sacerdotes actuales a quien pueda preguntar.
Usted es quien, por primera vez, me está dando una respuesta que me fortalezca y me hace dar cuenta de lo que Dios me decía y que por mi falta de seguridad (más exactamente confianza en Dios) yo no seguí.
Si, mi esposa es caprichosa. Y debo corregir eso con la gracia de Dios. Mi error fue grave y eso es lo que me ha tenido triste en estos tiempos.

Usted me pide disculpas por su “lenguaje duro”, pero esa dureza es necesaria. La Verdad tiene propio filo que es necesario que hiera para sanar. ¡Gracias Padre!
¡Aunque primero Gracias y Gloria a solo Dios! El mal espíritu es muy astuto y a pesar de que uno lucha, enseguida vuelve por algún hueco. Y me lo ha encontrado. Ahora voy a tapar ese hueco con la gracia de Dios.

Padre, No me voy a hacer el estudio, voy a comenzar actuar como esposo según Cristo, como enseña San Pablo, que se entregó a su Iglesia para salvarla. Debo morir como Cristo. En caso de que mi esposa no comprenda voy negarme a engendrar hasta que se enmiende.
Es cierto lo que usted dice de los hijos, ellos son de Dios y para Dios, no van a ser míos ni para mí y no van a ser de mi esposa ni para ella. Esto que usted dice lo he pedido con insistencia y fervientemente en la oración incluso desde antes de conocer a mi esposa.
También he pedido que mi esposa y yo nos configuremos plenamente en Cristo y desde antes que conociera a mi esposa he abandonado en manos de la Virgen mi ser, el de mi futura esposa y el de los futuros hijos (Dios los quiera enviar o no) para que todo sea para mayor Gloria de Dios nomás. Eso lo quiero con todo mi ser y quiero configurarme plenamente en Cristo y Cristo Crucificado y quiero llevarla a mi esposa por ese camino y quiero que si Dios nos concede hijos sean sólo de El y nosotros seamos unos simples y pobres administradores, pero plena y firmemente fieles a la Voluntad de Dios.
Sé que la Gracia basta, pero todo hombre débil y miserable como soy necesita de buen consejo.
No he tenido buenos consejeros hasta el momento. En usted estoy encontrando la guía que necesito.
Fui imprudente en no haber consultado antes, pero créame, descubrí que le podía consultar a usted el día que le envié el primer mail y esto viene de hace varios meses y no he tenido buenos consejeros… Con más tiempo me gustaría contarle más de mi vida, quien soy, de mi esposa, etc. Padre, también le voy a ir haciendo otras consultas que necesito sobre el matrimonio, es más, las necesitamos mi esposa y yo. La verdad que es difícil encontrar a alguien que aconseje bien.
Gerardo.

Mi respuesta

Gerardo:
Me alegro en el Señor que ha puesto en ti disposiciones tan según su Corazón. No dudo de que ahora que hay luz en tu camino de ministro suyo para tu esposa vas a andar a pie firme y seguro por la senda de su gracia y la fidelidad. Y el mal espíritu no te hará vacilar más.
Las mujeres de hoy, aun católicas han olvidado que Dios no creo a Adán para Eva sino que la creó a Eva para Adán, para que le diera hijos al esposo y no viceversa. De modo que es el esposo el que los pide y los recibe con sus condiciones. Y por eso, cuando vienen, es el padre y no la madre quien les pone nombre. ¡Así lo enseña la Sagrada Escritura! Pero en ésta como en tantas otras cosas, la soberbia humana pasa de largo sin preguntar ni aprender de la sabiduría divina la razón de sus dichos revelados.
Debe haber un montón de amigas y consejeras alrededor de tu esposa... que te desautorizan.
Será bueno que te hagas un resumen de mis correos y se los muestres: Esto y esto dice el Padre Bojorge. Y puedes leer con ella "La casa sobre Roca" donde algunos de estos principios están ya enunciados en semilla.
En mi libro ¿Qué le pasó a nuestro amor? Respuestas divinas a preguntas humanas explico todo esto más detallada y fundamentadamente.
Mientras tanto puedes ver mi Blog del Buen amor1.

