.
¿Por qué me dicen ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que les digo?
Hispanos Católicos en Estados Unidos /Homilías Mons. Enrique Díaz

Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net

Las parábolas que nos presenta Jesús nos parecen tan sencillas y tan lógicas que no creemos que nadie pueda poner en duda lo que su enseñanza implica. Sin embargo, a la hora de ir a la práctica, ¡hacemos todo lo contrario! Sabemos y hemos experimentado que sólo un árbol bueno puede dar frutos buenos. Sin embargo, nosotros nos empeñamos en sembrar discordias, sembrar dudas y esperamos cosechar paz y armonía.

Hemos plantado egoísmos e individualismos y queremos cosechar comunidad y fraternidad. Nos hemos ufanado y enorgullecido de construir una nueva humanidad, pero no le hemos puesto cimiento; creímos que dejando hacer a cada quien lo que quisiera podrían estar todos felices; proclamamos que borrando a Dios del vocabulario y de la vida, se tendría una nueva libertad; permitimos que la globalización sembrara sus principios en el corazón y ahora estamos asustados de las competencias feroces, de empoderamiento de unos pocos, de lo inhumano de los poderosos.

¡Hemos quitado las bases y ahora el bello edificio se nos desmorona! Jesús nos ofrece una seguridad, no al estilo del mundo que propone confort y seguridad basados en el dinero y en el poder, sino propone la seguridad de seguir y de vivir conforme a su palabra. Es la aventura de seguir su estilo de vida y poner nuestra vida al servicio de los hermanos. Y no acepta que esto sea sólo en palabras bonitas. Ya estamos cansados de palabras y de promesas, lo que quiere Jesús y nos reclama son hechos claros y que se puedan comprobar.

No bastan rezos y ritos, se debe hacer lo que el Señor Jesús nos propone. La comparación de la construcción de las dos casas es evidente y bastaría para que nosotros nos comprometiéramos seriamente con Jesús. Su palabra hoy tiene sentido y nos proporciona una brújala que nos orienta en el camino. Es hermoso cuando una persona, una familia o una comunidad, se toman en serio las palabras de Jesús.

Todo empieza a cambiar y pronto se ven los frutos. Septiembre es el mes de la Biblia, sería una buena oportunidad para escuchar la palabra, reflexionarla en grupo, hacerla vida y compromiso. De otra forma estaremos construyendo sobre arena. Hoy que celebramos el Dulce Nombre de María podemos seguir su ejemplo y sembrar la palabra en nuestro corazón.