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Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre
Hispanos Católicos en Estados Unidos /Homilías Mons. Enrique Díaz

Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net

Celebramos este día la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, el Corpus Christi. Por su infinito amor, Jesús de Nazaret decidió quedarse entre nosotros en el Pan y el Vino de la Eucaristía. Y es ese prodigio sublime lo que hoy estamos conmemorando.

Es una gran prueba de amor. Y de ese amor total de Dios por nosotros debe surgir, incluso impetuoso, nuestro personal amor por Dios y por los hermanos. Es el Día del amor hecho pan y hemos de volcarnos en amor hacia aquellos –hoy más que nunca—que están tan necesitados por las consecuencias de la pandemia y la fuerte crisis que está dejando, donde sólo unos pocos permanecen en sus seguridades y sus negocios. Si contemplamos la mesa de Jesús encontraremos tantos signos que nos provocan y nos ilusionan, pues Jesús nos ama de verdad.

Su mesa es la mesa del servicio, donde los que participan, no se sienten excluidos; donde los que se acercan, son recibidos con muestras de comprensión y afecto; donde los que tienen hambre pueden saciar su necesidad, sin necesidad de venderse por un mendrugo; una mesa de solidaridad.

El Cuerpo de Jesús hecho pan primero se ha transformado en entrega hasta el final. El pan se ha constituido en símbolo de unidad; y el sacrificio se ha hecho perene fuente de salvación. Pocas veces meditamos en la Sangre y pensamos solamente en el vino. La sangre para muchísimos pueblos era la señal de la vida, de la persona y como su espíritu. Pero para el israelita, la sangre del cordero se había transformado en memorial de liberación, en signo de la constitución de un pueblo, y en el lazo de unión entre todos los salvados.

Cristo, en la cena de la Pascua, asume la condición de Cordero que se entrega para dar vida, de Pan que se parte para unir a los divididos; y nos deja Pan y Vino, signos sensibles, como memorial del Cuerpo y Sangre que se han entregado en la Cruz y han alcanzado plenitud en la Resurrección. Por eso esta fiesta tiene todo el sentido de la presencia de Jesús, pero también todo el sentido de comunidad, de liberación y de servicio. ¿Cómo vivimos este misterio? ¿A qué nos impulsa y compromete?