No temas confrontar a tu esposa con las verdades de la fe y de la Sagrada Escritura. Pero es verdad que el mal espíritu que la atormenta a ella, te provoca a ira desde ella y logra hacerte enojar y encolerizarte y con ello te desautoriza a los ojos de tu esposa.
Cuando tú te enojas, ella se enoja, pero más fría y serenamente que tú, y te gana en el razonamiento a medida que tu razón se traba con la ira.
Sería bueno, también, que la relacionaras con buenas amigas consejeras.
Que el Señor te ayude a ¡no discutir jamás! con tu esposa. Dile serenamente que has hablado con un sacerdote que te ha dicho tal y cual y que eso es lo que sientes que Dios te manda decirle y estás dispuesto a hacerlo.
La llave de los hijos que ella desea la tienes tú. No cometas el error de concederlos mientras ella quiera un hijo para sí, y no un hijo para ti, para el niño mismo, y sobre todo, para Dios. Y tampoco mientras no respete al padre de los hijos que desea.
Ni cedas a la tentación de la lujuria. Porque sospecho que no solamente por tu ira pierdes los partidos, sino también por ceder a la tentación de la carne cuando ella te manipula por ese medio. Con eso pierdes mucha más autoridad ante ella, para que no te obedezca. ¿Cómo le va a obedecer la mujer a un varón que no se domina ni se gobierna a si mismo en la ira y la lujuria? Por la lujuria la mujer domina al varón. ¡Despierta Gerardo! Pero ¿qué digo? ¡Si veo para mi gozo que ya estás despertando!
Bendiciones
Padre Horacio

Postdata: A veces conviene escribir lo que uno quiere decir a su esposa. Y no salirse de esos términos. Ellas son las que más conocen los flancos débiles del esposo y el mal espíritu las usa para debilitar al varón. Si ella empieza a querer discutir le dices buenamente que si no es posible hablar tranquilos es mejor no discutir. No te enzarces en razonamientos. No hables de esos temas en las comidas, ni en momentos o situaciones que te parecen desfavorables. Dile que para ti es un tema sagrado y que hay que hablarlo en forma sagrada y por lo tanto pura de pasiones desordenadas.
Dile que hay desorden de las pasiones en ambos y que hay que empezar una cura conjunta de esas pasiones. Que tú tienes que sanarte con su ayuda de tu ira y de tu lujuria, y que pides que te ayude a eso y que no que te incite a enojarte o a perder el control de tu pasión sexual. Dile que te preguntas si no será que el Señor no quiere enviarles hijos todavía porque no están aun preparados para ser padres en Dios. Que ser padres es una misión parecida a la de los apóstoles, a quienes el Señor enviaba "de dos en dos". Que el Espíritu Santo te siga iluminando para bien del alma de tu esposa que está tan tentada. Y que por la soberbia natural de la hija de Eva no lo querrá reconocer. Sus emociones gobiernan el pensamiento, bloquean la inteligencia de tu esposa y el mal espíritu su imaginación. Pero no temas, mantente bondadoso y comprensivo con ella. Ten en cuenta que en virtud del ministerio sagrado de esposo tú tienes delegado el poder de exorcista de Cristo contra el espíritu que tienta y ataca a tu esposa.
Vale

