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Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande
Hispanos Católicos en Estados Unidos /Homilías Mons. Enrique Díaz

Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net

Hoy celebramos la fiesta de la Independencia de México y encontramos todas esas manifestaciones patrióticas que tiene nuestro pueblo. En los días de las fiestas patrias se propicia un ambiente de nacionalismo, de defensa y de agresividad, aunque a veces no sabemos bien a bien contra quien está dirigido.

Aunque la violencia y la inseguridad han disminuido el entusiasmo y la confianza, se busca, a veces con excesos, demostrar este amor a la patria y no es raro escuchar un “¡Viva, México!”, seguido de insultos y agresiones.

El alcohol, la música y el ruido, parecerían la única forma de celebrar. ¿Está bien? Claro que estaría muy bien una sana alegría y una convivencia pacífica, claro que es muy positivo un amor a la patria y la defensa de la comunidad, pero esto con frecuencia queda en eso: gritos, alcohol y excesos.

No hay una muestra concreta de que amamos a la nación, de que cuidamos la tierra, de que estamos preocupados por la comunidad, al contrario, se nota un individualismo feroz y una lucha personal por salir adelante sin mirar a los hermanos que van quedando a la orilla. Es un amor a la patria sentimental y de grito, no de compromiso y de verdad.

Cuando San Pablo le escribe a Timoteo le dice que hay que hacer oración, plegaria, súplicas y acción de gracias por las autoridades. Nos preocupamos cuando son las elecciones, después nos olvidamos y dejamos que actúen sin ningún cuestionamiento.

La actitud cristiana deberá ser de colaboración y de una sana crítica de su actuación. El mismo Pablo nos dice que la autoridad deberá procurar que todos llevemos una vida tranquila y en paz. Sería conveniente que en estos días, todos hagamos una crítica seria y constructiva sobre el actuar de nuestras autoridades, revisar también nuestro compromiso con la comunidad y no alentar esas actitudes discriminatorias y agresivas contra otros pueblos.

El mismo Jesús en el evangelio reconoce ante el celosísimo pueblo judío que un oficial romano es capaz de tener una fe más grande. Que las fiestas patrias nos lleven a tener un sano amor y un verdadero compromiso con nuestra nación.