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Arrepiéntanse y crean en el Evangelio
Hispanos Católicos en Estados Unidos /Homilías Mons. Enrique Díaz

Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net

Hoy iniciamos el llamado tiempo ordinario. Hemos pasado las fiestas de Navidad y Año Nuevo y comenzamos  el trabajo cotidiano. Ojalá que ordinario no signifique descuido, aburrimiento o restarle importancia. Al contrario en el tiempo ordinario se tiene la oportunidad de ir poco a poco sembrando para después cosechar.

Es en el silencio diario donde se tiene que recoger la palabra, meditarla, rumiarla, hacerla vida, para después poder gozar en los tiempos llamados fuertes. Durante el tiempo ordinario en los días de la semana, vamos meditando continuadamente algunos libros bíblicos, al menos que se interrumpa por alguna fiesta. En este periodo estaremos leyendo como primera lectura el primer libro de Samuel y como el evangelio seguiremos  el escrito por San Marcos.

El libro de Samuel nos muestra las peripecias del pueblo de Israel que apenas se va formando como pueblo, pero que siente ya la presencia de Dios muy cercano en todos los acontecimientos. Algunos parecerían sin importancia o meramente familiares, pero después resultan con importantes consecuencias para todo el pueblo.

Así es historia de la salvación, se escribe con los acontecimientos cotidianos, con la respuesta sencilla. Por eso debemos dar mucho valor a nuestras acciones diarias. El Evangelio de San Marcos se inicia presentándonos a Jesús y haciendo resonar su pregón con los  principales temas que tendrán una gran importancia durante todo su relato: el tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en el evangelio.

Son los pasos iniciales para todo seguidor de Jesús. Además resulta revelador que el Reino se construye con los seguidores de Jesús. Por eso inmediatamente nos ofrece los primeros llamados de quienes se hará acompañar, les enseñará y les encomendará la misión. Así al iniciar este tiempo sintamos la presencia de Dios, reconozcamos que también hoy se acerca el Reino, que exige conversión de cada uno de nosotros y creer en el evangelio para seguir a Jesús y ser sus testigos.