4. De Gerardo

Padre,
Espero no ofender a Dios, pero esta mañana no me puedo poner a trabajar sin poder primero responderle, a pesar de que tengo cosas para hacer en el trabajo.
Ayer cuando volvía del trabajo y durante el día puse el tema en manos de Dios y María Santísima y pedí la ayuda al Espíritu Santo y lo hice con abandono y fervor.
No sabía si era conveniente tratar el tema en este momento porque mi
esposa esta cerca del período de flujo, es más, está nerviosa porque según ella debe venir el martes y hasta ayer no había venido. Cuando llegué a casa yo estaba un poco tensionado por este tema y sin duda todas estas cosas se me expresaron en el rostro. Le comenté un tema superfluo del trabajo a mi esposa como para comenzar el diálogo y sin querer tuve una reacción como subir el tono de voz un segundo y eso la encrespó a mi esposa. La puso cerrada y dejó de contestarme como veníamos hablando. Luego le pedí que por favor dejara de estar así para al menos poder sentarnos a tomar algo y charlar antes de la cena.
Fui al living y como el televisor estaba prendido lo apagué para que pudiéramos tranquilos. Ella se enojó por eso, porque le falté el respeto apagando el televisor de ese modo.
Le expliqué que apagué la tele porque no me parecía que si no habíamos estado todo el día juntos (nos despedimos a las ocho de la mañana y recién vuelvo a casa a las ocho de la noche más o menos porque trabajo en una empresa que me queda lejos de casa) y me parece bueno, para dialogar mejor, estar sin el televisor. El televisor corta el diálogo.
Ahí se produjo una explosión en ella, fue muy difícil la situación. Yo me negué hablar hasta que no se calmara.
Al final nos sentamos a cenar. Durante la cena ella lloraba y hablando me pidió perdón y yo le pedí perdón.
Ella se calmó y me preguntó por qué yo vine nervioso y yo le dije que era por el tema de los hijos. Ella me dijo que también está nerviosa por ese tema. No recuerdo bien las palabras pero en definitiva ella me pidió de buenas maneras que le expresara qué es lo que me pasaba. Yo le abrí mi corazón respecto a la cuestión de conciencia que le he comentado con toda sinceridad y calma. Ella explotó de un modo que no se lo puedo explicar, las cosas que me dijo, las expresiones, palabras fueron muy duras, difíciles.
En un momento me dijo que ella se va a volver a la casa de sus padres y que lo nuestro no va más. Ella después se arrepintió y pidió perdón, pero me trató de que le mentí y que le hice un mal grande jugando con sus sentimientos porque le había dicho que me iba a hacer los análisis y ahora le digo que no.
Además en otras oportunidades cuando le he dicho que a mi me costaba el tema del análisis pero que me sentía en dudas de que si tenía que hacerlo o no y es como que con lo que le dije ahora acerca de mi conciencia ella piensa que le mentí acerca de lo que le expresé aquellas veces. Eso no fue así, yo no le mentí porque en días pasados realmente yo estaba tentado de que si no era los que Dios quería para mí los análisis y con mi mente tapaba lo que me había dicho la conciencia y que en el fondo me lo decía.
Le pedí perdón porque el error lo cometí yo en no haber sido fiel a mi conciencia desde el principio, pero ella no entendió y todo fue en vano. Lloró muchas veces anoche y a partir de allí ya no pudimos hablar más.
Ella hoy se levantó y se preparó su desayuno (siempre lo preparo yo para los dos) luego agarró sus cosas y se fue sola a tomar la micro para el trabajo (siempre nos vamos juntos y nos despedimos en la puerta de su trabajo).

Padre, realmente le digo que sé que he hecho lo correcto con mi decisión, quizás no hubiese tenido que hablar ayer. No considero que me dejé llevar por la ira, le dije las cosas serenamente, pero todo fue un caos. Quizás no era el momento para decirlo, hubiese podido esperar que pase su período de flujo, pero no lo sé.
Que el Señor tenga Misericordia de mí esposa y de mi, miserable pecador!!

Respecto al tema de las amistades de mi esposa, estoy convencido que no tiene otras que su mamá y su hermana. Puede que de ahí vengan problemas. También puede llegar a ser que escuche cosas de sus compañeras de trabajo (todas mujeres) y le influyan las cosas que digan, pero creo que ella no tiene intimidad con las mujeres del trabajo y es una chica muy influenciable, débil, nerviosa, se cierra un poco en ella misma: ¡pobre mi esposa! La quiero ayudar y no sé cómo. Mi esposa es una chica que fue criada solamente en el capullo de una familia católica, de fe simple, sencilla, tradicional (profunda) en muchos aspectos, pero sin mucha formación.

Respecto al tema de la lujuria, no sé Padre, yo creo que somos prudentes en ese tema. Quizás en otro momento cuando pase esta tormenta pueda charlarlo mejor, al igual que las otras cosas que me ha dicho por mail.
Padre, estoy apenado si hice mal en hablar en el momento que lo hice y herí de tal modo a mi esposa.
Padre, si usted quiere y sirve para la mayor Gloria de Dios y bien de las almas puede publicar mi caso en donde le parezca oportuno y en las condiciones que me ha mencionado.
En Cristo Crucificado lo saluda
Gerardo.

Mi respuesta (Primera parte)

Gerardo:
Cuando se desata la tormenta, hay que desensillar y esperar hasta que aclare. No te alteres ni te asustes por las explosiones emocionales de tu esposa. Tranquilo. Déjalas pasar y tú mantente firme en tus razones. Cuando te acuse de que le mentiste, no te excuses en el momento ni trates de disculparte. Tú mantente sereno y aguanta el chubasco sin excusarte. Déjala que ella le tome el gusto a su propia injusticia y dale tiempo a que vomite su emotividad y se aligere. En otro momento, cuando esté serena y si te pregunta, le explicas.

¡Es bueno lo que pasó, aunque te parezca un temporal! NO te asustes. Lo que sucedió es que las palabras de la razón creyente de un esposo son un exorcismo. ¡Sí!. No te asustes de la palabra. Le hiciste un exorcismo a tu esposa y su mal espíritu la agitó. Pero la agita para salir. No te asustes. Y cuando ves que ella se pone así, ejercítate en distinguir entre ella y su mal espíritu. Entonces te callas y rezas dentro de ti un exorcismo esponsal más o menos en estos términos o otros parecidos:
“Mal espíritu que agitas a mi esposa, por el poder de mi ministerio de esposo y del santo sacramento del matrimonio, y en nombre de Cristo a quien como esposo represento, te ordeno que dejes a mi esposa en paz y no la atormentes”.
Te pongo una fórmula larga para que sepas cuál es el sentido pero lo puedes rezar más breve. Basta que digas "Yo te ordeno que dejes a mi esposa en paz".
Es muy importante que para tu paz y para que ejercites tu poder de esposo, sepas distinguir entre tu mujer y su mal espíritu.
Cuando tú le dices esas verdades de Dios, el mal espíritu la agita. Esto es todo sin culpa de ella. Con el mal espíritu no se discute. Te callas la bocas y rezas en silencio el exorcismo y esperas.
Pasará muchas veces que ella esté serena al comenzar y se agite apenas le digas lo que dice tu conciencia, la razón y la fe.
Ella te acusó de mentiroso. Cuando esté serena vuelve sobre su acusación bondadosamente, sin mencionarla y dile que jamás le mentirías, porque eso desagradaría a tu Padre celestial. A ella hay que trasmitirle el mensaje de que tú tienes primero a Dios. Y si te amenaza con irse, no le respondas nada. A ella tienes que trasmitirle que la amas, pero que ese amor es en ti un don sagrado de Dios, que te impone obligaciones hacia ella que no puedes someter al juicio o al parecer del momento de ella.
Creo que está mal acostumbrada a decirte mentiroso y maltratarte con abusos verbales impunemente. Pero ya ha sido una victoria de la gracia de Dios en ti, que no haya logrado irritarte. Ánimo que el Señor está contigo, ministro de salvación para tu esposa. Eres por disposición divina, y por la gracia del sacramento matrimonial, ministro de Cristo maestro, médico pastor y sacerdote para esa chica.
Ten paciencia y desde tu fe y tu razón trata de iluminar su inteligencia con la verdad. "Caridad en la verdad", es la última encíclica del Papa.
Su cabecita está confundida por algunos errores y la gobiernan sus caprichos y pasiones. Sus emociones gobiernan su pensamiento, bloquean su inteligencia y el mal espíritu su imaginación. Tú ejercítate en distinguir entre tu esposa tentada y su tentador. La Serpiente es enemiga de la mujer y la tienta tratando de ponerla contra su esposo para privarla de su protección. El esposo debe ser bondadoso con la esposa cuando la ve tentada, y hacerla caer en la cuenta de que lo está. Y no temas, ejercita tu fe en que tú tienes poder de exorcista para tu mujer. Úsalo.
Y no te asustes porque por ahora el Otro empiece a agitarse y agitarla más. Él sabe que se aproxima su derrota por el ministerio sagrado del esposo.
Padre Horacio

Mi respuesta (Continuación)

Gerardo:
Vuelvo sobre la escena de la cena en que ella te pidió perdón y me dices que: "¡tú también le pediste perdón!"
¡Es que tú, objetivamente, no la habías ofendido! Era ella la que, gobernada por su mal espíritu, se ofendió con una ligera elevación de voz. Es ella la que, influida por el mal espíritu enemigo suyo, está tentada para escrutar y estar al acecho de tus gestos para ofenderse. Su mal espíritu te acusa permanentemente ante ella. Es un mal espíritu de acusación y condenación del esposo, de suspicacia y de inclinación a interpretar y darse por ofendida. Es un prejuicio de Satanás.
Y el truco engañoso le resulta cuando la mujer no tiene discernimiento para darse cuenta de que padece una tentación contra el esposo. Por eso, en parte, el espíritu malo hace libremente su juego cuando esposo tampoco distingue entre su esposa y el mal espíritu que la mueve.
Mientras tú no disciernas, no podrás enseñarle a ella a discernir, es decir a distinguir entre ella misma y la tentación a la que le presta oído. Tienes que poder hacerle ver, cariñosamente, esa inclinación a atribuirte intención ofensiva, que muestra una duda y una inseguridad hacia tus sentimientos más profundos hacia ella.
Ella no se da cuenta con qué facilidad vuelve una y otra vez a poner en duda tu amor. Y cómo pareciera olvidar la historia de la amistad entre ambos, y los demás signos inconfundibles de tu amor que le das cotidianamente entregando tu vida por ella en el trabajo. La tentación la hace mirarte como si la relación se juzgase por lo que sucede en un momento fugaz y en un acto puntual: un tono de voz, un gesto de impaciencia...
Pero tienes que aprender a distinguir ese espíritu y hacerle caer en la cuenta de su actitud de duda. Y tienes que hacerlo no para ahorrarte tú el sufrimiento que te produce con esas acusaciones y reproches, por su ignorancia, sino para mostrarle que quieres ayudarla en algo que le hace mucho daño; o sea la inseguridad de ella hacia el amor que hay en ti. Que tu amor está más allá de esos signos que ella rechaza. Que también tú necesitas que ella te ayude a ti, pero que no te ayuda enojándose contigo, sino que esperas que te ayude con su comprensión y su ternura. Y que eso permitirá que ella reciba de su esposo aquella ayuda que ella necesita. Que se necesitan los dos en gracia. La discusión es cosa del mal espíritu entre esposos. Es siempre una victoria del enemigo de los esposos y del amor esponsal, imagen del amor divino.
Y este reclamo, si lo haces amorosamente, tiene el efecto de un verdadero exorcismo, porque en la ternura del esposo hay una luz que, muchas veces, disipa las tinieblas.

No te desanimes. Cuando no se pueda hablar, cállate y exorciza.

¡Y no pidas perdón como hiciste en este caso! Solamente pide perdón cuando realmente hayas ofendido, y no simplemente cuando fue inducida por su mal espíritu a inculparte. ¡No le pidas perdón a su mal espíritu! Eso no te ayuda a ti, ni la ayuda a ella, a reconocer la acción del mal espíritu en el espíritu de ella.
Por el contrario, aprovecha el momento de su pedido sincero de perdón, que es en el fondo un pedido de ayuda, para explicarle por qué no te ofendes.
En cambio, si tú le pides perdón cuando no le has dado motivo verdadero de ofensa, la sumerges en su propia confusión y la dañas. No es humildad pedir perdón en esos casos.

Explícale cariñosamente que tú entiendes lo que le pasa. Eso iluminará su inteligencia. Por supuesto, maneja por ahora con cuidado el lenguaje. Evita hablar con ella de "mal espíritu" o "exorcismo". Porque su inteligencia de la fe aún no está preparada para no asustarse o escandalizarse con esos términos. Por ahora háblale de “tentación”. Dile, en esos momentos de arrebato, en que su enemigo la asalta, que tú entiendes que está tentada contra ti y que esa tentación la daña a ella más que a ti, porque la priva de la confianza en su esposo y del amor que le tienes. Al juzgar a la serpiente, después del pecado original, el Señor le pone como pena la enemistad entre ella y la mujer: "Yo pondré enemistad entre ti y la mujer". Es una pena para la serpiente. Pero es también dramático para la mujer, tener como enemigo al Padre de la mentira y al enemigo de la vida. Ella, toda hija de Eva, sufrirá bajo esa enemistad y odio de Satanás. Es una pena para la Serpiente, pero es también en parte una pena para la hija de Eva, puesta en la disyuntiva de servir de aliada a la Serpiente o a Dios.
Padre Horacio

Los pasos de la sanación

5. De Gerardo

No sabía que como esposo podía tener esa gracia

Padre,
sus palabras son un consuelo y me tranquilizan mucho. Ciertamente cuando vi a mi esposa en ese estado no la veía a ella, era el mal espíritu. Ya me ha pasado otras veces con ella esto. Pero esta vez creo que mi posición estuvo más acertada. La oración que me ha dado es de mucha ayuda y la necesito. Realmente no sabía que, como esposo, podría tener esa gracia. ¡Para sólo Dios!
Gerardo.

Mi respuesta

Gerardo:
El beneficio espiritual de empezar a distinguir entre tu esposa y su tentación (= su enemigo el demonio), será que podrás empezarla a tratar a ella con bondad y a descartar su tentación, o examinarla fríamente. Eso será un ejemplo para ella, que viéndote obrar así, empezará a ver en el espejo de tu conducta, la diferencia entre lo mejor de sí misma y el ataque de los pensamientos malos, las imaginaciones, las inculpaciones, las desconfianzas, los juicios injustos y temerarios.
Pero además hay que contar con el poder de la oración y del ministerio de esposo, con los poderes y gracias que Cristo ejerce a través de tu ministerio, para enseñanza, sanación, guía y santificación de la esposa.

Si tú empiezas a tomar partido por tu mujer en contra de su tentación (tentador = mal espíritu), también ella empezará a aprender que puede tomar partido en favor de ti contra esos juicios y pensamientos contrarios a ti y entenderá que no son suyos sino de la Serpiente. Comprenderá entonces que puede defenderte a ti de esos malos pensamientos. Porque de hecho, está acostumbrada a tomar partido contra ti y en favor de los malos pensamientos que le vienen contra ti, y ni siquiera es capaz de advertir que no son suyos.
Cuando la esposa ve que el esposo no se afecta con lo que sale de su boca y con las agitaciones que la sacuden, empieza a poder tomar distancia ella misma de lo que le está sucediendo. Empieza a poder dudar de la objetividad de lo que le está pasando.
De lo contrario, es ella la que le contagia su desequilibrio emocional a su marido.
Pero por eso mismo, el esposo no debe pedir perdón después, - como ya te he explicado - cuando ha sido ella la que se desquició.

Y tampoco debe aceptarle así no más el pedido de perdón de ella. Porque ¡ese es el momento justo para enseñarle, que no ha sido ella la que te ha ofendido, sino que ella ha dejado pasar una tentación contra ti!
Que si bien lo ha hecho hasta ahora inculpablemente, debido a su ignorancia, de ahora en adelante, sería muy bueno para ella misma, que en esos casos fuera aprendiendo a tomar partido por ti en contra de esas acusaciones falsas contra ti.

Y que, además de ser bueno para ella, sería bueno para su esposo, contar con la defensa de su esposa. De eso modo se pueden defender los dos, el uno al otro, de los ataques de los malos pensamientos (nombre secreto = mal espíritus) contra el amor matrimonial.
Padre Horacio

Progresa la sanación:

6. De Gerardo
Mi pobre esposa me decía
“me parece que me estoy volviendo loca”
y me pedía ayuda…

Padre, estos consejos los necesito, los necesitamos mi esposa y yo.
Anoche hablamos nuevamente y se sucedieron los mismos temas y acusaciones del tentador de mi esposa hacia mí. Igualmente estaba más tranquila en el tono y en las expresiones. Seguí sus consejos acerca de quedar en silencio y rezar la oración de exorcismo. Fue largo todo. Pero de momentos podíamos hablar y en otros tenía que quedar callado y rezar. Igualmente, puede ser que en algunos momentos yo haya hablado quizás con su tentador y no con ella.
Pero para que ella me escuchara le decía "a vos Anita yo te digo esto y esto". Creo que estuve más sereno aún que la noche anterior aunque igual, me parece, que debo discernir más entre mi esposa y su mal espíritu.

Por otro lado cuando todo se había serenado, mi pobre esposa me decía que a ella le parece que se está volviendo loca, me lo dijo muchas veces y me pedía ayuda. Yo sé que lo dice, por la cosas que me dijo, que no son de ella. Yo le dije que no se está volviendo loca y que las cosas que me dijo no son de ella. Ella me pidió perdón y yo le dije que si había algo que tenía que perdonar la perdonaba pero que supiera que muchas de las cosas que me dijo no son de ella, le dije que yo la conozco a ella y sé que esas cosas no son de ella.
Al final, cuando vi que era ella, le pedí perdón por algunos defectos míos (que sé que me quitan autoridad y quizás han provocado que mi esposa no me respete: esto no se lo dije a ella, solo pedí perdón): entre ellos que muchas veces llego con mal humor a casa, pierdo el humor por cualquier tontería (por ejemplo por algo que tengo que hacer y no me sale).
A veces cuando llego a casa del trabajo y están mi suegros de visita soy un poco descortés (ellos generalmente se van apenas llego y soy descortés porque hago lo mismo de siempre de irme a cambiar, etc. y no soy capaz de saludarlos al irse).
Soy quejoso a veces de las cosas (de la situación del trabajo actual). Yo me las reclamo (desde hace tiempo) y ella me las reclama (esto lo hizo muy serenamente y siendo mi esposa). Creo que unas de las cosas que me ponen así es que me vienen pensamiento en contra de mi esposa respecto a sus padres porque veo que ella tiene apego a ellos (principalmente a su madre) y que esto puede atentar contra nuestro matrimonio.
Por un lado objetivamente puede que mi esposa tenga apego a sus padres, pero le digo la verdad, yo me he dejado llevar por esos pensamientos y creo que el mal espíritu me llevó a tener esas actitudes infantiles, poco viriles, caprichosas. Cuando en verdad si mi esposa tiene apego debo tomar el tema con firmeza, dulzura y virilidad sin que me quite la paz, el buen humor, etc. Me he hecho propósito firme de cambiar estas cosas.
En Cristo.
Gerardo.

Mi respuesta

Gerardo:
¡Gloria al Padre! Todo va bien encaminado. Estás aprendiendo a ser el exorcista de tu esposa. Y ahora empiezas también a darte cuenta de cómo y por dónde te tienta el enemigo a ti. ¡Adelante! y repasa las lecciones para no olvidarte. Porque “el otro” procurará hacerte olvidar lo que te he dicho. Practícalo.
Estuviste diez puntos en tu ministerio de esposo, y el Espíritu Santo te ha enseñado cómo ayudarla. ¿Viste que ella confesó que "siente que se va a volver loca"?
¿Viste cómo "el enemigo de la mujer" puede enloquecerla con un torbellino de pensamientos e imaginaciones que alteran por completo su fina sensibilidad y su emotividad?
Tienes que ponerle el oído serenamente y sin miedo a ese torbellino, y escuchar a tu esposa, auscultar su alma y seguirle mostrando que esos pensamientos no son de ella y no le hacen bien.
Hiciste muy bien en decirle que las cosas que dice no son de ella. Creo que puedes empezar a usar la palabra "tentación". Quizás empezar a usarla aplicándola a ti mismo en las actitudes que has estado teniendo y que un sacerdote te ha dicho que son tentación. O mejor, directamente, explicitando la palabra en el contexto de tu estupenda manera de responderle: "yo te conozco y sé que esa no eres tú, ni que piensas eso de mí" Y agregar "eso es una tentación".

O puedes decirle algo así como: un sacerdote me dijo que el mal espíritu la enloquece a la mujer, porque en el principio Dios le dijo "Yo pondré enemistad entre ti (la Serpiente) y la mujer".
Dale la doctrina revelada. Le iluminará lo que le está sucediendo. ¿Viste como te pide ayuda? La espera de ti. Y esto mejorará a mi parecer en progresión geométrica

No es a mi parecer tan claro lo que planteas acerca de tu mal humor cuando llegas del trabajo y te encuentras a los padres de tu señora de visita. Tú harás mal en enojarte, en lugar de buscar serenamente remedio a ese mal. Pero ellos hacen mal en quedarse hasta que tú llegas. Y tú haces mal en poner de manifiesto tu mal humor. Y ella hace mal en no pedirles que se vayan cuando tú estás por llegar, explicándoles que es ella la que quiere recibir a su esposo que llega cansado y con deseo de intimidad hogareña. Las visitas a los padres pueden ser en fines de semana, cuando tú estás descansado.
Es justo que cuando el esposo llegue del trabajo, la esposa lo esté esperando y lo atienda y lo acompañe. Y si tu esposa no lo hace, tienes que hacerle comprender buenamente que eso es lo que le corresponde como esposa. Que es a lo que tú aspiras y lo que tú necesitas y esperas de ella, porque es necesario para tu salud y equilibrio, de los que ella necesita a su vez y por eso le conviene protegerte.
Que tienen que cuidarse los dos el uno al otro. Porque si tú no estás bien, ella no puede recibir de ti la ayuda que necesita. No le conviene a ella, desentenderse de tu bien. Ella es la que más necesita que tu estés bien.

Tu esposa, si es que ella no sale a trabajar también, tiene todo el tiempo que tú estás en el trabajo para ver a sus papás y ellos para estar con su hija. Sería prudente de parte de ellos que se retiraran antes de tu llegada. Para verse están los fines de semana.
Quizás tu esposa puede estar descargando su alboroto interior en ellos. Pero es posible que a medida que tú asumas tu ministerio esponsal, eso mejore por sí solo.

Pero si no mejora, en su momento tendrás que hablarlo.
Está mal que tú te enojes. Pero ni tu esposa ni sus papás están actuando prudentemente ni están respetando tus derechos.
Tendrás que aprender a hablar serenamente de esas cosas con tu señora. Y quizás pedirle a ella ayuda, para que ella, asumiendo su rol de ministro de la gracia de Cristo para ti, te auxilie, no dándote motivo de enojo en las cosas que sabe que te irritan. Y también ayudándote a dominar tu irascibilidad, que aumenta con el cansancio cuando llegas del trabajo, deseoso de descansar con todo derecho y gozar de la compañía de tu esposa.
Bendiciones
Padre Horacio

7. De Gerardo

Ha sido muy iluminador para mí saber cómo diferenciar a mi esposa del demonio que la puede estar tentando entre otras cosas con la ansiedad desmedida por el hijo...
Ya antes me daba cuenta de que cuando mi esposa reaccionaba así, no podía ser ella, no podía ser ella misma... La oración de exorcismo en silencio ha sido una gran ayuda
Bendíganos Padre
Gerardp

Pasados los meses sin noticias, le escribí a Gerardo:
preguntándole cómo iban las cosas Y para mi alegría me contestó lo siguiente:

8. De Gerardo

Hola Padre!!
Las cosas han ido mejorado a lo largo de este año que está por terminar, gracias a Dios. Lo que hemos pasado creo que me ha permitido reconocer un poco mejor lo que el Señor me pide como esposo. Creo que he comenzado a aprender a tener paciencia y rezar al hablar un tema espinoso o duro con mi esposa y también a tener más libertad de espíritu para plantear las cosas. También ha sido muy iluminador para mí saber cómo diferenciar a mi esposa del demonio que la puede estar tentando.
Igualmente, me parece que todavía no puedo decir que vivimos una amistad matrimonial plena y como he leído en sus escritos, el vino bueno (de las bodas de Caná) viene al final.
También una vez leí una explicación del pasaje del Evangelio en el que Jesús dice que no vino a traer paz sobre la tierra sino la división o la guerra (no recuerdo el pasaje textual) según la cual, para alcanzar la verdadera alegría es necesario pasar por el crisol de la purificación y de la cruz.
En Cristo.
Gerardo

Mi respuesta

Querido Gerardo:
¡Qué bueno lo que me dices! ¿Lograste ayudar a tu señora a vencer la desmedida ansiedad por el hijo? ¿Has practicado la oración silenciosa en forma de exorcismo, usando tu poder sacramental de esposo cuando la ves tentada?
Bueno. Vuelvo a pedirte permiso para usar en el blog del Buen Amor nuestra correspondencia sobre el tema que me planteas.
Padre Horacio

9. De Gerardo

Padre:
Respecto a la ansiedad desmedida de mi esposa por el tema del hijo, gracias a Dios también he podido ayudarla y ella pone buena voluntad. Estoy seguro de que ella reza por ello también. Se ha tranquilizado bastante, aunque el tema con cierta periodicidad siempre vuelve. Pero con paciencia, diálogo y la oración hemos superamos estos momentos.
Respecto a la oración de exorcismo ha sido una gran ayuda. Anteriormente me daba algo de cuenta que en esos momentos en que mi esposa reaccionaba así, no podía ser ella, sino que tenía que ser el demonio, pero no sabía cómo afrontarlos. Rezaba pero no sabía que como esposo Cristo me ha dado esa gracia de poder exorcizar a mi esposa. Pido la gracia a Dios por intercesión de María Santísima y San José de que no me olvide de este regalo del Señor y siempre que sea necesario lo utilice para Su mayor Gloria y el bien de mi esposa.
Padre, otra cosa que quería decirle es que antes de casarme yo pensaba que el matrimonio iba a ser más fácil ya que con quien me casé es una mujer de fe como yo creíamos tener casi los mismos sentimientos en Cristo al decir de San Pablo.
Pero la cosa fue diferente, yo me desengañé, pero a pesar de las tentaciones del demonio para hablarme en contra de mi esposa supe vencerlas a tiempo y a destiempo también.
Igualmente no creo que hemos llegado aún a esa plenitud a la que se puede llegar aquí en la tierra en la unión con Cristo en el matrimonio, pero este desengaño creo que el demonio quería usarlo en contra de nuestro matrimonio, sin embargo, Dios lo ha utilizado para que crezcamos en este camino del Amor Verdadero.
Todo lo que queda por delante no me asusta, ni me desanima, al contrario me confirma en la vocación a la que Dios me ha llamado y deseo que Él la lleve a su plenitud en mi esposa y en mí, en definitiva en nuestro matrimonio que no es nuestro sino de Él.
Utilice mi testimonio como usted lo desee Padre, ¡sea sólo para Gloria de Dios!
Afectuosamente en Cristo y Mar&iacu



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